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domingo, 21 de septiembre de 2014

Capitulo 20 La guerra crucial.

Antonio y Bartola se mudarían a un hato de chivo recibido como dote de su matrimonio, situado en Parapara a la salida de Río Tocuyo, el cual explotarían para la producción de cueros, actividad que dejaba grandes ganancias, el que podía lo vendía hacia los mercados extranjeros a precio de oro, en esta época existían casas comerciales especializadas en la exportación de pieles y plumas para la elaboración de almohadas y artículos como calzados, carteras, sillas, etc.
Por los caminos de arrieros que comunicaba a la región de Falcón con Siquisique y Carora se transportaban la sal y el papelón de Falcón para Lara, Trujillo, Mérida y el resto del país. De regreso hacia Coro se traía los chinchorros de dispopo, las hamacas de traperas, la carne de chivo, pero principalmente los cueros, que valían más que la carne en ese tiempo. Además de la cría del chivo también elaboraban cocuy, un aguardiente extraído de una planta con el mismo nombre que se da abundantemente en forma silvestre en esta zona y el cual se comercializaba por estos caminos. En el Municipio Urdaneta a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, esta bebida alcanzó cierta importancia comercial llegando a ser exportado a Curazao y el resto de las Antillas Neerlandesas.
Existían dos rutas de arrieros para el ir y venir, uno era más corto para llegar a Barquisimeto pero debido a lo árido y a la poca agua que había por esta vía durante casi todo el año para abrevar las bestias, era menos transitado, prácticamente desconocido, en cambio el otro camino de recuas más largo pero seguro en suministros, posadas y agua, era el más popular.
Otro negocio muy rentable era la extracción de madera del Valle de Moroturo, el matrimonio Perozo Castro al conocer esta región ampliarían el negocio de los cueros y el cocuy con la exportación de madera y de dividive a Curazao y Aruba, de regreso se traía contrabando de diferentes mercancías y de armas. Moroturo conectaba con Duaca que era un centro de producción de café y cobre con el cual Río Tocuyo y Parapara mantenían un intenso intercambio comercial, además era un lugar apetecible para vacacionar por su agradable clima.
Antonio con sus conexiones gubernamentales se le facilitaron las actividades comerciales con los que obtuvo una buena posición económica permitiéndole mantener una vida acomodada con servidumbre que bañaban y peinaban la larguísima cabellera a su hija Julianita, tratada como princesa, igualmente el lujoso vestuario de pedrería y bordados que usaba Bartola, incluso ayudando en su manutención a sus hijos y nietos. Ella en este periodo se apartaría de la actividad político-militar para dedicarse a su familia y al comercio.
Están en Parapara cuando ocurre el levantamiento contra Guzmán Blanco en 1874, al mando del General León Colina quien había salido de Coro un 17 de Octubre, tomando a Siquisique, con la ayuda de los alzados en armas comandados por el General Fernando Adames, el cual había regresado de Caracas por un indulto concedido por el Presidente, respondiendo al llamado de su amigo y compañero de armas, seguido por los liberales José Gregorio Riera, Faustino Pulgar y el conservador Ignacio Galán.
Con el objeto de extender la revolución por todo el país, Colina estableció contacto con uno de los más importantes personajes del guzmancismo, el General barinés José Ignacio Pulido, meses atrás había desempeñado la Inspectoría General del Ejército, posteriormente distanciado de las políticas del Ilustre Americano. Rápidamente Guzmán Blanco despachó hacia oriente una expedición que tuvo como jefe al General Víctor Rodríguez, reservándose personalmente el mando del ejército de occidente que estaba conformado por aproximadamente unos 18.000 hombres, bajo las órdenes de los Generales Hermenegildo Zavarce, Francisco Linares Alcántara, Joaquín Crespo y Luciano Mendoza.
Esta guerra fue devastadora para los pobladores de esta zona debido a las pérdidas de vidas humanas y económicas, al ser derrotados rápidamente por el numeroso ejército que los atacaría, allí estaba su marido Antonio Perozo, años después estos militares se volverían a encontrar.
Bartola daría a luz su segunda hija durante esta contienda, el 2 de noviembre de 1874, la llamarían Ramona Antonia en homenaje a San Ramón, protector de las parturientas debido a lo peligroso del parto. Este santo se colocaba volteado mientras se desarrollaba el trabajo de parto, prometiéndole enderezarlo si todo salía bien, pero después del nacimiento duraba así varios días pues olvidaban girar al santo por estar celebrando. El desagravio era que le rezaban por nueve días iluminándolo con velas, le colocaban su nombre al niño o niña, por eso abundaban los Ramones y Ramonas. El segundo nombre de esta hija  de Bartola se debió a su padre Antonio.
Finalmente ante lo reducido de sus fuerzas alzadas, León Colina decidió pactar la capitulación el 3 de febrero de 1875, Guzmán Blanco fue condescendiente permitiéndole salir de país rumbo al exilio.
El resto del año fue de relativa tranquilidad, permitiendo festejar el bautizo de Ramona Antonia, realizado en la Iglesia de Río Tocuyo, un 13 de junio de 1875 tenía 8 meses de edad, los padrinos fueron nuevamente Francisco Brizuela y Paula Nieto. Su hermana María Agustina contaba con casi 2 años. Observamos en este registro el uso del pp, otro padre es el encargado de la ceremonia, Juan Nepomuceno estaba enfermo.
Nadie imaginaba que un hecho común del quehacer político, como es un proceso electoral, iniciaría una nueva cadena de sucesos violentos al año siguiente. 





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