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viernes, 4 de octubre de 2019

Dolores, amores y moda.

Muchachas, apúrense la retreta va a comenzar y nos perderemos los fuegos artificiales, el parque debe estar lleno, no conseguiremos un lugar cerca de la orquesta Mavare que va a tocar. Una persona se asoma por una puerta y pregunta ¿a dónde van?, una voz perdiéndose en la lejanía responde, ¿a dónde más Pepita?, a la inauguración del parque Ayacucho. Era un frío 17 de diciembre de 1933, a pesar del aguacero ocurrido horas antes, no era impedimento para que los barquisimetanos se desplazaran por sus estrechas calles, a las cuales se les había colocado una franja de concreto en el centro manteniendo el empedrado original hacia los bordes, un progreso que acabo con los lodazales de las vías principales de la ciudad en los periodos de lluvia, facilitando que, además de la creciente circulación de los vehículos particulares y de transporte masivo, también pudieran transitar las personas sin ensuciarse con fango los pies, lo cual agradecían las damas. En esta década se contaba con otros modernismos como el acueducto y el alumbrado eléctrico. Barquisimeto era toda una metrópoli.
Va a ser hoy? Pregunta la delgada mujer. Si doña Petra, se están celebrando los 25 años de mandato de Juan Vicente Gómez, informa una voz desde el fondo de la casa, era otra fémina que parecía estar ejecutando una danza al efectuar unos meneos de vaivén con una escoba que consistía en un palo de madera que al final tenía amarrado un apretado manojo de pálida paja con forma similar a una amplia y larga falda, utilizada para aglomerar el sucio acumulado sobre el suelo de ladrillos rojos, posteriormente era expulsado hacia el patio trasero. Pepita quitándose el delantal que usaba para cocinar, les dice, espérenme que yo voy con uds, están muy alzadas desde que su hermana mayor se casó y se mudó de la casa, creen que pueden hacer lo que les dé la gana, no señor, su mamá las dejó a mi cargo, unas señoritas de buena familia no pueden andar solas, recalca autoritariamente mientras con un revoleteo de las manos sacude la falda ajustada a la cadera la cual se ensanchaba levemente gracias a un pliegue que se abría a medida que descendía hasta la mitad de la pierna, era de un color crema, ligeramente imperio ceñida al torso con mangas cortas bombachas que reciben una esmerada atención para  devolverles su forma, al pasar de una a la otra, se detiene en el cuello camisero, acomodándolo en su lugar, luego revisa el largo camino de dorados botones que recorren todo el vestido de arriba abajo, dándose por satisfecha, listo, dice, solo busco un abrigo, la cartera, me cambio los zapatos y salgo, girando rápidamente le ordena a la que estaba barriendo, Juana, ocúpese de la cocina mientras estoy fuera. Pepita, no, apúrate!, gritan al unísono el cuarteto de jóvenes mujeres desde la puerta de salida, eran Roselia, Ana, Helena y Adelina, disueltas en el bullicio de la ciudad que efervecia intensamente a esa hora de la tarde, dejándose colar al interior del hogar. La multitud se dirige a la nueva plaza como si estuvieran convocadas por una misteriosa y oculta llamada, estos espacios públicos eran lugares usuales de festejos por múltiples motivos, civiles, militares o religiosos, una de las diversiones más populares en esa época.
El matrimonio al que se refería Pepita había sido el de María de Lourdes apenas hacia 6 meses, el primero de julio de ese año, un acontecimiento formal por tratarse de la hija mayor, hasta entonces había fungido, según la tradición, de jefa de familia en las largas ausencia de sus padres, quienes pasaban tiempo en la hacienda El Toronal, mientras las jóvenes, por razones de estudio estaban residenciadas en la ciudad, en la calle González Pacheco, cerca de la Iglesia San Juan, algo lejos de la plaza a inaugurar. 
El vestuario usado en este matrimonio se adaptaba a los cambios iniciados durante los locos años 20, era largo y estrecho, pero no solo se trataba de moda sino de las transformaciones que habían provocado un abrupto quiebre en la conducta femenina con respecto a la rigidez imperante en siglos anteriores, continuando de forma acelerada durante la década de los 30, dando paso al modernismo que caracterizaría al siglo XX, a esto contribuiría otro suceso en Venezuela, la presencia de las compañías petroleras que traerían consigo la cultura norteamericana, imponiéndose en el país, fortaleciendo aún más la rebeldía femenina al  convertirlas en el centro del quehacer social, surgiendo el empoderamiento de la mujer. Una gran protagonista en estos años sería Coco Chanel, la modista francesa que logra mantenerse en la fama con sus revolucionarias novedades, lanza el pantalón para uso cotidiano de la mujer, crea ropa sencilla y cómoda haciendo que las creaciones extravagantes de Poiret quedaran en desuso, en sus prendas de vestir impera la moda de líneas rectas pero con un toque de alta distinción con el uso de accesorios como el collar de perlas, guantes, pañuelos y bolsillos falsos en las chaquetas, otra innovación de esta modista fue la reducción del tamaño del sombrero usándolo ligeramente ladeado sobre un cabello corto, también impuso los aros y pulseras de metal. Su propia imagen fue modelo para ser imitada por millones de mujeres en el mundo, una de ellas sería Ana Dolores.
En el mundo de las hermanas Castro la inesperada mudanza de su hermana mayor a Caracas, les facilitaría explorar el entorno, iniciar la toma independiente de decisiones, contribuyendo a revelarse contra ciertas restricciones en un ambiente más laxo pues Pepita era menos rígida, ayudaba su carácter jovial y comprensivo. La inauguración de la Plaza Ayacucho les da la oportunidad de conocer otros jóvenes fuera de sus primos, era característico formar grupos de hombres y mujeres separados, mirándose mutuamente con curiosidad, sin embargo existía una comunicación implícita. Así comienza esta etapa de los amores de ventana, los jóvenes rondaban la casa donde ellas vivían, acechando a que Pepita se descuidara en su férrea vigilancia, pasaban por el frente silbando sin detenerse, era la contraseña para avisar que estaban afuera, se paraban en la esquina bajo el inclemente sol mientras se abanicaban con el sombrero de paja, pavoneándose con sus anchos pantalones sostenidos por tirantes que frotaban de arriba abajo con el dedo pulgar para hacerlos notar, estos se estrechaban al descender terminando con un dobladillo que permitía lucir los brillantes zapatos bicolores, llevan chaquetas cruzadas de solapa ancha con camisas de cuellos abierto sin corbata, esperaban que su moderno look recompensará tanto riesgos. Al bajar la guardia su cuidadora, ellas corrían en tropel a asomarse por la ventana para intercambiar algunas palabras y tocarse tímidamente las manos, lo que hacía que la espera valiera la pena.
Durante dos años fue un mundo de nuevas aventuras, poco a poco surgen los primeros novios en las dos hermanas mayores solteras, las visitas en el recibo siempre acompañadas por Pepita quien además no les permitía sentarse juntos, solo en sillas separados, frente a frente. Las morochas estaban aún muy jóvenes para tener enamorados, intercambiaban algunas discretas miradas ocasionales con algún amigo, a pesar de no pasar de allí, su madre se había dado cuenta del urgente despertar sexual y las aconseja en privado desde su lecho de enferma a donde las cita una a una, les habla de la vida, ellas no vislumbran el inminente final, el destino implacable les jugaría una mala pasada, a finales de 1935, el 30 de noviembre, después de una penosa enfermedad, muere María Adelina, madre de las hermanas Castro, nadie imaginaba en aquellos dolorosos momentos que la férrea dictadura militar de Juan Vicente Gómez, con 27 años en el poder, estaba en su ocaso, apenas 17 días después de la tragedia familiar, este dictador también fallecería. Este quiebre del destino las impulsa a salir del cascaron donde habían permanecido bajo la tutela de su madre y el de su hermana mayor, surge una necesidad de liberar una fuerza contenida por largo tiempo, pasan de un aspecto común, monótono en el vestir, a glamorosas, actualizadas en moda liderizadas por Ana Dolores. Los primeros cambios son notorios, se cortan el cabello, usan pantalón, faldas ajustadas, comienzan a maquillarse, existían Elizabetth Arden en EEUU y Helena Rubinstein en Europa, creadoras del polvo facial, Revlon con la laca de uñas, Lancome con su novedoso lápiz labial rojo y perfumado conocido como Rose de France. 
Una de las técnicas publicitarias de gran auge usadas en estos años fueron los encartados, que consistía en introducir una revista, un folleto o una simple hoja dentro de un periódico de circulación nacional o regional para incrementar las ventas de cualquier producto. Las innovaciones en la moda femenina en el vestir, en maquillaje y accesorios fue un objetivo clave de la publicidad en la que los encartados sobre moda juegan un papel fundamental para posicionar las tendencias mundiales. Fue así como en Barquisimeto, la revista encartada Para ti dedicada a la mujer junto al comercio de telas de la colonia libanesa se conjugarían con los hechos nacionales y familiares acaecidos en 1935 que provocarían la trasformación de unas hermanas que reflejarían maravillosamente el surgir de la Venezuela moderna, historia que quedaría registrada gracias a la fascinación por la fotografía de estas jóvenes. La ciudad contaba con grandes estudios fotográficos como los de Ernesto Balestrini, estudios Capitol, Marchena, Vega, etc frecuentados por las hermanas, no era de extrañar, Barquisimeto fue cuna del cine, y la fotografía era popular.     
Informadas del acontecer mundial sobre moda, liberadas de las ataduras, las hermanas adoptarían el estilo de Coco Chanel pero algunas variantes comienzan a surgir, al principio tímidamente, luego sería más marcado. Las morochas usan modelos diferentes por primera vez pero aun dentro de una misma tendencia, a lo Chanel, hasta este momento usaban ropa idéntica, paulatinamente desarrollan sus caracteres individuales. La primera autonomía de sus hermanas mayores es cuando ambas gemelas mezclan el estilo entallado con la reciente moda estudiantil de zapatos abiertos en los dedos de los pies llevando medias blancas cortas, surgido a mediados de la década de los años 30, luego cambian al vestido juvenil de falda amplia en la que la cintura regresa a su lugar, de cuello cerrado, popularizado por Lana Turner. Roselia y Ana Dolores no usarían este estilo, sus vestidos son ligeramente mas formales, aunque discretos llevan atrevidos descotes en V que permite mostrar los collares de moda. 
Adelina eliminaría algunos detalles debido al noviazgo con Martin, dejaría de utilizar las medias blancas y cortas, utiliza zapato cerrado, aunque mantiene el uso de los vestidos juveniles de cuello cerrado al igual que su gemela. Ambas se dejan crecer el cabello nuevamente largo hasta los hombros, con ondas que caen a los lados cubriendo las orejas usado por Lauren Bacall, un aspecto más femenino que el cabello corto de Chanel, luego otras actrices de Hollywood introducen algunas variantes como Rita Hayworth, quien no usaba bucle sino peinado con carrera de lado, Veronica Lake cabello muy largo, Betty Grable  quien usa un bucle superior más marcado y deja descubiertas las orejas. Esta actriz quien al principio sigue la moda de Lauren Bacall del cabello largo ondulado y discreto moño superior, comienza a aumentarlos de volumen y darles formas extravagantes, llegando a los llamativos divididos en dos, que imitaría Roselia. Luego finalizando la década de los 30, lanza el estilo "victory rolls", un peinado que consistía en moldear algunos mechones en forma de rollitos recogidos en lo alto de la cabeza, que debido a una fotografía en traje de baño mirando sonriente por encima de uno de sus hombros, luciendo un "victory rolls" es catapultada a una fama inesperada al convertirse en la primera chica Pin Up, conocida así gracias a esta sugerente pose. Greta Garbo sería su devota seguidora al igual que Ana Dolores, no sorprendía que fuera la única hermana en usarlo debido a su carácter atrevido, segura de sí misma, además de acoplarse a su estilo de cabello corto. Adelina adoptaría el de Rita Hayworth, Elena sigue fielmente a Lauren Bacall y luego a Betty Grable en su primera época, ella además se distinguía por maquillarse más pronunciadamente que su morocha. Esta información llegaba a ellas principalmente a través del cine, las revistas sobre moda que venían como encartados, los patrones de costura que se vendían en la calle Comercio y finalmente las diseñadoras locales o costureras. Así vemos como gracias a la riqueza de la moda de esta década, las morochas comienzan a diferenciarse una de la otra, a individualizarse no solo entre ellas sino con respecto a sus hermanas que adoptan diferentes estilos.  
Ana Dolores, tercera hija del matrimonio Castro Giménez, con 18 años recién cumplidos un mes antes, inesperadamente se ve envuelta en una vorágine de acontecimientos. Su padre desbastado por la tragedia, había huido a refugiarse a El Toronal buscando consuelo. Esa primera navidad, posterior al fallecimiento de su madre, lo acompañaron en la hacienda, pero al comenzar el año 36 debían regresar a retomar sus estudios, una obsesión familiar, además Roselia había comenzado a trabajar gracias a su amiga Herlinda de Quintana quien la había recomendado en el negocio del esposo de ella. Pancho no tuvo valor de hacerlo con ellas, dejando a las jóvenes partir solas de vuelta a aquella casa de Barquisimeto tan amada por su esposa, motivo de disputas entre ellos por las diferencias de criterios de donde vivir: el en El Toronal, ella en Barquisimeto. Aquella casa era ella.
De regreso, al reincorporarse a la rutina, Ana Dolores, se enfrentaría a esta compleja y difícil situación, su hermana mayor María de Lourdes (Mamayu) de 21 años no está presente, casada desde hacía dos años, vivía en Caracas donde tenía su vida hecha, allí trabajaba su marido Pablo Anzola, para mudarse nuevamente a Barquisimeto necesitaba un tiempo, por otro lado la ausencia repentina de ambos padres, uno por muerte y el otro por estar sumergido en una tristeza infinita, no le deja otra alternativa que asumir junto a su hermana, un año mayor, Roselia, la segunda con 19 años, la responsabilidad de convertirse en cabezas de familia, este reto las uniría en un fuerte e indisoluble vinculo que nace de las grandes adversidades, así sería hasta sus muertes.
Sus hermanos menores, cuyas edades oscilaban entre los 4 y 16 años, necesitaban un puerto seguro, integrándolo ellas. Luego de arreglar sus asuntos, Mamayu decide regresar de Caracas, sumándose nuevamente a la familia, pero las circunstancia habían cambiado, no solo tenía un marido que le exigía atención, además, sus dos hermanas que la seguían en edad, habían cambiado, eran más segura de sí misma, no acataban ordenes ciegamente, ante el nuevo escenario decide compartir responsabilidad, formar un equipo con ellas como los tres mosqueteros, al igual que estos personajes de la novela de Alejandro Dumas, no serían 3 sino 4, pues también estaba Pepita un personaje llegado a nuestra familia a principios del siglo XX quien fungiera como nuestra abuela sustituta. Estas mujeres se convierten en madres y guías, serían el eje del Mundo de los Hermanos a quienes les darían su protección y amor, paradójicamente, las 4 no procrearon hijos pero, sus almas partearon el más bello sentimiento que existe, la solidaridad y el apoyo incondicional a sus semejantes.
Ana Dolores era algo callada pero atrevida y muy sociable, le encantaba disfrutar de las fiestas, montaba a caballo con gran destreza. Se dejaba llevar por los invento de su hermana Roselia. Entre sus amigas estaban las primas, hijas de las hermanas de la abuela María Adelina, las tres conocidas por sus apodos que comenzaban con ch, Chena, Chucha y Chinquera, la preferida Silvia hija de la tía Angelina y las dos hermanas Ponce, Aura Ponce y Herlinda Ponce de Quintana. A ella le gustaba quedarse a dormir en casa de las primas, pero su madre no la dejaba por ser mal visto en esa época del “que dirán”. En las fiestas, los cócteles le gustaban sobremanera, una vez, se bebió unos tragos de más y después estaba asustada, enjuagándose la boca porque si su madre le sentía el aliento a alcohol le daría unos correazos. Posterior a la muerte de la madre, experimenta el cambio mas notorio, aprende a manejar en el carro Ford A del abuelo Pancho, la enseña el chofer Ramón Navarro, lleva el look de Cocó Chanel, el cabello tipo melena como esta diseñadora, usa ropa ajustada al cuerpo, de líneas rectas y muy sencillos en su confección pero muy elegante, lo cual ella sabía resaltar, caracterizándola el resto de su vida. Es una de las primeras, junto a sus hermanas, en adoptar la falda pantalón, impuesta por esta modista, destacando a las hermanas Castro, era una sensación verlas llegar a Aguada Grande galopando velozmente a caballo llevando pantalones, las personas del pueblo comentaban escandalizados que Pancho Castro tenía hijas pero allí estaban solo hombres.
En estos años formaliza con su primer enamorado, Mario Valenzuela del grupo de amigos de Martin Orozco, novio de la morocha Adelina, luego de un corto romance terminan porque le descubre un amorío con otra muchacha y esto era inaceptable para ellas. Debido a que su hermana Roselia había comenzado a trabajar, Ana no queriendo quedarse atrás, busca empleo, así un día les comunicó que le habían ofrecido uno en una tienda de telas, aceptándolo pues debía colaborar con los gastos, esto no era cierto, era más por moda que por necesidad, una forma de disfrazar la naciente rebelión femenina, de ejercer la igualdad de sexo, fenómeno sociológico de los años 20 y 30.
El negocio se llamaba La Estrella Roja, propiedad del libanés Mansur Yebaile, quien tenía un sobrino de nombre Teodoro Richa Yebaile, el cual lo visitaba de vez en cuando. Este joven junto a su madre también eran dueños de un comercio de telas, usual en la colonia libanesa radicada en Venezuela, situado cerca de su tío. Un día al llegar a su rutinaria visita, al entrar descubre a Ana Dolores, la ve de espaldas encaramada en una escalera bajando un rollo de tela que solicitaban unas clientes, sus hermosas piernas y su contorneada figura marcada en aquella ajustada falda lo deslumbra, un impulso ancestral lo invade, algo que nunca había sentido transita por su cuerpo dándole vida propia, no puede evitar recorrer su cuerpo con la mirada mientras ella desciende, al girar, chocan sus miradas, el enrojece de vergüenza de pensar que lo hubiera descubierto admirándola, un caballero de buena costumbre no se permitía esos atrevimientos. A partir de entonces comenzó a visitar la tienda con una frecuencia inusitada, le decía a su madre que iba a dejarla sola en la tienda un momento para ir al Café América que quedaba en la esquina a comprarle uno a su tío, con esta excusa salía apresuradamente, su actitud ansiosa e intenso nerviosismo lo delataba. Llegaba con la humeante bebida para su tío Mansur, hasta que finalmente este cayó en cuenta que las visitas eran para su empleada, las miradas entre ellos eran evidentes. Un día Teodoro le pregunto si podía ir a visitarla, ella le respondió que sí, después de esto se hicieron novios, le prohibió seguir trabajando pues no le gustaba que ella fuera al trabajo en autobús ya que la parada le quedaba a 2 cuadras, que caminaba sola. Durante casi tres años fueron novios, era el primero en llegar a la visita, lo cual lo hacía merecedor de sentarse en el único mueble de dos puesto junto con Ana, los otros dos enamorados, el de Adelina y el de Roselia se sentaban en los asientos individuales.
Entrando en 1939 el noviazgo era formal, salían de paseo, el más frecuente era a Duaca a visitar a la morocha Adelina, la segunda hermana en casarse, por lo que Elena demandaba insistentemente en ir a verla, siempre iban con  Pepita como representante o chaperona. Finalmente Ana Dolores fue a conocer a la madre de Teodoro para ponerle fecha al matrimonio, acompañada por la familia, principalmente la tía Panchita de Ramírez en representación de su madre. Se casaron el 27 de mayo de 1940 en la iglesia de La Concepción, con un vestido de novia blanco elaborado por la modista barquisimetana Carmen Padua, de líneas lánguidas pero con falda ligeramente plisada dándole algo de volumen, con la cintura marcada en su lugar, manga larga con guantes cortos, ramillete de flores en la mano, velo largo y corona. Teodoro seria su gran amor, su alma gemela pues ambos compartían valores y principios similares centrados en la familia. Durante esos 5 años, ocurrirían los matrimonios en segundo lugar de Adelina con Martin Orozco, luego Ana Dolores con Teodoro Richa, finalmente Roselia con Andrés Sánchez que se muda a Cabimas.
Teodoro se separa del negocio de su madre, abre una venta de tocadiscos y discos llamado Agencia Howar, ubicado en la avenida 20, un local que además tenía anexa la vivienda, ubicado cerca de La Cruz Roja, Ana recordaba el bullicio cuando llegaba un herido pues la sirena se escuchaba desde el negocio, sería el primer hogar de la pareja. Con ellos vivirían Bolivia, Rosario y Yolanda hasta que se casaron. También Elena vive aquí pero pasa temporadas con su gemela Adelina en Duaca y después con Roselia en Cabimas.
Ana frecuentaba la elite de la colonia libanesa con su marido, asistían a innumerables fiestas barquisimetanas, entre las que estaban las del Club Sirio - Libanes, el Club Comercio, el Country Club y el Club de Leones del cual era miembro su cuñado Pedro Gloria, con el irían a la inauguración de la sede de Barquisimeto en 1943, debía conseguirles novios a sus hermanas, una gran tarea casar a este ramillete de jóvenes solteras a su cargo, Helena, Bolivia, Rosario, Yolanda y La Nena.
Estabilizadas, por primera vez, las tres hermanas mayores se separarían, entre Cabima, Caracas, donde había regresado Mamayu, posteriormente también iría a Cabimas, quedándose en Barquisimeto Ana Dolores junto a Pepita quien se turnaba con El Toronal a ayudar a Pancho con los dos varones a su cargo. Sus hermanas nunca fueron una carga para ellas quienes jamás eludieron su responsabilidad, todo lo contrario la asumieron con amor de madres.
Mi tía Bolivia sería la primera en casarse en 1949, luego mi mama en 1951 se iría a Caracas con mi futuro padre, luego Ana y Teodoro en 1952 se mudarían a la culminada casa de la 37 diseñada por Fruto Vivas, ese mismo año se celebraría el matrimonio de Rosario, la primera fiesta en esta recién inaugurada casa, allí vivirían las dos hermanas que todavía quedaban a su cargo: Yolanda que se casaría en 1957 y La Nena en 1958, cuyos matrimonios fueron realizados en esta famosa casa familiar. Una vez casadas todas las hermanas, serían amorosas tías, brindando un amor inmenso a sus sobrinas al igual que el dado a sus hermanas, como un homenaje a tía Ana, decidieron colocarnos a varias sobrinas su nombre, así llegan Ana Elena, Ana Marisa, Ana Cecilia, Ana Kristina, incluso Iliana, un nombre compuesto con el de Ana.
No todo en Ana Dolores fue amores, dolores y moda, también fue solidaria, nunca abandonaba al necesitado, la casa de la 37 sirvió de refugio a innumerables personas, por allí pasaron la señora Dominga, de piel oscura, labios extravagantemente gruesos con cara de pocos amigos, vestida estrafalariamente con aspecto de indigente, a quien nadie se atrevía a contratar pues despertaba temor y desconfianza, sin embargo mi tía Ana le brindó su apoyo hasta su muerte dándole trabajo, igual fue con José Manuel demasiado viejo para trabajar, una carga para sus familiares que lo lanzaron a la calle, ella lo contrato para regar los jardines de la casa, otro fue Rafaelito, un gigante de aspecto peligroso que además era sordo-mudo razón por lo que no conseguía trabajo, ella le dio el “oficio” de portero, también paradójicamente como mandadero, recuerdo vívidamente a mi tía Ana entendiéndose con él a través de un lenguaje de señas, explicándole lo que debía buscar en alguna de las casas de sus cuñadas que residían a media cuadra o comprar en la bodega “La Esmeralda” situada en la esquina, la observaba manteniendo largas tertulias a través de aquellos movimientos de mano que me intrigaba. Mariíta fue otra que vivió por años en la casa encargada de la cocina.  Cuando la tragedia de la muerte del marido de la morocha Adelina, mi tía Ana le brindo su apoyo incondicional, albergándola en su hogar por casi un año hasta que se recuperó del accidente, su hija Gisela, no se quiso ir, quedándose hasta que se caso. En el año 1962 se viene de Cabima mi tía Roselia, se residencia temporalmente en esta casa pero mi tía Ana nunca la dejo irse, volviéndose a unir las dos para no separarse nunca más. Luego llegaron a este puerto, cargando sus tristes historias de desamparo, Miriam Granda, la cual salió de la casa de la 37 con profesión y casada, Matilde con su hija Nanette a quien quisieron como hija, también salió de allí convertida en profesional y casada, Petit que fue chofer de mi tío Teodoro, también adoptado y protegido hasta su muerte. El hijo varón que fuera Elías Mendoza que por cosas del destino llegó a esta casa, a quien las dos acogieron y amaron profundamente, hoy abogado y casado. Por allí pasaron Homero, Oswaldo, Ana Cecilia, Carolina, protegidos, amados por ellas, tal vez se me escapa alguien, no estoy segura. La hora del almuerzo era de no menos 12 personas, quizás hoy esto parece inverosímil, incluso para mí que viví allí.
Finalmente el apoyo que recibimos mi mama Helena y yo, cuando tuvimos que regresar a Barquisimeto después de vivir en Caracas, en circunstancia de minusvalía en la que nos colocó la vida, mi tía Ana nos abrió las puertas de su casa, donde viví por 15 años. Doy gracias a Dios por haberme otorgado la gran dicha de compartir el maravilloso regalo de conocer a tan maravillosas mujeres, de recibir y compartir su amor sin límites, palpar cada una de esas lecciones de vida tan llenas de valores y principios que escasean tanto hoy día.
Dios te bendiga tía Ana, tía Roselia, Mamayu, sé que están en el cielo junto a sus seres queridos que partieron primero y desde allá arriba, bendícenos a todos los que quedamos aquí. 


 







Matrimonio de María Lourdes Castro 1933

Calles principales de Barquisimeto con concreto en su centro
y empedrado al borde, se observa un Ford A y varios transeúntes.

Plaza Bolívar con su bullicioso movimiento de personas y vehículos Ford A
Plazas, un lugar de encuentros ciudadano.

Plazas un lugar de fiestas populares y actos de gobierno. 
Transporte urbano publico y privado para la década de los años 30.

Transporte urbano, tenía como eje la plaza Bolívar.
 

Moda de principios de los
 años  30.
 

Hermanas Helena, Ana, Roselia y Adelina con tres primos en la casa
de la calle González Pacheco a 4 meses para el desenlace
fatal de la enfermedad de su madre. Se puede ver la monotonía del vestuario.
Barquisimeto Agosto de 1935
Pancho Castro con sus hijas, Roselia, Ana Dolores, las morochas 
Adelina y Helena vestidas igual. María de Lourdes estaba en Caracas.
Su madre fallecería 4 meses después. 1935

Acuerdo de duelo.
Mapa de la ciudad.

Ana Dolores de luto rígido por la recién muerte de su madre, 
vestida con falda pantalón a lo Cocó Chanel con guantes, sombrero 
pequeño y ladeado sobre cabello corto. Se evidencia el cambio de look. 
Barquisimeto. Diciembre de 1935. 
Ana Dolores con falda pantalón y su amiga Aura Ponce con vestido 
a media pierna, se pueden ver los zapatos cerrados. Barquisimeto 1936.
Helena de luto rígido con falda pantalón, a lo Coco Chanel con cabello corto.
Barquisimeto Enero de 1936

Después del luto rígido se usaba el medio luto por dos años, llevan faldas ajustadas, 
Adelina usa cinturón por encima de la camisa sin mangas. El Toronal. 1936 

Morochas Helena y Adelina con cinturón que la diferencia de su morocha,
ambas maquilladas pero Helena mas marcado. 1936

Hermanas Castro, una prima, una amiga, un enamorado y su cuñado 
Pablo Anzola en El Toronal. Visten de medio luto, cabello corto a lo Coco Chanel,
 las morochas llevan zapatos con medias cortas. Caballeros con sombrero de fieltro blanco
a lo Borselino. El Toronal 1936
Helena lleva conjunto de dos piezas, medio luto.
El Toronal 1936

En El Toronal visitando a su padre Pancho Castro. Las morochas 
vestidas diferente por vez primera. Estilo ajustado a lo Chanel. 

Regreso de la hermana mayor María de Lourdes para
cuidar de sus hermanas menores. Ropa ajustada, uso de cinturones,
maquillaje intenso en los labios. El Toronal 1936.

Pastizales de El Toronal. 1936

Helena Castro posando de medio luto en El Toronal. 

Moda estudiantil de zapatos con medias cortas, las morochas llevan estilos diferentes, Helena
pequeño sombrero a lo Cocó Chanel, ambas cabello recortado. El Toronal 1936

Adelina con la típica moda estudiantil de zapatos con medias cortas y vestido ajustado
 a lo Chanel, tiene una revista encartada sobre moda en las manos posando 
en el patio enladrillado para secar el café en la Trilla de El Toronal 1937.

Barquisimeto 1937. Una foto dedicada de Adelina para su 
enamorado Martín Orozco a quien conociera en una retreta.

Medio luto y blanco, las morochas con Ana Dolores y un primo. 
Sala de recibo con muebles de paleta. Casa de la carrera 19. Barquisimeto. 1937

Hermanas posando intencionalmente para que se vea la revista encartada Para ti sobre moda de actualidad, de gran interés de la mujer Venezolana. Se pueden ver los muebles de paletas.


Un hobby típico, fotografías y álbumes que compartían
las hermanas, aun llevan medio luto. Barquisimeto 1937

Helena Castro vestida para los Carnavales de 1938 en Barquisimeto

Adelina Castro. Carnavales en Barquisimeto. 1938

Teodoro Richa de traje oscuro de chaqueta y corbata en su carro Lincoln
en la época de enamorado de Ana Dolores.

Helena Castro vestida a lo Lana Turner, con zapatos abiertos con medias cortas de la moda estudiantil, peinado con pequeño bucle en la parte superior de la cabeza, rizos largos y
ondulado a lo Lauren Bacall que cubren las orejas. El Eneal vía Duaca 1939.

Un paseo a El Eneal a visitar a la recién casada Adelina de Orozco, van los novios 
Ana Dolores de camisero recto y Teodoro elegante de traje blanco con corbata. Acompañados de Pepita que usa vestido con un pliegue que se abre, cinturón, zapatos con dedos descubiertos.
Helena Castro y Adelina con vestidos diferentes pero al estilo de Lana Turner. 1939
 

Las morochas de visita en El Toronal. Adelina ya casada no lleva los zapatos
con medias cortas que si usa su gemela Helena. 1939
Helena Castro con pantalones y 
peinado a lo Lauren Bacall.

Ana Dolores peinada con un Victory Roll a lo Betty Grable, con peinetas, 
zarcillos.Vestido con discreto descote en V que permite ver un collar. 

Roselia Castro peinada con moño y bucle alto, dividido en dos al
estilo de Betty Grable, orejas descubiertas con zarcillos. Vestido con 
discreto descote en V que permite ver el collar que es el mismo de su hermana Ana Dolores.
Bolivia Castro peinado a lo Betty Grable con bucle en la 
parte superior de la cabeza, rizos ondulados que caen sueltos largo, 
orejas descubiertas con zarcillos pequeños. Vestido a lo Lana Turner. Barquisimeto 1939

Helena Castro peinada igual a su hermana Bolivia al estilo Betty Grable con
bucle superior, orejas descubiertas dejan ver los largos zarcillos.
Vestido estilo Lana Turner con cuello cerrado. Barquisimeto 1939 

Adelina Castro de Orozco peinada con carrera de medio lado 
a lo Rita Hayworth. Barquisimeto 1940

Estilo de vestido impuesto por Lana Turner

Moda de pantalón de Coco Chanel

Peinado largo con rizos que desplaza el corto de Coco Chanel
Estilo mas acentuado del bucle superior y orejas descubiertas.

Exuberante bucle dividido en dos.

   Peinado con carrera de lado sin bucle. 

Cabellera extra larga.

Estilo revolucionario de los Victory Roll

Pose que convierte a Betty Grable en la primera chica Pin Up

Imagen que fue modelo a seguir de Coco Chanel, característico cabello
corto, ropa ajustada al cuerpo, accesorios como guantes, collar, pulsera y
el típico sombrero pequeño y ladeado..

sábado, 29 de junio de 2019

Los inigualables años 20.

Analizar los años 20 es muy complejo por los cambios radicales en la moda y de los cánones de la conducta femenina, liberándose definitivamente del yugo que acarreaba el hecho de pertenecer al llamado sexo débil, estos años se caracterizaron por la exigencia, por primera vez, de las mujeres al derecho de igualdad de género, la liberación de los rígidos patrones de comportamiento femenino, así surgen dos corrientes, una en EE.UU llamadas las flappers, mujeres atrevidas que pertenecían a la clase media, quienes no se regían por las normas sociales convencionales, traspasando las barreras de la "moralidad" tradicional del quehacer social, relacionado más con un estilo de vida que con una forma de vestir: bebían, fumaban, hablaban libremente de temas tabú para las mujeres, tenían relaciones sexuales ocasionales, manejaban automóviles, asistían a clubs de jazz y shows nocturnos, igual a los hombres pero conservando su apariencia femenina, usando maquillaje, collares, zarcillos, guantes, zapatos y bolsos. Por otro lado en Europa, casi al unísono, surgía un estilo masculino de vestir conocido como Garçonne, término que provenía de una popular novela del mismo nombre, cuyo autor Victor Margueritte relata la historia de una mujer que se pierde en las drogas buscando la igualdad de géneros.  
La I Guerra Mundial obliga a la mujer a ocupar los puestos de trabajo tradicional de los hombres abandonados por tener que convertirse en soldados, esto da inicio a un cambio necesario en el vestir de la mujer a formas más sencilla y holgadas, aparece el patrón en forma de H de los vestidos. Después de finalizar la guerra en 1918, las mujeres habían desechado definitivamente los vestidos ajustados a la figura y el realce del busto, surgían los vestidos estilo camisero más sueltos, sin marcar el cuerpo ni la cintura, la cual baja hasta la cadera, a principios de los años 20 la falda había subido de los tobillos a un poco más abajo de la rodilla permaneciendo así hasta después de 1925 cuando aparece verdaderamente la falda corta de la mano de Cocó Chanel. 
Esta moda se completaba con el cabello corto conocido como un bob o bob cut, dando un toque masculino, un estilo muy popular en la Primera Guerra Mundial cuando las enfermeras dejaron de usar el cabello largo por cuestiones de higiene y se lo recortaron por primera vez en la historia. A finales de la guerra, en 1918, Irene Castle, esposa de Vernon Castle, que formaban una pareja profesional de baile de salón, muy famosos por lo que viajaban frecuentemente, llevan de Europa a los Estados Unidos este estilo de corte de cabello, convirtiéndose en el peinado simbólico durante la década de 1920, coincidiendo con el nuevo look de vestidos. 
Las flappers adoptan esta moda más sencilla con vestidos sueltos de tirantes con descote cuadrado o bandeja sin cuellos ni mangas o con mangas cortas, usando medias de seda artificial, con los inconfundibles zapatos Mary Jane o merceditas de tacón bajo que les daba la comodidad para bailar. Por la noche las mujeres flappers se convertían en todo un espectáculo de lujo y glamour siguiendo el estilo impuesto por Poiret del uso de lentejuelas, plumas, flecos, bordados, pieles, joyas y broches, como los collares de perla y gargantillas que hacían juego con los vestidos de tirantes delgados.  
En cambio la moda Garçonne se rebela contra los rígidos conceptos del vestir femenino existentes, imponen un estilo más «masculinas» que las flappers en el sentido de no usar accesorios ni maquillaje, su filosofía era que debían verse iguales a un hombre, comenzaron a usar esmoquin o traje masculino con corbata, monóculos, bastones y boquillas para fumar, hasta entonces  complementos solo para hombres, de esta forma nace el travestismo como expresión de rebeldía entre el sexo del individuo y el rol social asignado.  
Ambos estilo se intercambian entre Europa y Estados Unidos, fenómeno que se explica por el aumento de los viajes durante la Primera Guerra Mundial y luego, al finalizar la guerra, con los realizados en los grandes transatlánticos, como el iniciado por el Titanic a partir del cual surge un auge que conlleva a esta mezcla de ambas modas y estilos de vida entre ambos continentes.
Sin embargo, este look vanguardista y desenfadado no era el único, ni el buscado por todas las mujeres, otras mas conservadoras preferían el "Robe de Style", caracterizado por un modelo de vestido mucho más benévolo con la silueta femenina, con la cintura en su sitio, ligeramente marcada, y una ondulante falda cuyo largo variaba desde la pantorrilla hasta los tobillos. Amplios escotes y mangas breves completaban el vestido. Este icónico estilo, propio de los primeros años de la década de los años 20, se asocia tradicionalmente a la diseñadora francesa Jeanne Lanvin, quien fue su mejor y mayor exponente, aunque no la única. El "Robe de Style" era ideal para mujeres de todas las edades y se usaba en todas las ocasiones que requerían de un vestido elegante. Había modelos de invierno y de verano. Para el día, en suaves tonos pastel, y para la noche en colores como el negro, rojo o el dorado. A pesar de que fue un estilo muy popular entre las mujeres, su influencia quedo relegada a un segundo plano en la historia de la moda. 
Así nace una forma de vestir innovadora, salpicada por el baile y la música al ritmo del charleston, variedad del foxtrot donde las flappers adaptaron listones colgando como si fueran pequeños flecos a sus faldas o vestidos ya existentes, para hacer notar los pasos característicos del baile que marcaron el rumbo definitivamente revolucionario en la historia del vestuario femenino. Sería el segundo gran cambio en el siglo XX, el primero fue el abandono del corsé, las faldas largas de grandes volúmenes gracias al polisón, el miriñaque y las telas pesadas surgiendo un nuevo estilo dándole esbeltez a la figura femenina, que la prepararía para el siguiente paso. Este contexto lo recoge y maximiza la gran Cocó Chanel que revolucionó la moda a partir de los años 20, quien introduce el vestido negro ligero como símbolo del buen vestir, los elegantes blazers, los pantalones y cardigans de estilo náutico, haciendo que las creaciones voluminosas y casi teatrales de Poiret y Jeanne Lanvin quedaran algo desfasadas.   
A través de las fotografías de familiares y conocidos de los años 20, podemos observar como la mujer Venezolana y las del interior del país, en este caso de Barquisimeto, estaban al tanto de la moda impuesta en el mundo, esto nos permite asomarnos a una sociedad efervescente conocedor del acontecer mundial, de la moda y de los cambios innovadores a pesar de no existir el internet.      







Pantalones años 20






Vestido estilo camisero de los años 20
Vestido estilo camisero de los años 20
Vestido estilo camisero de los años 20
Matrimonio de mi tía Panchita en los años 20 Moda Robe de Style
Referencia: Matrimonio de los años 20 Moda Robe de Style



Un Robe de Style negro

Niñas con vestidos camiseros clásicos de los años 20

miércoles, 24 de abril de 2019

Una fotografía que me contó su historia.

Teniendo en mis manos la fotografía que se tomaran mis abuelos en 1913 al salir de su matrimonio eclesiástico realizado en Barquisimeto, sin ningún otro dato más que sus imágenes, comencé una investigación para conocer el contexto de la época, entender mejor su lado humano y tal vez algo de sus vivencias. Nunca imagine que esto me conduciría a la danza semidesnuda de Isadora Duncan, a los vestidos que llevaban las damas que abordaron el trágico Titanic y al maravilloso mundo del cine mudo, permitiéndome adentrarme a una desconocida sociedad larense, ayudándome a deshacerme de una serie de creencias erróneas, como por ejemplo que esas viejas épocas eran atrasadas y que el interior del país estaba desconectado del resto del mundo. Que equivocada estaba, había modernismo, conocimiento de la realidad mundial, arte, innovación y sobretodo una juventud rebelde.

A finales de siglo XIX, cuando nace la que sería mi abuela, imperaba la moda de la Belle Epoque, de rígidos corsés que estrechaban la cintura destacando pechos, con faldas muy anchas que caían con gran volumen sobre la cadera, llegando hasta el suelo, cubriendo los zapatos, añadiéndole una o varias sobrefaldas con vuelos hasta la rodilla, podían llevar una cola posterior que se extendía por el suelo. Estos grandes volúmenes logrados en las faldas eran gracias a los miriñaques o armadores, consistente en una estructura circular de aros de metal muy ligeros que mantenía huecas las faldas, al sentarse se cerraban como un abanico. Esta moda resaltaba una gran cadera con una pequeña cintura. 

Acercándose al siglo XX, paulatinamente el diámetro del miriñaque se reduce quedando solo hacia atrás en forma ovalada, permitiendo que el delantero de la falda cayera recto, dando a la figura femenina una silueta más vertical. Cambia el punto de atención del cuerpo femenino, de las caderas se pasa al trasero, gracias al polisón. Se continúa usando el corsé resaltando los senos lo que le da a la figura femenina la característica forma de S invertida de esta moda. Con las mangas igualmente sucede una evolución, durante el Romanticismo eran ajustadas al brazo. A partir de 1890 las mangas de los vestidos aumentan de volumen hasta convertirse en grandes piezas decorativas. En 1892 se observa que esta ya no dibuja el hombro de manera natural, sino que posee un leve abultado, adquieren la forma identificada como ‘manga pierna de cordero’ o ‘manga jamón’. La figura femenina pasa así a formar una especie de dos triángulos invertidos unidos en una estrechísima cintura, lo cual daba la impresión del reloj de arena característico en este estilo. Luego esto desaparecería, la manga se convierte en sencilla, comenzando a usarse más corta por debajo del codo.

El cabello también sufre cambios, del peinado altamente sofisticado donde era frecuente el uso de sombreros o mantillas con peinetas de la Era Victoriana del siglo XIX, se pasa al estilo “Pompadour” menos elaborado que lo convierte rápidamente en muy popular entre las damas, consistía en un moño recogido en lo alto de la cabeza que se realizaba escarmenando el cabello para darle volumen o se utilizaba un postizo para tal fin, pero manteniendo un aspecto falsamente descuidado, dándole así soporte a los enormes sombreros adornados con plumas y cintas.

Ya para 1910 continua llevándose el cabello recogido en un moño o rodete y adornado con algún accesorio especial, entonces surgen dos actrices que provocaron un cambio revolucionario del peinado.

La primera sería Isadora Duncan, una bailarina que se destacaría en los primeros años del siglo XX. Su puesta en escena era novedosa, apenas algunos tejidos de color azul celeste en lugar de los aparatosos decorados, llevando solo unas túnicas vaporosas que dejaban transparentar su cuerpo y con las piernas desnudas, sin las clásicas medias blancas, bailaba descalza y el cabello suelto, desafiando la rigidez del vestir en el ballet clásico.

Algo más tarde surge Lillian Gish, actriz de cine mudo que se convertiría en el ideal a seguir por las mujeres a partir de 1912, causando una verdadera revolución en el estilo usado hasta entonces del cabello ondulado, imponiendo peinarse con un estilo liso recogido hacia atrás aparentando un cabello corto, con una raya al medio o de lado, adelantándose a la época del charlestón.

Finalizando la primera década del siglo XX vemos unos drásticos cambios en la moda de la mujer tanto en peinados como en el vestir. En este último se eliminan los excesos ornamentales que caracterizaron la figura femenina durante siglos, cuyo objetivo era integrarlas a la decoración del ambiente.

Al desaparecer el corsé y el miriñaque permitió que la mujer se reencontrara con su propio cuerpo y con la moda. Surgen las medias transparentes que crean la ilusión de unas piernas desnudas, escandaloso para la moral de la época. Se da inicio a la simplicidad en el estilo de vestir femenino de la mano de Paul Poiret a partir de 1907, cuyas contribuciones a la moda del siglo XX han sido comparadas a las de Picasso en el arte. Actualizó el vestido estilo Imperio que ya Zhanna Paken anteriormente en 1906, había impuesto en su colección de ropa, pero esta modesta mujer prefirió quedarse en la sombra, en un momento en que los diseñadores masculinos conquistaron la fama y se convirtieron en estrellas. Paradójicamente la revolucionaria moda femenina de esa época la imponían los hombres.

Así que para el año de 1908 es furor el talle imperio, donde la cintura no estaba tan marcada y se situaba más alta. Poiret liberó a la mujer del corsé y del miriñaque, fue llamado "El rey de la moda", impuso el estilo Delfos que marcó la década, con cintura alta, sin corsé y falda recta, que dejan de tener volumen, también crea la falda de medio paso. Este diseñador se inspira en chitones griegos, de una sencillez extrema, la tela plisada cae desde los hombros hasta los pies sin costuras ni rellenos de ningún tipo. Los cuellos altos característicos de esta época entran en conflicto con el escote en V que surge nuevamente. Sus diseños fueron extremadamente populares en la era de preguerra y es parte de la moda usada en el Titanic hundido en abril de 1912.

Conjuntamente con esta simplicidad de líneas de sus vestidos, usaba borlas para adornar, capas o chales con plumas de colores y estolas de zorro que concedían un aire escénico a sus diseños, creó modelos originales inspirándose en diferentes trajes nacionales, sombreros cosacos, mangas húngaras, chaqueta de Rusia, surgiendo de su genio las blusas tipo túnicas, vestido de noche con mangas kimono, en colores vivos combinados con tejidos suaves y flexibles.

Después vendría Jeanne Lanvin una estilista y diseñadora francesa que fundó la más antigua casa de moda parisina, la casa Lanvin. Comenzó su carrera con una colección infantil inspirada en su única hija Marquerite. Luego en 1909 lanzó una colección para mujer que se impone con un éxito arrollador, revolucionario para la época: una línea juvenil pero manteniendo un estilo muy femenino. A partir de ese momento su talento fue reconocido por sus vestidos y los colores usados, pues cambia el espectro de colores habituales por uno mucho más alegre, entre los que destacaría el azul Lanvin. Su prenda estrella serían los llamados "Robes de Style" vestidos hasta los tobillos en tejidos vaporosos que se ajustaban a la parte superior del cuerpo. Sus tres colores fetiches eran: el azul Lanvin, el rosa Polignac en honor a su hija y el verde Velasquez, para conservar la exclusividad de sus colores, fundó su propio taller de tintados en 1923. 

El período 1908-1914 se caracteriza por una gran influencia en la moda femenina llevada principalmente por el teatro, el naciente cine, las revistas, y los cabarets que impulsaron una revolución en el estilo de ropa, cambios que impulsan la liberación de la mujer.

En la fotografía de mi abuela, lo primero que se nota es que no usa el vestido de novia blanco, sino uno de color, por ser en blanco y negro no se puede asegurar cual es, pero posiblemente era un azul Lanvin, su color preferido según la tradición oral trasmitida por mi madre, es el usado por Isadora Duncan en sus esbeltos atavíos estilo griego de Poiret. 

Las evidencias de que seguía la actualidad en la moda de esos años se pueden detallar en esta hermosa fotografía, además del vestido de color, se observa el estilo imperio con falda ligeramente plisada a varios centímetros sobre el zapato, flecos en bordes de mangas y en el descote en V, conjugado magistralmente con un cuello alto realizado en tul transparente salpicado con aplicaciones, ambos conflictivamente de moda, lo cual denota la alta costura del vestido siguiendo el estilo impuesto por Poiret, también las mangas ajustadas debajo del codo dejando los brazos descubiertos, probablemente haya sido importado o realizado en uno de los talleres de alta costura que existían en la ciudad. Ademas lleva una cartera y abanico como accesorios de vestir elegante, el uso de una mantilla que da un aire escénico al diseño, muy de moda. Pero lo más llamativo es el sencillo cabello liso, recogido hacia atrás con carrera a lo Lillian Gish, actriz que se destacaba desde el año anterior a esta fotografía, época para la cual ya había realizado doce películas, la más famosa era An Unseen Enemy, que le permitió imponer su estilo de peinado, en el cual aparentaba un cabello corto masculino, denotando la incipiente rebeldía de la mujer que tendría su máxima expresión en los años 20.

Al ver todo esto en conjunto se puede deducir que esta joven mujer larense, residenciada en Barquisimeto, tenía acceso a lo último en tendencias de moda en el mundo, a modistas vanguardistas y como todo joven, era rebelde e innovadora. Es muy fácil imaginar a esta pareja viendo una película de cine mudo en algún teatro de la ciudad, es de recordar que Barquisimeto fue la ciudad con más salas de cines de Venezuela. Podemos visualizarlos en la oscuridad mientras el novio aprovecha un descuido de las chaperonas para acariciarle discretamente el dedo meñique, tal cual lo captura la fotografía. O imaginarnos a esta joven recorriendo la Calle Comercio, hoy Avenida 20, junto a su madre y hermanas buscando el vestido para su boda, sumergida en un tumultuoso escándalo que surgían de varios puntos simultáneamente, por un lado los tranvías a tracción de bestias,  más allá carruajes llevando pasajeros que pasan veloz, un trote incesante de caballos o mulas con hombres en sus lomos, una multitud a pie recorriendo la vía en busca de sus múltiples servicios y mercancías. Esta arteria vial era el centro de la dinámica actividad comercial donde las personas acudían a la barbería, pulperías, zapaterías, sombrererías, confiterías, boticas o farmacias, carpinterías, talabarterías, herrerías, imprentas, panaderías, negocios de ventas de víveres y de mercancías importadas. También se conseguían locales de médicos, de abogados, talleres de alta costura y de bordados para la confección de todo tipo de vestuario. Era el sitio de la moda femenina.

Mi imaginación vuela y la veo saliendo de la entonces Catedral de Barquisimeto, al terminar el acto del matrimonio eclesiástico, va acompañada en romería por toda la familia asistente y los curiosos transeúntes casuales que se suman, caminan rumbo a los estudios fotográfico de la ciudad. Según establecía la costumbre, los novios debían tomarse un retrato con el fin de dejar constancia de la realización del matrimonio, luego de cumplir con esto, se dirigen en un carruaje techado a la casa de la novia a festejar amenamente con música y comida.  

Barquisimeto era una ciudad pujante, salpicado de salas de cines y teatro, múltiples talleres fotográficos, el más famoso era el de los hermanos González que habían cerrados sus puertas en 1906, sin embargo sus alumnos se multiplicaban por doquier, entre los cuales estaba Amabilis Cordero y otros que dejaron un legado imborrable. 



                                               
                                                   Cambios en la moda del siglo XIX


   
                                          Evolución en el peinado del siglo XIX, XX.









domingo, 17 de marzo de 2019

Una conspiración llamada Parapara.


Como bien expresa Jorge Luis Borges, ”Haré polvo la historia, borraré la acumulación del pasado” eso ocurrirá en este relato, no se trata de un erudito artículo de historia basado en documentos existentes, solo está apoyado en una tradición oral familiar y pensamiento lógico.
I
Un hombre se desliza cabalgando entre peñasco y precipicios por las cumbres de la cordillera Andina, viene acompañado por 60 hombres, la mayoría labriegos que habían abandonado sus tierras respondiendo a un llamado colectivo inconsciente, sumándose en tropel al fenómeno que ocurre ante sus ojos. Sus rusticas ropas de faenas color beige, calzados con alpargatas y mascando chimo para paliar el hambre y el frio, delatan  su origen, siguen a Cipriano Castro a lo largo del trayecto del río Santo Domingo, un caudal de agua que  transcurre con una furia incontenible al igual que la de ellos, contrastando con el hermoso paisaje a su alrededor que estalla en una infinidad de flores multicolores, es el mes de mayo.
El caudillo procedente de  Colombia donde estaba exiliado, pero repentinamente un hecho inesperado en la política del país lo impulsa a regresar a su tierra dispuesto a tomar el poder. Su objetivo era llegar a Apartaderos situado a 3.342 metros sobre el nivel del mar, de aquí descender al estado Trujillo para alcanzar la ciudad de El Tocuyo, que comunica con Carora o Barquisimeto, dependiendo del destino final, Coro, la ciudad portuaria, o Caracas, la capital y sede del gobierno. Este era el Camino Real, muy transitado por ser la ruta comercial, razón por la que estaba densamente poblado, lo que facilitaba al líder reclutar hombres a su paso además de conseguir alimentos para su incipiente tropa conformada por andinos, pero cabalgar por este conocido camino tenía un inconveniente, andaban prácticamente sin municiones que disimulaban abultando sus cartucheras con piedras para engañar, agravado por el hecho de que sus rifles eran el viejo máuser de un solo tiro, por lo que debían evitar enfrentamientos con las  tropas del gobierno quienes estaban apertrechados con municiones y armamentos modernos de múltiples tiros.
El plan original de Cipriano era llegar a Coro, de allí partiría en un bergantín rumbo a Caracas, entrando por mar y no por la vía de Barquisimeto-Valencia por donde lo esperaban, usando así el factor sorpresa a su favor, con esto esperaba lograr una ligera ventaja en el ataque. No estaba contemplado tomar Carora ni sus pueblos doctrineros, no tenía la suficiente fuerza para ello, la economía de guerra se imponía, además no convenía una derrota que dejaría al descubierto su debilidad en equipamiento, esto desmoralizaría a la tropa provocando deserciones.  
Todo se desarrollaba según lo planeado, cuando el líder andino desaparece repentinamente del Camino Real, tomando una tortuosa, solitaria y desconocida senda usada por indígenas, llamada “La Viciosa” que rodeaba la cordillera desembocando directamente a Parapara de Río Tocuyo.
Esto le permitió a Castro llegar sorpresivamente a este pequeño poblado doctrinero, atraído por un poderoso motivo que le conviene sobremanera, en esta estadía se concretaría un plan que logra convencerlo de ser viable y beneficioso para su revolución liberal restauradora. Aquí ocurrió uno de los más grandes misterios de la historia de Venezuela, inexplicable hasta para sus acompañantes, Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras. Las razones para ocultarla son diversas, por tratarse de una secreta conspiración y principalmente por ser la artífice una mujer que además era de origen indígena, imperdonables pecados en la sociedad machista del siglo XIX. Días antes…
II
Algo estaba sucediendo en Aregue, motivando una ola de rumores tan públicos que es enviado, por órdenes del General Ángel Montañez, gobernador de facto de Lara, una compañía del Batallón acantonado en Carora, al mando del General Planas, con el fin de vigilar la organización de la fiesta religiosa del pueblo, pautadas para octubre de aquel año de 1899. En estos preparativos, que se realizaban con anticipación, se sospechaba que serían utilizadas como fachada para actividades conspirativas, no estaban equivocados. Pero, ¿Quien? o ¿Quienes?
Aregue era donde residían los miembros del clan Castro, compuestos mayoritariamente por mestizos y algunos blancos puros, todos conocidos por ser muy aguerridos, su presencia le daba fama al poblado de peligroso. ¿Qué sucedió aquí para ameritar la movilización de este batallón previo a la llegada de Cipriano Castro? Tal vez una secreta reunión, un acuerdo. Veamos….
Cipriano necesitaba armas modernas y le urgía municiones para tener una oportunidad de triunfo real frente al poderoso ejército oficial, él lo sabía, así que la toma de este camino desolado, cambiando repentinamente sus planes solo podía tener una explicación, una oferta de pertrechos. Este hombre era resabiado, cauteloso y taimado gracias a su sangre indígena, lo cual dificultaba atraerlo para una entrevista y más difícil aún lograr un acuerdo, se necesitaban garantías tangibles para convencerlo. ¿Por qué en Parapara, precisamente?
La clave está en tres personajes unidos por los hilos del destino, el primero era el General Elías Torres Aular, entonces Presidente y comandante de la guarnición del Estado Lara en poder de las modernas armas recién llegadas a Barquisimeto, quien era miembro clandestino de La Propaganda bajo las órdenes de Federico Carmona y Aquilino Juárez, el cual no gozaba de la confianza plena del gobierno central por ciertas murmuraciones sobre su lealtad que se había enterado Ángel Montañez, delatándolo al sospechar de sus ocultas actividades, debido a estas intrigas Montañez logra el nombramiento de Secretario de Gobierno en representación directa del Presidente Ignacio Andrade, detentando el poder real, por encima del general, causando que este se sintiera humillado en su honor de militar.
Ángel Montañez, el segundo personaje clave, igualmente era el autor de la persecución que desembocó en el asesinato del comandante Antonio Perozo, marido de Bartola Castro. Esta mujer, ex-tropera, experta en conspiración y simulación, era la autora del contrabando de armas que también estaban bajo su custodia, usadas a favor del alzamiento de Joaquín Crespo por parte de Federico Carmona entonces jefe de La Propaganda. El descubrimiento del plan debido a una indiscreción local, llegó a oídos del mismo Montañez, poderoso político acérrimo enemigo de este grupo, quien poseía lazos consanguíneos en el poblado de Río Tocuyo, permitiéndole acceder al secreto, que ocasionaron la tragedia ocurrida durante la visita del Arzobispo de Caracas a Río Tocuyo, hacia ya 9 años.  
El destino une nuevamente a Bartola Castro y Torres Aular con un poderoso lazo, el deseo de venganza hacia un mismo personaje, Ángel Montañez. Así que Bartola y Torres Aular políticamente unidos por ser ambos miembros de La Propaganda, específicamente carmoneros, además del nexo militar a través del comandante Antonio, su esposo, se convertirían en cómplices ideales. Pero Bartola poseía otro detalle, al pertenecer al clan de los Castro, cuyo apellido y origen indígena compartía con el líder andino, la hacía una pieza clave para el complot.
Ella era curandera, que sumado a su fama de aguerrida por las batallas en la que había participado, le otorgaban el lugar de jefe o líder natural de su gente. Al ser, los indígenas de la zona, devotos de la Virgen de Aregue, era normal que estuvieran reunidos allí sin llamar la atención, actuando como un anillo de seguridad de su chaman y su secreto contacto, evitando ser sorprendidos. Ella siempre acudía a las fiestas patronales de Aregue por ser su patrona, esto es organizadora de las festividades, por eso este pueblo era el lugar ideal para la secreta reunión, además de contar con estas ventajas se sumaba la presencia de su fiel amigo, el irreverente cura Domingo Vicente Oropeza para facilitarles la casa cural, sus entradas y salidas de allí serían algo normal, su contacto podía hacerlo subrepticiamente disfrazado de sacerdote, sería uno más de visita. Por eso se escogería este pueblo como el lugar ideal para la secreta reunión. Las iglesias y casas cúrales eran en esos tiempos sitios de conspiración.  
III
La entrega de esas armas era un acto muy peligroso para aquel General caído en desgracia, en su mente rondaba esta inquietud, repentinamente los preparativos de las festividades de Aregue le dan una idea de cómo implementarla, debía entrevistarse secretamente con aquella aguerrida mujer que ya conocía. ¿Cuáles argumentos se usarían?  
Algo así sería esa conversación: Torres Aular “conociendo sus lazos de sangre con los indígenas Castro, que el general Cipriano Castro también es un mestizo que comparte con Ud el apellido, puede hacerle llegar mi oferta de entregarle las armas recién llegadas a Barquisimeto, ud me representaría, sería la mediadora, garante de ambas partes, no puedo reunirme con él, mi presencia me delataría”.
Bartola gira mientras piensa en lo bien que se ve el general con aquella sotana marrón y le responde “Es cierto, somos de un mismo clan, parientes, es posible hacerle venir a mi hato en Parapara y plantearle su propuesta, pero como asegurarle de no ser una emboscada suya?”.
“Le aclaro que lo haré por razones personales, no busco poder político, solo deseo limpiar mi honor, hacer justicia, será la clave para garantizarle a Castro mi sinceridad, ud puede entender mis sentimientos porque los comparte conmigo debido al asesinato del comandante Antonio, podrá convencerlo de la autenticidad de mis motivaciones a través de las suyas” dice el hombre mirándola fijamente a los ojos.
Bartola le responde: “hace 7 años que decidí dejar la política y dedicarme a ayudar a mi gente a crecer espiritualmente” La mujer hace una pausa para arrancar una guama de un árbol del patio trasero de la casa parroquial donde se encuentran, comiéndose la algodonosa y blanca fruta de su interior, mientras camina por el jardín y sigue explicándose: “nunca hubiera imaginado que participaría en la caída del liberalismo, pareciera una traición, sin embargo la única manera de acabar políticamente con Montañez es hacerlo primero con el Presidente Andrade, que así sea. En mis visiones he visto a los liberales triunfando en un tiempo que no es ni el suyo ni el mío. Cuente con mi ayuda general, le comunicaré cuando todo esté listo, el padre Juan Bautista Castro ira con el pretexto de pedirle una colaboración para los pobres, esa será la contraseña, que la Virgen de Chiquinquirá nos acompañe y bendiga”. ¿El conocimiento de este acuerdo fue el motivo del desvió de Castro hacia Parapara? 
IV
Una vez culminada la reunión con el general, se inicia la organización, su objetivo es anular al General Ángel Montañez, una amenaza para el retorno de sus hijos exiliados desde el asesinato de su padre. Se reúne con el cacique Silverio Castro y su grupo dándoles instrucciones de localizar a Cipriano Castro en las montañas andinas, identificarse como miembros del clan Castro, su sangre indígena les dará credibilidad, tienen órdenes expresas de ocultar que su jefe es una mujer para evitar suspicacias del caudillo, de convencerlo de aceptar la invitación con la oferta de las armas, sin contarle todo el plan, esto será en Parapara, allí no levantarían sospechas para la reunión y era ideal para una huida por estar situado a pocos kilómetros de Siquisique, deben guiarlo por el ancestral sendero, proveerles alimentos y agua. Los preparativos de la partida de estos mestizos con sus arreos de suministros deben haberse escapado a la luz pública, motivando la presencia del batallón acantonado en Aregue, pero las cartas ya estaban echadas, Castro aceptaría la invitación, contribuye la crítica situación que no le dejaba otra opción que aventurarse. Las armas de las que le hablan le darían un triunfo seguro que de otra forma era casi imposible lograr. ¿Qué hechos apoyan esta hipótesis? Analicemos con lógica…
Siguiendo la ruta del destino, una soleada mañana del 22 de agosto de 1899 a casi tres meses de su salida de Colombia, llega Cipriano junto a su tropa a Parapara, anodino poblado hasta ese momento, los habitantes aparentemente no se sorprenden pues le brindan a Castro “su generosa caballerosidad, atenciones y respeto”, lo cual el andino devolvería durante el enfrentamiento ocurrido poco después, siendo considerado con ellos, actitud diferente a la demostrada en Siquisique, brutalmente saqueado ese mismo día. ¿Parte de un acuerdo?
Aquí Castro conocería a alguien que le descifró las debilidades de Ángel Montañez y de Torres Aular, dándole la certeza de la entrega de las armas. ¿Quién?  
El caudillo al llegar a la secreta reunión, pregunta: ¿Quién me garantiza que eso no será una emboscada? De una puerta lateral se escuchan pasos que se acercan, asomándose una mujer, era inevitable voltear a mirarla, lleva un vestido con amplia falda que susurra al rozar el suelo, bañado en encajes y pedrerías los cuales lanzan destellos con la luz que entra por un ventanal, su pelo castaño recogido en un moño en lo alto de la cabeza sostenido con una peineta de carey al estilo español, permitiendo ver su esbelto cuello y blanca piel que parece brillar, a pesar de tener 50 años conservaba una esplendorosa figura, majestuosamente entra al salón con paso firme mientras expresa con un tono autoritario de voz que no dejaba dudas: ¡Yo General, Bartola Castro, la dueña de Parapara se lo garantiza!. Así era considerada por los pobladores de entonces, posteriormente cuando surgió la novela de Rómulo Gallego, sería recordada como la Doña Barbará de Parapara. No en vano se había ganado esta fama. Nota: Expresión y vestuario, es tradición oral de mi familia.
Todos los presentes se levantan y saludan respetuosamente, ambos Castro cruzan sus miradas de manera inquisitiva, poseían varias afinidades no solo en el hecho de compartir un apellido proveniente de la misma región de España unidos por las cadenas migratorias, también en su manchado origen indígena, pero era la tenacidad en superar obstáculos, la apasionada forma de asumir riesgos sin temores, lo que los identificaba. Entre ellos se establece una comunicación inmediata, el andino se da cuenta por la magnética mirada de la mujer, de su inteligencia, que el control de la situación era de ella, finalmente descifra la decisión del general Torres Aular.
Silverio Castro, guía de Cipriano y guardaespaldas de la mujer, procede a presentarla, le aclara que es la propietaria del hato donde se encuentran, la jefa de la secreta conspiración y líder de su pueblo. Ella da inicio a la conversación explicándole del resentimiento de Torres Aular y el suyo contra Ángel Montañez, razón de su traición. Bartola le detalla el plan, que consistía en provocar al Secretario General de Gobierno, logrando para el general Torres Aular, la autorización de salir de Barquisimeto llevándose el armamento con la excusa de perseguirlo, usarían sus delirios de grandeza, su deseo de ser el más poderoso, hacerlo caer en la trampa de su ego y de su debilidad, su dinero, enceguecerlo de ira. Para lograrlo debe dirigirse a Carora, pasando por Aregue donde esta acantonado un batallón, ella le informa que ha sido infiltrado por su gente, el general Planas opondrá poca resistencia.
Al finalizar la entrevista habían acordado la inmunidad total para Torres Aular, el secreto de lo sucedido, la protección a su pueblo durante el encuentro pautado allí. Los presentes se retiran uno a uno, quedando los dos guerreros Castro solos. Bartola le hace una señal a su escolta quien se acerca con un pesado saco, alcanzándoselo a Cipriano mientras la mujer le dice: “General, una contribución de Parapara para su campaña, además de la humilde hospitalidad de mi parte, rezare a la Virgen de Chiquinquirá de Aregue por su causa, mantendré velas encendidas hasta que llegue a Caracas”. Cipriano mira en el interior del saco detallando el brillo de las monedas, descubre cual es la otra fuente de su poder, se da cuenta que el dinero es de ella y no de los pobladores, taimadamente le responde: “Señora agradézcale a su pueblo por este aporte, serán respetados como se lo prometí, a Ud le garantizó que sus oraciones también serán escuchadas, sacaran de su camino a quien le arrebató a su marido”. ¿Qué sucedió luego? Esto es historia…
V
Castro intempestivamente se devuelve, pasando por Aregue, “sorprendiendo” a la guarnición acantonada allí, derrotándolo fácilmente casi sin combatir, llegando triunfante a Carora donde es recibido por los Generales Juan José Perera Álvarez y José María Riera Álvarez, este último lo hospedó en su casa. En Carora ocurren dos hechos misteriosos, Cipriano Castro se toma una fotografía ofrecida en venta por los caroreños en recepciones sociales, con el fin de recoger fondos para su causa. Estos actos públicos no eran los más indicados para un caudillo en clandestinidad, a menos que la intención fuera diferente. El segundo suceso ocurrido fue el hurto por parte de las tropas de Castro de un cargamento de mercancías transportadas en dos arreos de bestias provenientes de Coro, con destino al negocio de Ángel Montañez, el cual tenía tratos mercantiles sumamente prósperos con Perera Yépez, con el hijo de Juan Agustín Pérez y con la casa comercial de los hermanos Zubillaga, a los cuales beneficiaba otorgándoles empréstito de guerra.
Esto constituyó el punto de quiebre, que sumado a la venta pública de la fotografía, convertía la presencia de Castro en un acto intolerable, un desafío al gobierno regional, para lo cual el andino se había tomado su tiempo hasta lograr su propósito. Montañez iracundo, le ordena a Torres Aular acabar con el andino, usar la caballería, llevarse  los 600 máuseres de repetición recién llegados, los treinta mil cartuchos, aquel poderoso cañón Krupp alemán con sus accesorios y municiones, lo último en tecnología de guerra, un arsenal descomunal para un combate contra una pequeña tropa muy mal abastecida. Otro detalle crucial es que Torres Aular se dirige a Parapara y no a Carora, lugar donde nuevamente se había dirigido Castro, eso parecía una cita.
Sumado a estas “coincidencias”, los andinos obtienen un inesperado triunfo en un enfrentamiento en franca desventaja, tan así que López Contreras, soldado de la tropa andina desde joven, escribió en su diario que no se explicaban como ganaron, permitiéndoles apoderarse de aquellos pertrechos que los equiparó en la guerra, la mayoría de los soldados desertaron a las filas de la revolución, desencantados del gobierno y deslumbrados por el caudillo. Describe minuciosamente “en la acción, que duró aproximadamente 20 minutos, se capturó a varios oficiales, entre ellos al General Siquisiqueño Abelardo Gutiérrez, 200 individuos de tropa, todo el armamento y algún dinero de raciones”. ¿Cómo pudo Torres Aular perder en 20 minutos? ¿Por qué no usó el cañón?
Según documentos existentes, antes de esta batalla el ejército andino era una montonera del siglo XIX, después de Parapara se transformaría en un ejército moderno, esto hace que abandone su plan de entrar por mar a Caracas. Aquel 27 de agosto de 1899, también sale cargado de cuantiosa plata acuñada, obsequiada por desconocidos habitantes. Allí vivía Bartola, la cual descollaba en experiencia conspirativa, valor, contactos de todo tipo, motivación, don de mando y un misterio…
Habían transcurrido 9 años del asesinato de su marido, finalmente logra justicia, Montañez perseguido en la toma de Barquisimeto, debió huir y esconderse para salvar su vida, diferente a la conducta considerada de Castro hacia Torres Aular que fue perdonado.