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miércoles, 24 de junio de 2026

Deber ser, ser y no ser.

Publicado por El Impulso el 14 enero 2017


Una cosa es el deber ser o ser, lo que por definición corresponde hacer, ya sea en género, edad, profesión, estado civil, religioso, moral, etc.

Existen normas y patrones del deber ser, por ejemplo de un hombre con respecto a una mujer, un militar respecto a un civil, un niño a un adulto, un soltero a un casado, un sacerdote a un laico.

A veces no coincide el deber ser con el ser real, vemos entonces los viejos verdes o sea un adulto comportándose como niño, el casado llevando vida de soltero siendo infiel, payasos dando función fuera del circo y así podríamos enumerar múltiples ejemplos de realidades que no se ajustan a lo establecido, válido o no, lo cual no desglosaré pues no es el objetivo de este escrito.

Tenemos claro que el deber ser forma el núcleo central de los valores intangibles hasta que se pone de manifiesto a través del derecho y de la interpretación de las leyes, cuya condición “sine qua non” es que no debe ser manipulada para que cumpla con el principio de justicia, transformándose en el esqueleto que sostiene una sociedad organizada, civilizada.

Ser de acuerdo al deber ser es difícil, a veces las miserias humanas nos arropan y dejamos de ser, sin embargo esto no justifica que se abandonen los valores, frontera que nos diferencia de los animales salvajes y sociedades primitivas, ni siquiera la certeza del irrespeto al no cumplimiento de las normas del deber ser por parte de grupos humanos asidos a un poder circunstancial.

Justificar no cumplir con el deber ser por estar en realidades adversas, dejaría serias dudas sobre las convicciones de que, si realmente las profesamos se deben defender aun sabiendo que es una quijotada.    

Es la hora de la verdad, de la separación del Mar Rojo en dos, de ser o no ser, el pueblo está atento a este fenómeno y seguirá la ruta correcta sin lugar a dudas como antaño lo hiciera otro grupo social en busca de la “Tierra Prometida” cansados de la esclavitud y no habrá fuerza humana, ni truco de falsas poses filosóficas, ni guerra sicológica producto de laboratorios pagados que tuerza esta decisión.   


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