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sábado, 9 de febrero de 2019

Capítulo 64 La conocida y arcaica fe.

Después de más de 150 años de las duras experiencias de Bartola Castro, nuestra antepasada, aquí estoy narrándoles esta historia, parte de nuestra tradición oral, junto a algunas de las vivencias de mi madre y otras mías que quise compartir con ustedes, que están allí en este momento, del otro lado de esa ventana, asomados a un pedazo de existencia descrito de una manera cotidiana e íntima.
Por el rechazo de la UCLA debido a mi condición de discapacitada, llame a mi padre con el fin de que me asesorara en materia legal. Durante mi niñez habíamos mantenido cierto grado de acercamiento, de lo cual siempre se encargó mi madre, nunca la escuche expresarse mal de él o de las razones de su separación, no demostraba rencor o amargura por su divorcio, todo lo contrario, me incentivaba a escribirle periódicamente, incluso había venido una vez a Barquisimeto a visitarme en una de mis cirugías ortopédicas, luego cuando viajamos a Margarita ella había planificado pasar por San Juan de Los Morros a que conociera a mis hermanos, sus hijos en una segunda unión, algo que debió haberle anunciado pues no hubo sorpresas en ellos. Al escribir e investigar para este relato concluí que de alguna manera mantenía contacto con mi padre, las razones de su separación había sido por una secuencia de hechos políticos fortuitos o expresándolo románticamente, cosas del destino, que los empujo por senderos diferentes que en algún momento, el regreso se convirtió en infranqueables para ambos.
Esta asesoría legal me llevo a conocerlo como ser humano y profesional, descubrir nuestras afinidades. Me aconsejo que aceptara la evaluación de un comité conformado por tres médicos especialistas en rehabilitación, solicitado por la UCLA, uno de ellos fue mi médico tratante el Dr. Regulo Carpio, quien consultó mi caso a diferentes organismos especializados en EE.UU, todos coincidieron que no existían razones médicas que impidieran continuar la carrera de medicina, debido al amplio abanico de especialidades, una de las cuales era la investigación, que podía desempeñar sin problemas. Igualmente me recomendó solicitar por escrito el ofrecimiento de beca de parte de la UCLA, así lo hice.
Varias personalidades de la ciudad abogaron por mi caso, entre ellas Doris Parra de Orellana, quien me conocía de cuando me otorgó la beca de estudios. A pesar del amplio clamor de estudiantes y ciudadanos, incluso de haber dictado opinión a mi favor el propio comité evaluador de la UCLA, las autoridades de la escuela de medicina no cedieron su postura y me dieron su oferta de cubrir mis gastos en el extranjero por escrito. Ante esto, mi padre me dijo que tenía tres caminos; aceptaba la beca para estudiar en el exterior otra carrera, demandaba por daños y perjuicios, lo cual conllevaba a renunciar para optar entrar a otra universidad dentro del país, por el escándalo mediático que ocurriría ante esta inédita demanda; o pasaba página, retirándome calladamente de la UCLA, , así acababa con el alboroto causado por mi caso, de esta manera poder buscar otra universidad en el país que me aceptara para continuar estudiando medicina. Recuerdo que le pregunte si no me sucedería lo mismo, entonces me informó que había llamado al Dr. Félix Pífano, fundador del Instituto de Medicina Tropical, profesor de la UCV pariente y amigo de su niñez nacido igual que el en San Felipe, con quien consultó mi caso, asegurándole que si podía ser médico pues en esta carrera existía un amplio abanico de posibilidades, le ofreció darme un cupo en la UCV ademas al graduarme, ser su pupila en dicho Instituto. Caracas era complicado para mi madre y yo pues en ese caso no contaríamos con el apoyo económico de la UCLA, así que, gracias a su referencia logre una entrevista con el rector y el decano de la Universidad de Carabobo, quienes al conocerme consideraron que si podía desempeñarme suficientemente y me aceptaron, siempre se los agradeceré. Nos mudamos a Valencia a la casa de una prima por 2 años, luego nos fuimos con un hijo recién divorciado de la morocha Adelina. El proyecto original eran dos años para graduarme pero tardamos más de lo esperado por las huelgas estudiantiles del periodo de gobierno de Luís Herrera Campins,
Nos veníamos a Barquisimeto todos los viernes, mi mama Helena me esperaba, con el carro cargado con las maletas lista para partir de viaje, a las puertas del salón de clase, salíamos al mediodía, llegábamos a las 2 de la tarde, las dos solas, nunca tuve miedo de accidentes o atracos durante estos recorridos, pues ella era lo que se dice “echada para adelante”. Recuerdo una vez que el carro se nos apagó, ella maniobró logrando con el impulso que traíamos alcanzar el hombrillo o zona de la carretera para detenerse, inmediatamente se bajó, saco de la maletera su caja de herramienta, abrió el capó para revisar el motor, mientras tanto un desconocido se había detenido en el carril contrario con la intención de ayudarnos, pero al ver aquella decidida y resuelta mujer se quedó observando, mi madre Helena le dio unos golpes a la distribución, limpio los bornes, ajusto unos cables, dio la vuelta, se montó en el carro y giro las llaves, cuando el motor encendió a toque, el señor se rió a carcajadas y se fue. Para otras eventualidades mi tío Neptalí, que entonces era comandante de la policía de Valencia, le había dado un carnet que la identificaba como agente especial de la policía de Carabobo, con permiso de porte de arma y ordenes de prestarle toda la ayuda solicitada. Aun hoy recuerdo a Neptali advirtiéndole a mi madre que ese carnet era por si tenía un problema andando en la carretera conmigo. Pero mi madre era una cosa seria, le gustaba correr. Las veces que nos pararon en una alcabala fue por venir a exceso de velocidad, lo cual hacia a propósito, entonces ella sacaba su identificación de agente secreto, los GN se le cuadraban, decían “pase señora agente” y ella lo disfrutaba enormemente.                   
El último día de clases, mis compañeros se habían llevado varias cajas de cerveza para celebrar al salir del salón, dentro del campus universitario, nos rociaron de pies a cabezas, a mi mama Helena igualmente la mojaron, mientras le decían que ella también se había graduado pues siempre me llevaba y me buscaba. Me acompaño toda mi carrera.
El Colegio de Médicos del Estado Carabobo tenía por costumbre realizar un brindis de bienvenida a los nuevos profesionales, a cada graduando le proporcionaban una mesa para varios invitados con una botella de whisky, refrescos y música. Invite a mi padre, el cual estaba viudo, recuerdo su inmenso orgullo con el que decía “mi hija la doctora”. A partir de allí comenzó una historia entre Helena y Vicente que les narrare después.    
Después de una huelga universitaria que casi duro diez meses, en octubre de 1983 finalmente fue el acto académico, mi mamá Helena me contaba como se había emocionado cuando subí al escenario a recibir el título de médico, todos los allí presentes se pararon y aplaudieron, estaba tan nerviosa que esto no lo recuerdo, luego regresamos a Barquisimeto.
Me tome el resto del año de vacaciones para organizar la celebración de mi grado, la cual realice en la casa de la 37. Recuerdo que mi tío Neptalí me había dado su regalo adelantado, una caja de whisky Old Parr, le pregunte porque lo hacía, a lo cual respondió que las personas nunca sabemos cuando vamos a morir, como medico le di la razón, pero le argumente que el estaba joven y sano por lo que no existían razones para que eso ocurriera. El me argumentó que quería estar seguro de darme el regalo para mi fiesta, sabia lo importante que era aquello para las dos, nos había visto luchar por aquella meta. Por esas cosas impenetrables de la vida, mi tío Neptalí no estuvo en mi graduación, partió en enero de ese año.  
Celebramos con toda mi familia y amigos, esta fue una gran fiesta que mi mama Helena y yo disfrutamos. Después de esto me dedique a buscar trabajo, introduje solicitud en los estados Yaracuy y Lara. Como parte del realismo mágico de la vida, la primera oferta que me hicieron, fue una suplencia de un reposo prenatal, en la Medicatura de Guama, pueblo donde había nacido mi padre Vicente y mi abuelo Ricardo Cordido. Allí fui por tres meses con mi mama Helena, nos  quedamos durante la semana en la solariega casa que había pertenecido a los Cordido, donde vivía la prima Meche Cordido, quien me narro las historias de los antepasados de mi padre.
Al terminar esta suplencia, me vine a Barquisimeto donde trabaje como médico en los caseríos cercanos de Piedra Colorada y El Tostado, hasta que me ofrecieron el cargo de médico rural en el pueblito de Cubiro, para cumplir con el articulo 8 de lo establecido por la Ley del Ejercicio de la Medicina, llegue en julio de 1984, quedándome hasta diciembre de 1985. Estando aquí, mi papa Vicente nos visitaría todos los fines de semana, le pidió a mi mama Helena que se volvieran a casar en la alcaldía del pueblo, ella no acepto y le propuso que se quedaran como amigos. Incluso me pidió su mano pensando que yo era el obstáculo pero le aclare que no me metía en sus asuntos y ella tampoco en los míos, nos respetábamos. 
Durante este año conocí a la que sería mi hija, gracias al destino, llego a mi vida en un momento especial. Analizaba las posibilidades de hacer un posgrado pues cuando fui al Ministerio de Educación a entregar mis notas de graduación, requisito por estar becada durante la carrera, por mi promedio me ofrecieron otra beca, esta vez en el exterior, calificaba para la Gran Mariscal de Ayacucho, quería la libertad de irme adonde el viento me llevara. Estando en estas elucubraciones, habiendo entregado esto a Dios, un día apareció en mi consulta, la que seria mi niña. Ella y yo nos compenetramos por nuestro parecido, ambas luchadoras, realistas y de metas a conseguir. Mi mama Helena me dijo, hija por ley de vida me iré primero que tú y ella será tu familia. Al igual que ella aprecié la necesidad de dejar en el mundo algo más que recuerdos, de tener descendencia, sentía que algo o alguien me faltaba, un a quien dejarle nuestro patrimonio, nuestras vivencias, nuestra historia. Así que las palabras de Helena me impulsaron además de una triste experiencia recién vivida con un familiar que no dejó hijos, y su viuda hubo de lidiar con quienes sorpresivamente reclamaron derechos pero nunca cumplieron obligaciones. Decidí adoptarla, lo hice con todas la de la ley, se convirtió  en mi hija legitima con los deberes y derechos de ser mi heredera. Comenzó la etapa de madre con su primera comunión, estudios, curso de modelaje, quince años, fiestas en el Colegio de Médicos, viajes, una intensa vida social que giraba en torno a mi hija. Hoy entiendo aquellas palabras de mi madre, lo intuyó o lo visualizó, no lo puedo adivinar, pero su profecía se cumplió, ella se fue y a quien tengo a mi lado, en mi vejez es a mi niña hoy convertida en una gran mujer. Dicen que el buen maestro se conoce por el alumno, mi madre fue una excelente maestra.   
Cuando nos mudamos a Barquisimeto, mi padre continúo viniendo, pasamos momentos muy agradables. Vicente y Helena disfrutarían una madura y libre relación durante casi 12 años que duraron sus visitas, dejo de venir en el año 95, no quiso que mi madre Helena lo viera enfermo. Mi hermano Tulio me aviso de su gravedad, cuando llegamos a San Juan de los Morros ya había fallecido, pero logramos estar en su entierro, cuando estaban bajando su féretro a la tumba, mi madre Helena le lanzo una rosa roja como despedida.     
En 1986 hice el postgrado de Salud Publica en la UCLA, quienes pusieron cierta resistencia, pero finalmente fumamos la pipa de la paz, además estaba postulada y becada por el MSAS para ser Directora del Hospital de Duaca, cargo que ocupe en 1987, allí nos mudamos las tres.
Mi hija termino la primaria en el colegio Padre Díaz de esta ciudad. Viajamos a Margarita en las navidades de 1987, sería una gran experiencia para mi niña. Luego en mayo de 1988 me ofrecieron fundar el departamento de Medicina Preventiva en el Hospital Pastor Oropeza adscrito al IVSS, el segundo en el país después del Hospital Pérez Carreño de Caracas. Nos mudamos a Barquisimeto, al igual que yo, mi hija estudiaría bachillerato en el Colegio La Salle de Barquisimeto, al terminar siguió estudios superiores en el Colegio Fermín Toro, se graduó de Técnico Superior en Educación Preescolar, luego estudio Derecho en la Universidad Fermín Toro, graduándose en el año 2000, siguiendo nuestros pasos, lo cual nos llenó de orgullo.
Los paseos a El Toronal siempre continuaron, fuimos con Vicente varias veces, al igual que mi hija quien disfruto su infancia y juventud en compañía de los primos. Los viajes a la playa eran frecuentes, llegábamos a un hotel y disfrutamos mucho. Siempre manejando mi mamá Helena.
Mi hija se casó en febrero del 2004 con un joven recién graduado de ingeniero agrónomo, este acontecimiento nos llevó a mi mama Helena y a mí a mudarnos de los edificios Arcas a un apartamento en el este de la ciudad, vecinas de mi tía Ana y Roselia, de alguna forma volvíamos a recuperar la casa familiar de la 37. Mi nieta Oriana Valentina nacería al año siguiente, el 16 de abril del 2005, su nacimiento fue una experiencia indescriptible, ese año me jubile anticipadamente por razones políticas ya había empezado la persecución por las ideas políticas, los nuevos dueños del país comenzarían una destrucción de lo que representará avances de cualquier tipo y diera independencia del estado al ciudadano para obtener mejoras en su calidad de vida. Un grupo de médicos teníamos una serie de proyectos para alcanzar metas de alta tecnología en el hospital Pastor Oropeza del IVSS, como era el trasplante de médula ósea en niños con leucemia, se organizó una fundación para recabar fondos privados con los cuales se construyó el área de hospitalización especializado para aplicar esta metodología, se compraron máquinas de laboratorio para obtener las células madres, se dotó al hospital de computadoras interconectadas, se envió a EE.UU al personal de bioanalistas a cursos de manejo de estos novedosos aparatos, todo pagado por la fundación. Faltando 6 meses para realizar el primer trasplante de médula ósea en Barquisimeto, el régimen acabo con este proyecto. El Dr Jesús Campos, hemato-oncólogo pediatra, jefe del servicio a cargo y otros médicos fuimos obligados a irnos bajo chantaje de ser despidos sin derecho a nuestras prestaciones y jubilación, hasta amenaza de cárcel e investigación en los servicios de inteligencia policial por acusaciones falsas de diferentes supuestos delitos, no nos quedó otra que aceptar la jubilación.  
En el 2012 nacería mi segundo nieto Santiago Andrés, época en que comencé a investigar, organizar y escribir este relato, luego de que mi mama Helena se cayera en uno de los apagones fracturándose la cabeza del fémur derecho lo que motivo una cirugía nos mudaríamos a vivir en una casa en Cabudare a finales de 2015, junto a mis hijos, mis nietos y nosotras. 
Mi madre Helena fallecería en mayo del 2017 a los 98 años de edad, su profecía de aquel año de 1985 en Cubiro se cumpliría, los antepasados se van y queda el futuro, que se convierte en presente, hoy tengo una bella familia gracias a ella quien lograría cristalizar esta historia por su sangre de guerrera, como la antorcha que alumbra con su luz la llegada a puerto seguro.
En realidad este relato no tiene fin, continua como la vida misma. Cuál fue el secreto de esta vida plena y rica en el buen sentido? El esfuerzo, la constancia, no dejarme vencer por la adversidad o la opinión negativa de los demás, el apoyo de mi mama Helena, quien gracias al bagaje genético de su abuela Bartola Castro de quien heredo el temple para enfrentar la fatalidad, el carácter emprendedor de su padre Pancho, esa aspiración de la búsqueda del futuro y la educación igual a su madre María Adelina, pero sobretodo creer en uno mismo, que si se puede, que no existe nada imposible, lo que sería la conocida y arcaica fe, que nos permite lograr nuestras metas.  























viernes, 4 de enero de 2019

Capítulo 63 Se abre el sello: una fiesta inolvidable.

Bartola, mi bisabuela liberal, tropera, conspiradora política, curandera, chaman, profundamente mariana, me condujo por múltiples caminos de investigación para desentrañar sus misterios, el último de ellos sería el más controversial y difícil, pues no era un tema conocido por mí, además contrapuesto a la formación científica de mi profesión, sin embargo, a pesar de esto, el hecho de ser médico, obligados a tener una mente abierta a lo novedoso y dispuesta a aceptar los cambios que conllevan, me ayudo a entrar en el inesperado mundo de esta polifacética mujer que fue mi antepasada: su origen sefardita, sus conocimientos masónicos y su practica rosacruz. Todo comenzó con un dibujo de aproximadamente 2 a 3 metros de diámetro, existente en el suelo de la sala de El Toronal, la hacienda de mi abuelo Pancho. 
El círculo o sello mágico es un espacio ritual sagrado que se usa para lograr que grandes cantidades de energía se concentre dentro de sus límites evitando que se disperse, creando una especie de “vórtice o cono de poder” con el fin de realizar un trabajo de protección o establecer un lugar que permite ponerse en contacto con entidades celestiales, un espacio que conecta el mundo material con el espiritual, un tiempo fuera del tiempo. En rituales sencillos se usa un simple círculo, los magos más avanzados, dependiendo de los objetivos perseguidos, usan una serie de figuras geométricas basadas en el sello del anillo del rey Salomón, estos símbolos a veces son utilizados como talismanes o amuletos movibles que se pueden llevar puestos encima pues concentran vibraciones que ayudan a quien los porta. Otros son dibujados dentro de los hogares y sus habitantes pueden quedar sometidos al poder del sello ya que el operador plasma ahí su energía mediante un ritual que le permite focalizar su voluntad en ellos. Una vez que el sello o círculo sagrado se cierra, nada puede entrar o salir de sus límites Al finalizar el acto se debe declarar el círculo abierto para dejar salir las entidades o energía convocadas, es útil aclarar que el sello nunca se puede romper. Bartola había creado un complejo sello cabalístico característico de la Alta Magia, una estrella de ocho puntas conocida como rosa de los cielos o rosa de los vientos en la cual mezclaba las tradiciones españolas difundido por los jesuitas desde el siglo XVIII incluso antes, en los siglos XVII y XVI que añadían la Virgen María a los 7 Arcángeles, representantes directos de Dios, poseedores de un poder muy grande, conocidos en otras culturas como los constructores del Orden Universal, los Arquitectos del Universo, Los Siete Iluminados. Una antigua tradición católica identifica a la Virgen del Carmen con la estrella matutina, llamándola “Stella Maris” (Estrella del Mar), venerada por los navegantes españoles, pues según la teología católica, ella guía con su luz al puerto seguro, que sería Cristo. El catolicismo empleaba a la estrella de ocho puntas como un símbolo de la Diosa-Madre, con los Siete Iluminados, según estas tradiciones, los servidores de La Virgen María, quien es el Trono de Dios, situándolos ante ella, a sus pies, como la Reina del Cielo, pudiendo disponer de ellos. 
Así que un sello de 8 puntas donde se unieran los ocho colores que representa a los 7 Arcángeles y a la Virgen María como su reina, canalizando los pedidos, sería un sello muy poderoso. Para lograr esto se necesita una gran disciplina mental y sabiduría para manejar la Alta Magia con efectividad, ya que sólo quienes tienen estas facultades mentales desarrolladas pueden tejer los ocho colores de la magia en un único haz brillante. Bartola era mariana, había sido patrona de las fiestas religiosas de Aregue, con acceso a sus bibliotecas, conocedora de secretos milenarios guardados por una de las sociedades con mayores secretos ocultos, me atrevería a afirmar, del mundo, el Cantón Carora, sin embargo existen detalles que revela sus misterios, uno es el extraño marco de la puerta de entrada de su Iglesia y su diseño en general, conocido como estilo herreriano caracterizado por su geometría cubica y el uso de piedras talladas en formas también cúbicas que encierran el significado gnóstico de la sabiduría, la verdad y la perfección, delatando los conocimientos masónicos de los maestros artesanos, muy diferente de las Iglesias coloniales cuyas puertas son de estilo ovalado y marcos lisos.
El año de 1976 ocurrieron dos sucesos complementarios y contrapuestos a la vez, uno de cierre de un ciclo familiar y otro de apertura de uno personal que marcaría mi vida, estos ciclos se juntarían en El Toronal, la hacienda dejada por mi abuelo Pancho a sus hijos bajo la exigencia de no ser vendida nunca, finalmente se develaría el misterio, la explicación estaba en la existencia de este poderoso sello protector y transformador creado por Bartola para su hijo y su descendencia, el cual ella había dejado cerrado. Las entidades espirituales convocadas allí con el fin de borrar las consecuencias de ser un hijo bastardo, de sangre manchada, finalmente se materializarían en aquella fiesta en El Toronal con motivo del cumpleaños de mi tía Roselia en abril de ese año, coincidiendo con la Semana Santa, lo cual permitió la asistencia de casi toda la gran familia a este lugar, no recuerdo como nos acomodamos para dormir, fue un evento inolvidable. Entre los organizadores estuvieron Neptalí Gómez Pineda, hermano de crianza luego hijo adoptivo de la cumpleañera; parientes como el contralmirante Ramón Riera Paredes, asiduo colaborador de los repartos; sus cuñados Yolanda Paredes de Sánchez y Juan Sánchez; su prima Haydee Ramírez junto a su esposo Pen Sánchez; por supuesto todas las hermanas Castro, la descendencia, amigos.
En esta época todavía desconocíamos el significado del dibujo existente en el suelo del salón usado para recibir las visitas en El Toronal, en aquel entonces no teníamos la conciencia de su significado esotérico ni lo que representaba este acontecimiento social realizado allí ese día. Aquel acto era el triunfo de la perseverancia y de los grandes sacrificios de Bartola para conseguir la aprobación social de los descendientes de Pancho, una deuda contraída con este hijo al verse obligada a despojarlo de su herencia, no solo material sino familiar, de sus padres, sus antepasados, al suprimir su nacimiento legitimo dentro del matrimonio con el fin de salvarle la vida, al hacer esto lo había convertido en una persona de segunda categoría social, cuya existencia estuvo en peligro por las amenazas luego de las terribles vivencias originadas por el odio que culminaron con el asesinato del padre de Pancho, esposo de Bartola, los cuales desencadenaron el hilo de la vida que finalmente terminaban ese día. Dolorosamente para lograrlo tuvo que separarse de ellos, ocultar su nombre, borrar su historia, era imprescindible hacerlo, no había otra solución. Sin embargo no quería para su hijo y para sus nietos aquellas  miradas con un dejo despectivo, aunque discretas, que siempre notó hacia ella, nunca a sus primas. Ella no solo le había construido una nueva historia familiar a su hijo, que llenara los requisitos de los paradigmas de la época, gracias a la habilidad y los contactos adquiridos en el arte de la conspiración política, también había logrado obtener los documentos de una nueva identidad para él, que eliminaba su vida anterior, usando para el engaño una media verdad o una media mentira, técnica ideal para ocultar algo, no en vano su vasta experiencia en este campo. Solo faltaba asegurarse que estarían siempre protegidos de sus enemigos, aunque ella no estuviera presente, para esto debió usar todos sus conocimientos gnósticos en aquel sello protector, dejando las energías emanadas de los poderosos símbolos traídos por los sefarditas, los antepasados pioneros del cantón Carora de la cual ella se había nutrido. La estrella de 8 puntas dibujada en bajo relieve sobre el piso de argamasa de la sala de visitas, pintado por ella con la técnica esmaltada aprendida en la iglesia de Río Tocuyo, en donde existió una de las 3 escuelas pictóricas de la Venezuela colonial y centro de gran actividad en este arte popular, evidentemente un símbolo masónico y no es coincidencia que la advocación de la Virgen usada en la estrella de 8 puntas en El Toronal, sea la de la Virgen del Carmen, patrona de Aguada Grande, pueblo que sería el puerto seguro para su hijo, lugar de su residencia en la nueva vida que asumiría. Los colores representativos de los 7 arcángeles y la Virgen, acompañados por el árbol de la vida pintado en la pared del fondo de aquel salón, juntos eran un talismán poderoso, ningún enemigo penetraba donde se exhibía, los espíritus de las tinieblas carecen de poder sobre el mago situado dentro de ella o que la posee. Increíblemente allí estaban a la vista de todos, señalando nuestro origen sefardita con conocimientos masónicos en común con las familias riotocuyenses de la cual Bartola descendía ¿Acaso este salón funcionaba como templo masón donde se realizaban reuniones secretas para practicar sus rituales? ¿Pudo mi abuelo junto a sus vecinos, casualmente familiares venidos de Río Tocuyo, ser masones? ¿O tal vez protegían otro secreto oculto en este lugar?. Enigma que muy pronto serían revelados, al igual que los mensajes ocultos en los nombres de sus hijos y algunos nietos, guardando en ellos sus tormentos.
En esa fiesta inolvidable el espíritu inmortal de Bartola danzaría satisfecha entre sus descendientes, los hijos y nietos de su amado hijo Pancho, protegidos de sus enemigos por el talismán, los arcángeles y la Virgen del Carmen, libres de mancha, no solo de su origen indígena sino de la supuesta e impuesta ilegitimidad del nacimiento de su hijo Pancho. 
El homenaje lo recibiría su nieta, cuya pasión por preservar El Toronal y la unión familiar era inmenso, su nombre coincidencialmente (¿?) estaba encriptado con tres mensajes dejados por nuestra bisabuela Bartola, entre ellos el dolor sufrido por ser una hija bastarda, el sutil trato diferente que notaba, su exclusión de algunas beneficios que sus otros familiares si disfrutaban, como el privilegio a asistir a escuelas o llevar el apellido. Este nombre de la cumpleañera, escogido por ella, era igual a una de las hijas de Gregorio Nieto, su pariente, señalando su derecho a este apellido, pero también provenía de la poetisa española Rosalía de Castro cuyos poemas encerraban el dolor de ser una bastarda, doblemente manchada socialmente por provenir de un acto impúdico al ser hija de un sacerdote, igual lo era ella al ser una descendiente bastarda y de una india. Por otro lado el segundo nombre Elodia era de una Santa que consolaba a los niños abusados sexualmente, tal como lo fuera ella durante la guerra: ¿quién mejor que la nieta cuyo nombre encerraba estos tormentos de su vida para recibir aquel homenaje de relevancia social?
La familia junto a El Toronal habían alcanzado uno de sus mejores momentos, gracias a las mentiras verdaderas mantenidas en su insistente narrativa de haber nacido en España, convirtiéndola en una española peninsular que social y políticamente estaba por encima a una española americana, de tanta importancia social que no se tomaba en cuenta el estigma de tener un hijo sin padre, según los paradigmas vigentes en el siglo XIX las españolas peninsulares no parían bastardo una prerrogativa de su pureza de sangre, al negar su origen indígena obtenía este beneficio para su hijo, sin embargo quiso dejar pistas para que esto fuera descifrado en el futuro, mediante diversos mensajes crípticamente cifrados. Otro mensaje dejado sería el de provenir de un mestizaje entre indios y españoles, lo cual no la avergonzaba, pero si había cierto dolor al criarse separada de su madre, al colocarle el nombre a otra de sus nietas, usando una mezcla muy significativa de nombres, por un lado uno de gran tradición dentro de la familia de la que descendía Bartola, Francisca del Rosario Santéliz y Márquez de Estrada, una pariente a quien se le podía rastrear su árbol genealógico hasta el español que les dio origen en el país, hecho muy importante en el siglo XIX pues probaba la pureza de sangre, por otro lado, escoge el nombre de su madre, la india Juana Bautista, mostrando de manera sutil la unión de la sangre Santéliz Nieto con los indios Castro, típico de Bartola, señalando el amor que sintió hacia su madre, al colocarlo de primero como reconocimiento al lugar preponderante que ocupo en su vida, pero ademas existe otro detalle en el nombre Rosario, la Virgen de Chiquinquira de Aregue en realidad es una advocación de la Virgen del Rosario y Aregue es el pueblo de origen de los indios Castro. Al llamar a su nieta Juana Francisca del Rosario encriptaba todo estos mensajes. Debido a que el nombre de Rosario era usado en hombres, cuando Pancho fue a registrarla en Aguada Grande, sin llevar a la niña, erróneamente la inscribieron como varón, posteriormente cuando ella fue a sacar la cédula de identidad hubo necesidad de realizar un nuevo documento de que había nacido en esa fecha pero no aparecía en el registro civil del pueblo debido a esta confusión, esta inesperada situación le da la oportunidad de eliminar la parte de su nombre que no le gustaba, sin saberlo había repetido la historia de su padre de alterar su identidad original, dejando una parte cierta pero a la vez no tan cierta.
El de Ana Dolores, otro nombre dejado por ella con un mensaje encriptado, une los nombres de Santa Ana la madre de la Virgen María, nombre dado a la Iglesia de Río Tocuyo y el de la Virgen de los Dolores, señalando el gran dolor de perder a su marido durante el asesinato que fue gestado en esa iglesia, durante la visita del arzobispo. En este nombre está encerrado su tercer dolor o sufrimiento. ¿O tal vez existe otro mensaje oculto además de este?. El lugar donde fue enterrado su esposo, el Comandante Antonio Perozo fue guardado como un secreto, debido a las circunstancia de su muerte, no se conoce. ¿Acaso está enterrado en esta Iglesia? ¿Yace a los pies de Santa Ana? Existen razones para creer que es posible. ¿O, hay algo más allí enterrado? ¿Tal vez un secreto por el cual Bartola no puede descansar en paz?. ¿O este secreto está oculto en otro lado, a la vista de sus descendientes?
El nombre de Helena cuyo significado en griego es la antorcha que brilla, unido al de Carmen que representa la estrella matutina, marca un mensaje de lo que sería su destino, irradiar la luz del modernismo en su familia, romper paradigmas en su vida personal, su carácter perseverante ante la adversidad, sus luchas, fue la primera mujer de su familia en estudiar más allá de la primaria, la primera en trabajar para sustentarse, la primera en liberarse. Mi madre tendría la nieta que finalmente arrojaría luz a los enigma de Bartola, evitar que su descendencia la olvidará, que al fin y al cabo es la verdadera muerte.
Los descendientes Castro habían logrado mantener su conexión con El Toronal, dar el salto al mundo moderno, gracias a la gran labor de su abuela Bartola quien ademas les había dejado todos sus secretos de tal forma que permitieran que  fueran descifrados: desplegados a la vista de todos y conocer nuestros orígenes, indudablemente sefarditas.
Ese mismo año comenzaría una dura experiencia que terminaría con mi exilio de Barquisimeto, dejar nuestro apartamento recién comprado, nuestra vida. Había iniciado mis estudios universitarios en la UCLA, al principio todo iba bien pero repentinamente algunos profesores y luego las autoridades universitarias comenzaron a ponerme mil y un obstáculos a mi desempeño como estudiante, para finalmente comunicarme que no podían permitir que me graduara de médico, pues sería un mal ejemplo a seguir para otros discapacitados, a quienes se verían forzados a aceptar. Después de múltiples conflictos estudiantiles, los cuales retrasaron nuestro avance académico, estando en los inicio del 4to año de medicina en 1978, al que llegue a pesar de que algunos profesores de la escuela de medicina esperaban que las secuelas de polio me hubiesen afectado el intelecto, apostando a mi fracaso de forma natural, pero resulto que se llevaron una sorpresa al descubrir que poseía una inteligencia normal, logrando superar los estándares de la universidad, cumpliendo los objetivos académicos incluso por encima del promedio. Sin embargo según su modo de ver las cosas en aquella época, los estudios de medicina no eran compatible con discapacidades motoras, así que me proponen becarme en los EEUU, cubrir todos los gastos en el exterior, incluso a mi madre como acompañante, solo con la condición de estudiar cualquier otra carrera menos medicina, nunca les pregunte si podía ser astronauta en la NASA, pero bueno como dice el dicho: no hay mal que por bien no venga, se abría un circulo para mí, ¿o se cerraba? Lo cierto fue que gracias a esta situación entre en contacto con mi padre Vicente, de quien había estado alejada por el divorcio de ellos cuando era apenas una niña de algo más de un año. Debido a esta situación lo contacte para solicitarle asesoría y consejos como abogado para tomar una decisión definitiva, sin saberlo esto me conduciría a caminos insospechados. Así comencé otra etapa de mi vida, abría un círculo y cerraba otro.













martes, 6 de noviembre de 2018

Capítulo 62: Vuelta al mundo


El avión despega en medio del ensordecedor rugido de los motores, las ruedas se desprenden del suelo, saber que estas en el aire, que nada te sostiene, es una experiencia indescriptible, mezcla de miedo y el deseo irresistible de experimentar lo nuevo. En ese vuelo Caracas Madrid estaba yo, era el sueño de toda mi vida, viajar a Europa.
Me gusta leer, hábito inculcado desde niña por mi madre, tenía muchos libros, entre los cuales estaban los de ciencia ficción de Julio Verne, cautivaban mi imaginación, Viaje al centro de la tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino, Cinco semanas en Globo, etc, ellos habían despertado el deseo de conocer el mundo. Helena me dio a escoger el regalo de grado de bachiller, un viaje o una fiesta, decidí optar por el viaje y escogí este destino. Los preparativos se iniciaron, avisarle a mi tía Yolanda que vivía en Dinamarca, comprar los pasajes, mandar a hacer un conjunto de pantalón y chaqueta de medio abrigo, llegaríamos a finales de la primavera y principios de otoño, con algo de frío. Leer sobre el arte universal para no llegar perdida pues había una gran cantidad de obras tanto en pintura como esculturas y arquitectura, debíamos seleccionar, abarcar lo más emblemático, teníamos suficiente tiempo eran 45 días. Nuestro viaje fue sin reservación de hotel ni paquetes turísticos prediseñados, un dibujo libre.
A pesar que entonces no se usaba el concepto de paradigmas, mi madre Helena me enseño a romper esquemas, a aventurar, a no dejarme atrapar por lo establecido, siempre se preguntaba: ¿Por qué no? luego decía “vamos a ver cómo hacemos” Para ella no existían problemas solo situaciones planteadas, más o menos difíciles, que tenían una solución, solo era cuestión de encontrar la salida, decía que todo estaba en la mente, en como percibieras los eventos, los cuales al ser analizados fríamente perdían el poder sobre ti. A veces la solución era tan simple como darle la vuelta, rodearlo, superarlo, dejarlos atrás sin resentimientos, increíble pero en eso tan simple estaba el triunfo. Aprendí de ella que las cosas difíciles que pasan en la vida no eran castigo de Dios, no era tu culpa, simplemente son casualidades que pasan, no tenían otro significado. Este viaje represento una lección practica de toda aquella forma de ver la vida por ella, sin saberlo aquella experiencia me serviría posteriormente para superar el segundo gran escollo de mi existencia, el primero había sido sobrevivir a la polio.     
Así que en septiembre de 1972 partimos de Barquisimeto, hicimos un recorrido por las 5 capitales más emblemática de Europa, hoy día todavía me intriga como logro mi madre Helena cubrir los gastos de este maravilloso viaje, únicamente con el salario de Higienista Escolar. Mi tía Yolanda había realizado un intercambio de casas con unos amigos que querían conocer Dinamarca y ellos a Zurich en Suiza, ciudad situada a orillas del lago del mismo nombre, con una historia que se remonta al siglo II cuando se conocía como Turicum, una especie de aduana o zona de intercambio de mercancías de diferentes puntos de Europa, considerada una de las ciudades más caras del mundo, centro financiero. Aquí nos conseguimos con mi tía Ana que venía de regreso de Dinamarca y nosotras de ida, nos habíamos puesto de acuerdo para no coincidir en Dinamarca, de esta manera no incomodar en la casa de mi tía.
Allí vi, por primera vez un árbol cargado de manzanas, en una plaza pública, bolas rojas como bambalinas regadas en el suelo, le pregunte a mi tía si se podían recoger para comerlas y ella me explico que no, que estaba prohibido, se dejaban allí para los pájaros. La placita no tenía rejas para impedir el paso ni cartelones prohibiendo agarrar las manzanas, el piso cubierto de grama verde, sin basura y las aves se acercaban confiadas, era un contraste con mi país.
Nos montamos en el trolebús para recorrer la ciudad de suaves colinas y hermoso centro histórico, de regreso nos perdimos al no darnos cuenta en que parada debíamos bajarnos, sin embargo el conductor del tren se percató que éramos turistas, gracias a unas notas con la dirección escrita en varios idiomas que nos elaboraba mi tía, nos llevó al lugar correspondiente.
En Suiza disponíamos de tiempo de sobra antes de continuar con nuestros respectivos destinos, mi tía Yolanda nos animó a ir a París en tren, así que fuimos a sacar la visa y comprar los boletos y partimos a ese destino, sin saber hablar ni francés ni inglés, apenas algunas frases elementales de lo poco que había aprendido en bachillerato, todo un reto.
Al llegar nos encontramos con una gigantesca estación techada con múltiples andenes con trenes de diferentes partes de Europa, cientos de personas llegaban y salían, caminando muy rápido, sincronizados, como soldados entrenados que sabían a donde se dirigían, parloteando una mescolanza de diferentes idiomas que nos envolvían sin entenderlos, una situación inédita para nosotras, nos detuvimos en medio de aquella colmena a analizar cómo conseguir un taxi para buscar un hotel, pues no teníamos reservación, ni idea a donde ir, nos reíamos de ver la situación en que estábamos, Helena, como siempre decía que eso se resolvía, ¿Cuál es el problema, acaso no estamos en Europa?, repentinamente se nos acercó un señor mayor hablándonos en perfecto español, nos comentó que nos escuchó y reconoció ser Venezolanas, nos explicó que había vivido en nuestro país durante 20 años, que estaba jubilado, podía servirnos de guía turístico, acompañarnos a buscar un hotel a buen precio, le preguntamos cuanto nos cobraría, nos aclaró que solo sus gastos de entradas a museos, taxis y comidas. Nos llevo a visitar el museo de Louvre, estuve parada frente al famoso cuadro de La Mona Lisa, ante de que se le colocaran protectores, también fuimos a Montmartre, a la catedral de Notre Dame con sus hermosos vitrales multicolor, a la torre Eiffel, los puentes del viejo París.
Hicimos otro recorrido por la ciudad de noche, sus avenidas, sus luces, sus diferentes clubes, desde los más populares, subiendo al Lido, por último el show del conocidísimo Moulin Rouge. Estaba incluida una copa de licor en cada parada, era champaña la cual subía de categoría según el local, en este majestuoso cabaret nos sirvieron la rosada, considerada la más cara del mundo, cuando llegamos allí estábamos ligeramente alicoradas, recuerdo a mi tía Ana diciéndonos que no podíamos desperdiciar la champaña rosada, pero mi mama Helena y yo no podíamos con más, éramos poca bebedoras de alcohol, así que ella nos ayudaba con nuestras copas. Al salir era de madrugada, había mucho frío, había caído una granizada, mi tía no se dio cuenta, patinó en la acera, casi se cae pero otro turista del grupo la sostuvo del brazo. En el hotel nos reímos hasta ahogarnos, juramos no contarle este episodio a mi tía Yolanda, quien nos había advertido de no “meter la pata” con alguna imprudencia criolla, debíamos recordar que no estábamos en Venezuela. En fin eran nuestras vacaciones y las oportunidades no se desaprovechan. Regresamos en tren a Zurich y allí nos separamos, mi tía Ana se fue a Madrid y nosotras tomamos el vuelo a Copenhague.   
Copenhague es la capital de Dinamarca, donde vivía mi tía Yolanda Castro y su esposo Johanes Andersen, danés, sus tres hijos: Ana Kristina, Alfred y María Yolanda, con ellos fuimos a conocer el Tivoli, uno de los parques de atracción más antiguos del mundo, el puerto de la ciudad donde está la Sirenita de Copenhague, la residencia de la familia real, etc. Recuerdo sorprendida como las ventas de periódicos, de ticket del metro y autobús no tenían quien los atendiera, uno pagaba, tomaba el vuelto, el periódico o el pasaje sin que nadie lo vigilara. Esto era impensable en Venezuela. Pero había una frialdad, una organización social cronometrada hasta sus últimos detalles, todo perfecto, un protocolo en la cotidianidad hasta para las visitas a tu propia familia que no concordaba con mi temperamento caribeño. El arte y arquitectura muy bella pero algo me faltaba, no lo sentía, no había aquel susurro al oído de tus ancestros.
Mi tía Yolanda nuevamente nos impulsó a aprovechar el tiempo disponible en Europa, nos dijo que fuéramos a conocer a Italia. Así hicimos, en Roma vivía la familia del esposo de mi tía Rosario, la llamamos y ella nos contactó a su cuñada quien nos recibió en su casa. Nuevamente estábamos en otra estación de trenes, esta vez nosotras dos solas, con la conocida libreta de notas en varios idiomas con nuestra dirección y destino. Debidamente adoctrinadas por mi tía, partimos rumbo a Roma, capital de Italia, en un viaje de 36 horas, casi sin detenernos, solo en el cruce de fronteras para chequear los pasaportes y montar pasajeros, el secreto radicaba en la organización de los vagones, estos se desprendía en su correspondiente destino sin necesidad de parar el tren, había unos especiales con camas para dormir, llamadas cuchetas. El paisaje desde la ventana del tren era hermoso, luminoso, verde, las viviendas eran casas, no habían ranchos ni muros que los separaran del vecino, solo jardines con flores policromas, soy una persona visual, aquel estallido de colores y armonía me embelesaban no me cansaba de mirar aquella belleza,   
Cuando nos bajamos del tren en Roma una bocanada de aire fresco nos envolvió con un aroma conocido, aroma a cotidianidad, aroma que no había en los países nórdicos, tan llamativo que era imposible no darte cuenta, los italianos parloteando en voz alta con aquel movimiento de manos acompañado de expresiones corporales que daban la impresión de estar discutiendo, era un contraste con el silencio, el orden y caminar mecánico de los antiguos vikingos del norte.
Aquí fuimos a conocer la Plaza de San Pedro donde se encuentra la Basílica de San Pedro pintada con los magníficos frescos de Miguel Ángel, conocida como Capilla Sixtina, es una experiencia alucinante estar de pie bajo esta bóveda que semeja al cielo, sientes que estas allí, en ese instante en que la mano de Dios toca a Adán para infundirle la vida, una obra de arte única, las cuales me hablaban en un idioma que si entendía. Pasamos por el Coliseo Romano, la Plaza de Trevi, fuimos a conciertos al aire libre, los cafés con sus mesas en la calle donde uno de los platos más populares era el melón con prosciutto, disfrutamos esta combinación novedosa de salado y dulce, fruta y carne, los vinos eran muy baratos, se bebían a granel como en toda Europa, nos sumergimos en medio de aquel bullicio, que nos era familiar. Hasta el idioma era entendible, se usaban los labios igual que el español, una raíz común, en Italia me sentí en casa.
De regreso, llegamos tarde al andén, el silbato anunciando que estaba por arrancar, tuvimos que montarnos en el que vagón que estaba en la entrada que era la cola, no era el que iba a Copenhague, tuvimos que caminar por dentro del tren andando, pasando las uniones entre los vagones que traqueteaban, hasta llegar el que nos correspondía situado al inicio del tren, detrás del de máquinas, fue una experiencia inolvidable. Entre señas y un español machucado por un empleado que medio lo hablaba, entendimos que la cucheta de dormir la desprendían para Viena, debíamos salir ante de las seis de la mañana sino queríamos ir a parar allá, esa noche no dormimos pensando en la posibilidad de perdernos. Al final del viaje, al llegar a Dinamarca los vagones que iban para Copenhague debían montarse en un ferry, eran unos 6 u 8, no recuerdo, la capital de Dinamarca está en una especie de isla. Una vez acomodados, todos los pasajeros se bajaron, en el ferry había de todo, tiendas, restaurantes, terrazas con sillas plegables para disfrutar el traslado. Helena quiso bajarse del vagón a conocer, yo no lo hice, pero no nos dimos cuenta que los vagones estábamos divididos en dos sectores de cuatro y cuatro separados por un tabique gigantesco de acero, al venir de regreso ella bajo del otro lado, por supuesto no me encontró, se preocupó creyendo que me había ido y estaba igual que ella, perdida. Con su típica forma de ver la vida exclamó “no importa, al llegar y bajarnos nos encontraremos” una vez calmada fue a investigar, se bajó del tren y caminando hasta el fondo repentinamente vio una luz que se filtraba al final del planchón, había un pasadizo por donde se asomó y vio el otro grupo de vagones, lo cual le permitió resolver el misterio. Recuerdo cuando entro al vagón, caminando apurada, riéndose mientras exclamaba “hija estaba perdida” No era raro. Otra historia que narrar en Barquisimeto para el deleite de toda la familia, las peripecias de la Pantera Rosa, sobrenombre con el cual la habían bautizado sus sobrinas.  
De vuelta a Dinamarca tomamos el vuelo de regreso a Venezuela con una escala en Madrid donde nos quedamos quince días. Si Italia había sido acogedora, familiar, España era un espejo de nosotros los Venezolanos, un familiar conocido. Al viajar fuera de Madrid a conocer El Escorial y Aranjuez vi sus casas coloniales de tejados rojos iguales a muchas aun conservadas en el país, incluso la hacienda de nuestros antepasados El Toronal era idéntica, denotando la influencia de la arquitectura española. Su gente, su idiosincrasia, su desorden, su parloteo en las esquinas intercambiando información vecinal, incluso el hábito del descanso al mediodía, España queda muerta de 12 del mediodía hasta las tres o cuatro de la tarde. Conocimos el Museo del Prado donde pude contemplar el cuadro Las Meninas de Velazquez, la Puerta de Alcalá, el Palacio Real, la Fuente de Cibeles y las salidas a la tienda El Corte Inglés, las disfrutamos enormemente, el bolívar era una moneda muy fuerte, rendía  tanto como el dólar, nos permitía ir de compras de manera compulsiva. Las fotos de Roma y Madrid se extraviaron.
Regresamos a Barquisimeto en octubre para iniciar la universidad. Vivimos con mi tía Ana en la casa de la 37 hasta que nos mudamos en el año de 1975. A partir del regreso de Europa caímos en cuenta de la urgencia de tener una vivienda propia, para la estabilidad de nuestro futuro, solo éramos dueñas de un vehículo, un televisor, una mesa de noche y dos camas, esto me produjo una sensación angustiante, comentándoselo a mi madre, además de la necesidad de tener un lugar nuestro donde compartir con los compañeros de la universidad, era una época más exigente en lo social, era una adulta. Mi madre escucho mis alegatos, luego de un análisis abrimos operativo e iniciamos la búsqueda de nuestro propio nido, otra gran aventura. La morocha Adelina y mi tía Bolivia habían comprado apartamentos en las Residencias Arca, cerca de la Avenida Varga frente al hospital “Antonio María Pineda” edificios recién construidos muy bien ubicados, ellas nos animaron, por esas cosas de Dios, mi mama Helena tenía más de 30 años de servicio, por encima de lo estipulado para la jubilación, así que las solicitó, se la dieron de forma expedita, con las prestaciones sociales que le pagaron y otros ahorros logramos reunir la inicial del apartamento, realizando nuestro anhelo. Al principio lo que teníamos eran las pocas pertenencias que usábamos en la 37, apenas para dormir. Mis tías hicieron una vaca para comprarnos una nevera, mi primo Martín Enrique Orozco nos regaló dos poltronas de mimbre para el recibo. Mi tía Bolivia nos presto una cocina de 4 hornillas eléctrica con la que cocinábamos. Mi tía Ana nos dio unos gabinetes usados de cocina de su casa. Así empezamos, poco a poco nos las arreglamos, entre mi mama Helena con su pensión de jubilada y yo que comencé a trabajar vendiendo ropa a mis amigos para lo cual habida pedido un préstamo al banco de Venezuela donde el esposo de mi prima Gisela Orozco era miembro de la junta directiva, con la fianza de él me prestaron tres mil bolívares, un capital, la inicial del apartamento habían sido quince mil. Íbamos a Curazao dos o tres veces al año de compras, con las ganancias que obteníamos logramos remodelar el apartamento y equiparlo. En esta época estaba en la universidad, me inscribí en medicina en la UCLA, contaba el apoyo de mi mama Helena, era 1975. Estaba por vivir uno de los episodios más duros de mi vida lo cual pude salvar gracias a las experiencias del viaje a Europa junto a mi madre Helena y su visión de la vida, que pude palpar de forma práctica, vivencial, no es lo mismo que te digan algo a que lo veas o vivas, sin esa aventura de nosotras solas por Europa, salvando obstáculos, no solo los reales sino incluso los que están la mente, los paradigmas, creo que hubiera sucumbido ante la adversidad mostrada en su rostro más feroz. Pero antes de entrar en estos sucesos les narrare la historia de una fiesta inolvidable, otra visión de una mujer, que nos legó su herencia a costa de un gran sacrificio, el olvido, la muerte verdadera.












sábado, 29 de septiembre de 2018

Caldas, una guerra soñada!


La corbeta Caldas de la Armada Colombiana originó una crisis diplomática el 9 de agosto de 1987 al ingresar sin autorización en aguas del Golfo de Venezuela, violando la soberanía territorial. El presidente Venezolano, Jaime Lusinchi, responde a esta agresión el 12 de ese mes, autorizando una gran movilización de las fuerzas armadas, declara el estado de “alerta militar” y constituye un Teatro de Operaciones, enviando más de 100.000 hombres y blindados a la frontera colombiana, fueron desplegados aviones caza-bombarderos F-16, que se dirigieron al sitio, esperando órdenes para atacar.
Así el 17 de agosto de 1987 la crisis llega a su máximo nivel, el gobierno de Venezuela iba a hundir la fragata ARC Independiente que había llegado a la zona para relevar a la ARC Caldas; esta fragata estaba armada, la confrontación parecía inevitable. Para esa época me desempeñaba como directora del Hospital Rafael A. Gil de Duaca, Municipio Crespo del Estado Lara, perteneciente al distrito sanitario N°6 de dicha entidad, situada a escasos kilómetros de Barquisimeto, capital del estado, estando allí recibo una llamada urgente del Comisionado de Salud para asistir inmediatamente a una reunión en su despacho de carácter obligatorio con todos los Directores de Hospitales del Estado. Al llegar me encuentro que quienes presiden la reunión eran el alto mando militar y no autoridades sanitarias, llamándome la atención aquel novedoso hecho, nunca antes visto. Ante nuestro desconcierto, el comandante encargado pasa a informarnos que en caso de una guerra, los médicos y la red de salud pública pasábamos a formar parte de la retaguardia estratégica de las FF.AA del país, asimilados, por ende adscrito a sus filas y bajo sus órdenes, el fin era cubrir de forma prioritaria la atención médica a soldados heridos en el posible conflicto. Nos solicitaron que realizáramos un inventario de lo existentes en ese momento y calcular lo faltante necesario para atender cada distrito de manera independiente, considerando que el enemigo destruyera las carreteras que comunicaban con el nivel central. Estos cálculos debían abarcar no solamente los insumos médicos sino también alimentos y agua necesarios para sustentar a los pacientes y personal de cada hospital al menos una semana sin ser provisto por la capital, el objetivo era evitar la anulación de las tropas. Todos los médicos allí presentes, que ocupábamos cargos de dirección de centros de salud, ese día nos miramos unos a otro, sorprendidos en primer lugar del hecho desconocido por nosotros de pasar a pertenecer a las FF.AA y en segundo lugar de aquella solicitud, ¿acaso los militares desconocían la situación de la salud en Venezuela?. Uno de los Directores intervino aclarando la existencia de fallas en la dotación, a lo cual el Comandante militar encargado respondió que ellos nos dotarían de lo necesario rápidamente, en horas, que solo dependía del tiempo que nos tardáramos nosotros en realizar informe, el cual debía estar listo en 24 horas.
En la segunda y última reunión que sostuvimos, llevamos el informe solicitado, los Directores médicos siempre teníamos elaborados uno o varios que se hacían rutinariamente, planteando las fallas y necesidades al Ministerio de Salud, así que hicimos una compilación y solo cambiamos el encabezado, esta vez dirigido al Ministerio de Defensa, no lo voy a negar pero tuvimos la esperanza que aquella amenaza de guerra nos trajera finalmente una dotación idónea a los Hospitales, hasta ese momento casi en el abandono, que además se solventarían otras fallas como dotación de refrigeradores nuevos y más grandes para almacenar los alimentos, dotación de ambulancias, camas de hospitalización, arreglo del tanques de agua, en Duaca el gobierno había construido uno nuevo pero no le hicieron la acometida para el acueducto, no le llegaba el agua, dotación para el quirófano construido que aún estaba sin asignarle personal de cirujanos y enfermeras, por lo que no funcionaba, Rx no funcionaba por falta de placas y reveladores. Recuerdo que llegue a pensar que finalmente el estado reconocería la importancia estratégica de la salud. Entregamos el informe, los militares se miraron unos a otros, asombrados, desconocían la gravedad de la situación ya que solo recibían información adoctrinada de su sala situacional.
A los días nos enteramos que Venezuela retiro las tropas, diplomáticamente se pidió disculpa y todo quedo en bravuconería. La razón fue que el Alto Mando militar le informó al Presidente Lusinchi que lamentablemente no se podía dar una respuesta militar digna pues el país no aguantaría un conflicto bélico porque no había una infraestructura médica para atender los heridos y era imposible solventar en horas o días las graves fallas existentes, que de nada valía tener aviones, tanques y armas de última generación con tropas altamente entrenadas sino existía una retaguardia estratégica para darle soporte a los soldados caídos durante la guerra.
Esto ocurrió en 1987 cuando las carencias no eran comparables con las existentes hoy, agravadas por la crisis de alimentos, transporte y gasolina, en estas condiciones declarar una guerra es utópico, por decir lo menos.