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martes, 8 de mayo de 2018

Capítulo 58 Siete años en Caracas. (Amores en tiempo de dictadura)

Helena entra a Caracas, una bucólica ciudad que abarcaba de Catia a Petare con un poco más de 700.000 habitantes, su paisaje de sauces a orillas del Guaire le anuncia la llegada. El río de cristalinas aguas se deslizaba entre estos esbeltos y gráciles árboles, herencia de los fundadores españoles. Abre el neceser para extraer un labial rojo, se delinea los labios mientras hace unas muecas con la boca para darle uniformidad a la pintura, nota que un hombre la mira, indiferente acomoda su cabello quitándose la pañoleta que trae para protegerlo del polvo y se coloca unos zarcillos, al levantarse del asiento estira la falda que traía puesta y endereza el suéter sobre su cadera. Al descender del autobús, llevando en una mano su cartera y neceser en la otra, es sorprendida por una suave brisa que le acaricia el rostro, siente que la ciudad la reconoce, te esperaba… le susurra, una promesa realizada hacia 4 años. Era el mes de septiembre de 1951, Vicente con quien mantenía una relación amorosa, la espera meditabundo, en cambio ella estaba alegre, su rostro irradiaba una intensa felicidad, ya vengo voy a buscar mi maleta, le dice, el caballerosamente le responde, no, espera aquí, yo voy. Lo ve venir con el cuadrado equipaje de color marrón, ella lo había identificado con una etiqueta con su nombre. Detente ahí, por favor, tómame una fotografía en estos sauces, para tener un recuerdo de mi llegada, sin saber las experiencias de vida esquivadas hasta ese momento, finalmente la alcanzarían, su existencia daría un doloroso giro en aquella urbe cosmopolita.
Durante el recorrido hacia su nuevo hogar en el Ford 200 convertible, observa asombrada los vertiginosos cambios de Caracas, su transformación ocurría día a día, parecía viva, múltiples inmuebles demolidos total o parcialmente, en el casco de la ciudad, las calles y aceras se habían ampliado, sus adoquines sustituidos por largas serpientes de asfalto. El conjunto residencial de El Silencio habitado, el populoso mercado de Quinta Crespo y la Av Baralt en constante construcción, allí se ubicarían la torres gemelas de El Silencio con más de 100 metros de alturas, conocidas luego como Centro Simón Bolívar, una actividad febril como nunca antes visto, conocía la ciudad,  la descifraba, allí viviría los siguientes siete años.
Vicente le explica lo que sucedía en lo político, percibía la renuencia de ella hacia este tema, así que le hace un resumen, le dice que a pesar de que quien detenta supuestamente el poder, es el civil Suarez Flamerich, presidente asignado desde el asesinato de Delgado Chalbaud el año anterior, iniciándose con algunas expectativas de cambios políticos, en realidad los auténticos dueños del poder son los golpistas Pérez Jiménez y Llovera Páez, devenidos en dictadura, incrementando la persecución policial contra los dirigentes políticos de Acción Democrática y el Partido Comunista, nuevamente proscritos por un decreto de este gobernante. La situación se había agravado con el recién nombramiento de Pedro Estrada, hacía apenas tres meses, como director de la Seguridad Nacional, incrementando la represión, la tortura y los asesinatos, sometiendo de esta forma a la población. Los primeros presos políticos, 446 detenidos, son enviados al campo de concentración de Guasina, en el Delta del Orinoco, obligados a trabajos forzados, sin ninguna atención médica ni sanitaria. Solo quedan habilitados COPEI y URD representando a la oposición, únicos partidos permitidos por la dictadura. Al pasar por el Club Paraíso, se escucha una música, la orquesta Billos estrenaba sus nuevas canciones que se convertirían en éxitos. Venezuela era contradictoria e impredecible.
Son tiempos muy peligrosos, señala el hombre. Ella lo mira, hace un gesto preguntándole ¿Qué tiene que ver eso con nosotros?, tú no eres político ni yo tampoco. El revela lo que realmente le atemorizaba, el dirigente político Eligio Anzola, en la clandestinidad, estaba dedicado a reagrupar a su proscrito partido, destacándose por esta actividad, por lo que era también un perseguido político del régimen y por ende ponía en alto riesgo a Vicente, quien había fungido como secretario personal de su gobierno, debía cuidarse, no llamar la atención, alejarse de su familia, razón por la que no estaba de acuerdo con la mudanza de ella en ese momento. Helena le explica que ya había solicitado su traslado desde antes de eso, a través de un cambio mutuo y la otra higienista se había ido ya de Caracas, no podía echarse para atrás. No le dice que tampoco quería hacerlo. Así comienza su vida amorosa como pareja, en la clandestinidad.  
En noviembre de 1951, en este ambiente de incertidumbre, se entera que está embarazada, así que Vicente y Helena contraen matrimonio en una ceremonia privada, solo ellos dos, pensando que pronto la situación mejoraría, sin embargo seria una azarosa corta vida de casados, él no podía ejercer su profesión por temor de ser apresado, lo hacía en forma itinerante, eventual. El aporte económico lo realizaba ella con su trabajo en Sanidad, permitiéndole cubrir los gastos donde vivían, una pequeña habitación en una pensión, situación que molestaba a aquel joven profesional, ser mantenido por una mujer era vergonzoso para un hombre, se profundizan las desavenencias ya existentes entre ellos.
Llega el año de 1952 y así el 30 de julio, Helena da a luz a su hija Anahelena, en la espléndida Maternidad Concepción Palacio, emblema del pujante país en materia de atención médica a la mujer, enfermeras con sus cofias blancas pululaban por sus brillantes pasillos, ese año ocurrían un mosaico de sucesos, se iniciaba la televisión en Venezuela y a nivel internacional. a escasos 4 días, había ocurrido la muerte de Evita Perón en Argentina. Ambas mujeres eran de la misma edad, nacidas en 1919, pero la política jugaba papeles opuestos en sus vidas. Helena huía de todo lo que representaba esta actividad, por varias razones, conocía las tragedias de su abuela Bartola y su padre por culpa de la política, pero la más importante era por ser un obstáculo entre ella y su amado, una especie de rival invisible que los separaba. En cambio para Evita, jugar este papel era la forma de atraer a su marido, motorizaba a Perón, lo impulsaba a la gloria, pero como siempre la vida da giros inesperados y un día se le detecta un cáncer terminal, sin embargo su imagen era imprescindible en la campaña de re-elección presidencial, así que su entorno decide envolver este hecho en el secretismo, se prohíbe que el pueblo se entere de su enfermedad, era la que arrastraba las masas al ser idolatrada con locura, este carisma de ella logra que Perón resulte electo para un segundo gobierno. Apenas a un mes de fallecer, da un mitin junto a su marido para agradecer al pueblo el apoyo, lo que el público desconocía es que para poder salir al balcón se le fabricó un podio especial con una armazón de metal para sostenerla, evitando así que se notara su minusvalía para mantenerse de pie, sumado a esto le habían realizado una lobotomía, que era la extirpación de una parte del cerebro para que no sintiera el dolor y no lo reflejara en su rostro, su imagen era una leyenda, había que preservarla.
En esta atmósfera llegue al mundo. Vienen a conocerme a Caracas, Pepita y mi tía Ana, Helena se sentía realizada, plena, un hijo era el amor infinito, equivalente al estallido de una supernova, su intensidad opacaba los demás amores. Pero el destino continuaba como un río indetenible, a finales de ese año ocurren dos acontecimientos, el primero, el asesinato de Leonardo Ruiz Pineda, Secretario de Organización de AD, el 21 de octubre, resaltando aún más la figura de Eligio Anzola como principal en la resistencia. El segundo, apenas a unos días del asesinato, ante el escándalo por lo sucedido, queriendo obtener legitimidad, el gobierno convoca a unas elecciones a realizarse en un mes, y lanzan su partido, el Frente Electoral Independiente (FEI). A pesar de los riesgos, URD y COPEI deciden participar, la campaña transcurre con ventajismo gubernamental, represión y dos conatos de insurrección. Los militares usan el control de la economía y el miedo como estrategias políticas para obtener los votos. Están seguros de lograrlo. Es el mes de noviembre de 1952.
Helena se mantiene al margen, no participa ni opina de política, se dedica a su hija y su trabajo, mi padre Vicente vivía en la clandestinidad, oculto, separado de familiares y amigos donde pudiera ser localizado, incluso de Helena. Un día mientras camina apresuradamente por una calle de Caracas de regreso del trabajo, una multitud que viene en sentido contrario sorprenden a Helena, algo preocupada pregunta, ¿Qué ocurre?, una respuesta es lanzada desde las entrañas de aquella vorágine, señora, vamos al Nuevo Circo, Ella insiste ¿Pero, qué pasa allí? Surge otra voz de la masa anónima, corremos para llegar a tiempo de escuchar a Jóvito Villalba. Girando sobre sus talones voltea y los increpa, ante que desaparezcan en la esquina, ¿Quién es ese señor? Como una estela difuminándose alcanza a oír, no sabemos, señora, pero dicen que va a luchar contra la dictadura y eso basta, venga con nosotros, le solicitan desde la lejanía, ella exclama: no puedo, mi hija me espera. Retoma su camino, mientas se pregunta ¿Qué podía pasar si solo faltan tres días para las elecciones y en su trabajo se comentaba que ganaría el FEI?, un presagio la cubre.
Era el 27 de noviembre, URD hasta ese momento ubicado en el último lugar de preferencia del electorado, había convocado a un mitin en el Nuevo Circo, sorpresivamente la participación es masiva, a pesar del miedo, un subterráneo clamor se abre paso, el rechazo hacia la dictadura se evidencia, ese día Jóvito Villalba, un desconocido político, capta el sentir del momento, lo interpreta e inesperadamente asume el liderazgo convirtiéndose en un fenómeno avasallador, un cisne negro, al ver esto los únicos dos partidos legales que estaban presentes, deciden apoyarlo en un solo bloque, será el único candidato de la oposición para la contienda electoral. Desde el exilio, AD ordena la abstención a su militancia con el fin de dejar al descubierto la ilegalidad del proceso electoral. 
Es la noche del 30 de noviembre, mi madre celebraba mis 4 meses de nacida, repentinamente la radio transmite una noticia de última hora, Jóvito Villalba resulta vencedor de las elecciones, obteniendo la mayoría en la asamblea constituyente, correspondiéndole ser Presidente de la República. La prensa internacional se hace eco de la información. El Alto Mando Militar es sorprendido con estos resultados, confiaban en que los sobornos, las persecuciones, los asesinatos, las torturas doblegarían al  pueblo, además URD no era un partido popular ni su líder era conocido, era imposible que ganara. Pero contra todo pronóstico esto sucedió, el 1 de diciembre se ven obligados a suspender el conteo de votos, alterar los resultados.
Ante estas irregularidades, en un destello de dignidad Germán Suárez Flamerich junto a la junta gobernante, renuncia en pleno. Al día siguiente, el 2 de diciembre, es anunciado que el FEI es el ganador y Marcos Pérez Jiménez, presidente provisional del país. 
A mi escaza edad vivía este difícil momento cuando el triunfo político de la sociedad civil fue desconocido, apenas un mes después, en diciembre, la nueva asamblea nacional constituyente, que surgió de los resultados alterados, nombra a Marcos Pérez Jiménez presidente constitucional para el periodo de 1953 a 1958. La vida amorosa de mis padres estaba condenada, el panorama político los arrastraba inexorablemente. Las esperanzas de un cambio estaban muertas. Así comenzaba mi vida.
Arranca el año de 1953 con la instalación, el 9 de enero del gobierno fraudulento, el país estaba abiertamente bajo una dictadura militar, apenas transcurrido 9 días de su instalación se desenmascaran, en una emboscada detienen a Alberto Carnevali, Secretario General de AD, buscan afanosamente a los otros líderes de la resistencia, persecución, allanamientos, delaciones.
Mi madre acababa de llegar de Barquisimeto donde había sido bautizada en la iglesia de Nuestra Señora de San Juan, estaba mostrándole las fotos a Vicente, esta es para ti, le dice mientras le coloca una de ellas en la mesa, el hombre la observa mientras le aclara, vine un momento, las cosas en la calle están muy peligrosas, era el 25 de abril de 1953, ella le sirve un café y una parte del líquido salpica su mano, parecía un mal augurio, Vicente saca un pañuelo de su bolsillo y se la limpia, la sostiene firmemente, los recuerdos vienen, ambos se miran intensamente, van a decirse algo cuando repentinamente tocan el timbre insistentemente. Esta vez es él quien retira la mano. Alguien abre la puerta entrando su hermano, venía sudoroso, al verlo exclama, gracias a Dios te encontré. Portaba graves noticias. Eligio Anzola Anzola, encontrándose en El Paraíso cerca de El Pinar, dentro de un vehículo donde se desplazaba, había recibido varias descarga de ametralladora, logrando detenerlo y trasladado a los calabozos de la Seguridad Nacional donde es sometido a torturas, le destrozaron los dientes, le fue astillado el coxis, entre otras cosas, lo interrogaban sobre sus contactos.
Era apenas una niña de 9 meses de nacida durante estos acontecimientos que representaban un gran peligro para mi padre Vicente, la familia Cordido ante el temor de que por la tortura realizada a su amigo saliera su nombre a relucir, deciden sacarlo de Caracas cuanto antes, no estaba seguro ni en su natal Yaracuy donde se había ocultado varias veces, por lo que uno de los hermanos de Vicente con un contacto le consigue albergue en San Juan de los Morros, estado Guárico, allí estaba la Penitenciaria General, cárcel del régimen para los presos políticos, no lo buscarían en ese lugar. Los acontecimientos ocurrían en las ciudades principales, no en los pueblos. Otra vez la despedida, Helena lo ve salir, se da cuenta que el no se llevo la fotografía, allí estaba sobre la mesa como anunciando que esta será definitiva. Pasarían 30 años.
Continúan las persecuciones, Eligio Anzola sería trasladado a la Cárcel Modelo de Caracas, donde se encuentra su esposa también detenida, Hortensia Millán Bruzual de Anzola. A mediados de año, Pinto Salinas quien se encontraba en el estado Falcón, en un intento por salir del país, es delatado, apresado y asesinado. Un mes antes había fallecido Carnevali en la penitenciaria de San Juan de Los Morros, negándole la atención medica de un cáncer, los intensos dolores padecidos sin recibir medicamentos para aliviarlos fueron cruentos, muy diferente a los cuidados dados a Evita Perón. En octubre de ese año, Christian Dior presentaría su última colección en el Hotel Tamanaco, su estancia en el país causó un gran revuelo, toda venezolana que se considerara elegante lucía la moda propuesta por este famoso diseñador y, Helena era una de ellas. La dictadura se iniciaba con Dior, un país contradictorio, tortura, moda y las canciones de la orquesta Billo se superponían. 
Al llegar el mes de julio aprendía a caminar dando mis primeros pasos mientras planeábamos viajar nuevamente a Barquisimeto, el primer viaje fue en abril cuando mi bautizo realizado junto a mi prima Gisela Orozco, hija de la morocha Adelina, ambas de acuerdo para ello, ya que Martín y ella serían mis padrinos, a este festejo asistirían todos los primos nacidos para ese año, éramos 11 niños, la familia estaba en plena explosión demográfica al igual que el país. La recién inaugurada casa de la 37 en donde ya se habían celebrado dos acontecimientos familiares, el primero, el matrimonio de mi tía Rosario, el segundo, los dos bautizos, y el tercero seria el matrimonio de la prima Haydee Ramírez que fue el 18 de julio aprovechando para celebrar mi primer cumpleaños en compañía de mis tíos y primos el 30 de ese mismo mes.
En Caracas, Helena intenta hacer una vida lo más normal posible, ella a trabajar y yo a la vida de juegos. La versión oficial de la ausencia de mi padre era que había conocido una hija de un militar, enamorándola hasta llegar al compromiso matrimonial, forzado por el padre de la muchacha, que deseaba tenerlo de yerno por ser un buen candidato, de concretarse sería bigamia, un hecho desconocido por el que seria su futuro suegro, un grave delito, por lo que su hermano, también abogado, fue a conversar con el alto funcionario a explicarle que Vicente era casado y tenía una hija por lo tanto no podía hacerlo nuevamente. El padre de la novia se enfurece amenazando de muerte a Vicente, por lo que tuvieron que sacarlo de Caracas clandestinamente. Una historia muy conveniente que evitaba las explicaciones sobre la relación de Vicente con Eligio Anzola y las posibles repercusiones políticas sobre Helena. 
Mi madre Helena no le daba entrada a la decepción, éramos felices, como cualquier familia, en Barquisimeto pasearíamos a la granja de mi tío Paíno en las afuera de la ciudad, lo cual me gustaba mucho pues allí me bañaban al aire libre con agua de una manguera y una ponchera. Me llevaría a El Toronal, lugar donde ella había nacido, a conocer a mi abuelo Pancho Castro y entrar en contacto con mis ancestros, una especie de bautizo en las tradiciones de donde fluía la identidad familiar, era necesario bañarse en la sombra del cují donde realizaba las ofrendas la bisabuela Bartola. 
En 1954 vivíamos en Dos Pilitas a Panteón 25 en la pensión de la señora Genoveva la cual alquilaba habitaciones, íbamos con frecuencia las playas de Catia La Mar acompañadas de la familia de ella, se convertiría en una gran amiga de mi mama Helena y le daría apoyo en sus conflictos emocionales.  Ese año se deslizaba entre viajes a Barquisimeto, las fiestas de carnaval celebradas en las plazas de Caracas y múltiples juegos. Uno de mis recuerdos eran las visitas a los abuelos paternos, su casa en el Country, me gustaba mucho por sus jardines y caminerías, su escalera de caracol con ventanales de vidrios de color. Esta propiedad era tan extensa, que mi abuelo Ricardo sembraba allí para entretenerse y nos regalaba parte de su cosecha. Llega mi segundo cumpleaños, lo celebramos usando el mismo disfraz de saranda que me encantaba, con el cual había competido en un concurso de disfraces en los carnavales de ese año. 
Entra el año de 1955, transcurría apaciblemente, en junio viajamos nuevamente a Barquisimeto a visitar a mis tías y al abuelo Pancho quien estaba muy enfermo, recibiríamos una invitación a la playa con Margot, hermana de mi tío Teodoro, el mar despertaba sentimientos contradictorios, me gustaba mucho pero le temía a su inmensidad, recuerdo bañarme encaramada en mi madre agarrada de su cuello fuertemente, ella me explicaba que no había razón para tener miedo mientras tomaba agua de mar con sus manos, mostrándomelo y mojando mi cabeza suavemente.  Al regresar a Caracas mi mama Helena celebraría mi tercer cumpleaños, es el mes de julio, sin saberlo se acercaban tres tormentas a su vida, la primera sería la de su vida amorosa. Estábamos desconectadas del acontecer político y de la dictadura, una forma de protegernos.
En algún momento Vicente le exigiría a Helena que dejara Caracas y se fuera a vivir en San Juan de Los Morros, como abogado le explica que negarse a irse es un abandono de hogar de su parte, una causal de divorcio. Helena le refuta que se fue él y no ella. Él le insiste que se mudó por razones de fuerza mayor, no fue abandono, en cambio ella al negarse a irse con él, si lo es. Le plantea que si no le dan el cambio, renuncie a su trabajo, que está en capacidad de mantenerlas. Ella le argumenta que no puede, su hija era una responsabilidad que antes no existía, ya no podía correr tras él, como antes, haciendo locuras. Acaso no confías en mí? La niña es también mi hija, reclama el, se juega su última carta, puedo pedir la custodia, me corresponde. Si lo intentas, te mato, responde ella, jugándose también su última carta. Sus vidas llegarían a un callejón sin salida. Vicente no podía vivir ni en Caracas ni en Barquisimeto y ella solo podía vivir en Caracas o en Barquisimeto, el divorcio fue inevitable. Yo me quede con mi madre.
Luego llegarían, casi simultáneamente, las otras dos dolorosas vivencias. En el país estaba desatada la pandemía de polio.
Llegada a Caracas


Oficio de traslado a Caracas

Un mes de edad

El día de las elecciones donde gana Jóvito Villalba


Aprendiendo a caminar: coches y andaderas de la década del 50
Madre e hija el día de su bautizo
La moda de Dior en todo su esplendor en el país

Medalla y vestido de bautizo.

Carnavales de Caracas 1954


En el Toronal, Municipio Urdaneta, Lara.
El tercer cumpleaños.


jueves, 19 de abril de 2018

Capítulo 57: Un noviazgo marcado.


Cinco jóvenes mujeres van corriendo escaleras arriba, tratan de silenciar el tintineo de sus carcajadas cubriéndose la boca con sus manos, al desembocar en la terraza del Club Sirio-Libanes tropiezan con un caballero de porte alto, de flux oscuro, cabello engominado, parado de espaldas observa el bello paisaje nocturno de la ciudad que abarcaba hasta el majestuoso teatro Juárez, al girar atraído por el sonido de los tacones y ahogadas risas de las damas, queda frente a la última de las mujeres que viene subiendo, su vaporoso vestido color beige claro de falda amplísima que arranca de su cintura, demarcando su finura, flota sinuosamente a lo largo de su cuerpo, sus miradas se encuentran, se observan curiosamente, ella detalla el bigote espeso, las negrísimas y anchas cejas resaltan sus penetrante ojos oscuros como la noche, aquel desconocido le recuerda a Clark Gable. El hombre prestamente estira la mano dirigiéndola hacia ella, mientras caballerosamente dice, señoritas permítanme presentarme, me llamo Vicente Cordido, asistente del gobernador, un fuerte y decidido apretón de mano marcaría un destino. Un discreto perfume de caballero es reconocido por la joven mujer, por un instante, ella siente ser la protagonista de la película "Lo que el viento se llevó", escuetamente responde el saludo, mientras retira firmemente su mano del cepo donde la tenía atrapada aquel hombre, dirigiéndose a las jóvenes que perseguía, sus hermanas menores y su prima, les ordena regresar inmediatamente al salón donde transcurría la fiesta, les recuerda que si las descubrían allí, serían reprendidas. Subir a la terraza sin chaperonas estaba prohibido a las solteras por ser un lugar censurado, debido al hecho de ser donde se citaban las jóvenes parejas enamoradas para verse a solas. Helena era responsable de ellas, sus rebeldías la hacían pasar apuros.
Este grupo de muchachas se identificaban así misma como la Caravana Camel por andar siempre juntas, semejantes a la fila de camellos de la propaganda de cigarrillos Camel, debido a esta asociación eran atrevidas en desafiar la autoridad, famosas en sus desapariciones, una de las más comunes era la de la función de matiné del cine Rialto los domingos, al terminar la película se iban escondida al edificio La Francia, que quedaba al cruzar, el mandato era regresar a la casa inmediatamente pero no resistían la tentación de darse una escapada a la fuente de soda a verse con los amigos que las esperaban allí para conversar y tomarse un refresco, al sitio llegaba el chofer de Teodoro, conocía sus mañas, rastreándolas con habilidades policiales las localizaba, tenía órdenes de llevarlas de vuelta.
Ese diciembre de 1947 se celebraba el triunfo de Rómulo Gallegos, ganador de las elecciones recién realizadas en el país. La población estaba de júbilo, más que una navidad parecía una fiesta de carnaval, la ciudad teñida de blanco, el color representativo del partido ganador de las novedosas elecciones, festejos por doquier.
Helena asistía a una de esas fiestas con su hermana mayor Ana Dolores, su esposo Teodoro Richa y la caravana Camel. Inesperadamente arriba Eligio Anzola Anzola, gobernador del estado Lara, personaje destacado de la política larense, protagonista de parte de la historia del país, uno de los fundadores en la clandestinidad de Acción Democrática, participante de la aprobación de la constitución de la Junta Revolucionaria de Gobierno en 1945, basamento legal de esas elecciones. Este líder venía acompañado de Vicente Cordido, su secretario de gobierno, ambos se habían conocido en la UCV donde cursaron Ciencias Políticas, en años diferentes, compartiendo un ambiente profesional común de mucha afinidad, uno de esos era la Revista de Derecho, en la cual Eligio ejercía como director, alternando con aquel joven recién llegado de Yaracuy, hijo de caficultores. Ambos eran del interior del país. Esta comunión entre ellos los llevaría a desarrollar una amistad que duraría aun después de egresados de la universidad, a pesar de tomar caminos divergentes, uno en la política y el otro en el ejercicio privado de su profesión. Cuando Eligio Anzola es nombrado gobernador de su estado natal, Lara, para el periodo de 1945 a 1948, le propone a su amigo que se desempeñe como su secretario de gobierno, lo conoce, aquel joven profesional era brillante, graduado con excelencia, el único obstáculo era no ser militante de AD, cuya actividad le producía resquemores ante la persecución a la que eran sometidos sus dirigentes, a pesar de esto el líder confía en su desempeño para este cargo, por lo que este personaje larense lo invita a acompañarlo, necesitaba apoyarse en profesionales que le dieran brillo a su gestión, era una época del valor de los méritos. Vicente decide venirse de Caracas, no imagina que aquel viaje conduciría su destino, sentenciándolo a tener una vida accidentada, dentro de un agitado y peligroso entorno político, evadido hasta ese momento, al igual que la vida social de su familia, muy conocidos, de la cual también huía, en la que sentía que no encajaba. Esta oferta le sirve para alejarse de ellos.
Helena, recientemente, ese mismo año también se había mudado de Caracas, incorporándose a la vida de un Barquisimeto efervescente, convergiendo con este personaje. Ambos habían vivido en la Capital, sin coincidir allí, lo harían en Barquisimeto, en aquella fiesta, cosas del destino, ninguno de los dos sabia bailar, razón por la cual estaba en la terraza, fuera de las atenciones del  público.
Parte de ese año, Helena había conservado el cabello largo y la característica moda avispa del New Look. El «New Look» de 1947 (sobrenombre dado por una periodista americana), era un estilo de moda para mujer con blusas de hombros torneados, cintura fina y falda amplia en forma de corola a veinte centímetros del suelo. Representó la recuperación del lujo, el exceso, la elegancia clásica y la vuelta a una imagen femenina tras la depresión de la II Guerra Mundial. Ella lo usa durante este periodo entre su regreso de Caracas y el encuentro con Vicente, años de disfrutes, como los diferentes viajes a Cabimas donde iba a visitar a sus dos hermanas mayores residenciadas allí, aprovechando de conocer los Andes Merideños, incluso en el reencuentro con su morocha celebrado en el Club Ayarí a su regreso a Barquisimeto, aun lo lleva en la primera fiesta que asiste como integrante de una comparsa de señoritas solteras en el Country Club. Pero un día, estando a punto de finalizar el año, siente la necesidad de hacer un cambio de apariencia, se corta el cabello, contrario a lo sucedido al poderoso Sansón, una fuerza brotaría de su interior para no abandonarla jamás, adopta la melena estilo solgneé que usaría hasta el final de sus días, como una crisálida, surgiría Helena, su nombre escrito con hache a partir de entonces, la luchadora que no derrotaría la adversidad.
Suena la música en el salón, ella ve venir al caballero de la terraza, señorita, sería tan amable de concederme este baile, aunque le advierto que no lo hago muy bien. Detalla al hombre con la luz del salón, presiente lo inevitable. Ya sabía quién era, no se hablaba de otra cosa en aquella reunión. Mientras bailan, se identificarían por ser jóvenes profesionales, pertenecer a la generación emergente que rompía con los paradigmas de la era victoriana, moldeados con las nuevas ideas de la naciente sociedad Venezolana, indiferentes a la política, recelosos de lo social, amantes del modernismo.
El mundo que Helena había disfrutado hasta ese momento se ve trastocado por la presencia de este hombre, surgiendo la necesidad de formar pareja, hasta ese momento esquivo, constituir una familia propia, cosas que no habían estado en sus objetivos primordiales.
Estos amores se inician a finales del año 1947 y principios de 1948. Durante este periodo pasearían a diferentes lugares, el infaltable cine Rialto al que asistía en compañía de la morocha y su esposo, era el lugar ideal para tomarse de las manos en la oscuridad, robarle un beso a la novia. Los paseo a El Eneal, caserío cercano a Duaca, lugar en la que se encontraba la hacienda de caña de azúcar de los padres de Martín Orozco, donde vivía Adelina con sus hijos. El grupo lo conformaban su amiga Celina con su novio, su hermana Yolanda aun soltera, algunos compañeros de trabajo, entre ellos Luis Gómez López y su enamorada, incorporándose ellos dos a las actividades en parejas. Siempre acompañada de las chaperonas, una costumbre para la época, en diferentes combinaciones de hermanas, amigas de larga data y buena reputación, primas o Pepita, custodia de la virtud.
La clásica visita a El Toronal no podía faltar, nutrirse de sus raíces, presentarlo a su padre, Pancho Castro, esto denotaba la seriedad de estos amores, un compromiso.
Helena lucia en todo su esplendor, se sentía completa por primera vez. Así transcurren estos amores, según lo establecido por las normas del buen comportamiento, se inicia el mes de febrero dando apertura a los esplendorosos carnavales de ese año, el país disfrutaba de sus logros políticos, el inicio de la democracia representativa, del auge económico, el modernismo vertiginoso.
Aún no habían concluido las festividades cuando llega un anuncio, Rómulo Gallegos, quien había asumido la Presidencia el 15 de febrero, presenta a su nuevo gabinete de gobierno, conformado por doce ministros, entre ellos Eligio Anzola Anzola en Relaciones Interiores. Vicente se va a Caracas y Helena se queda en Barquisimeto. Era la primera separación. Ambos son adultos por lo que la asumen con madurez, los novios se escriben largas y apasionadas cartas, intercambian poemas de amor, realizan planes de su vida futura en común. Helena no atiende a ningún otro pretendiente, levanta un muro infranqueable a su alrededor, permanece fiel a su amado, así lo haría el resto de su vida. Finaliza el año de 1948 cuando repentinamente surge un hecho inesperado, el presidente electo es derrocado el 24 de noviembre, siendo sustituido por una Junta Militar; su ministro Eligio Anzola es hecho preso y enviado a la cárcel Modelo de Caracas, luego es expulsado a México. Vicente debe huir de Caracas pues decretan toque de queda y despliegan a los militares en casi todo el país en búsqueda de los adecos, una situación muy peligrosa para ellos. Helena inicia una etapa de amores en la clandestinidad, debido a esto abre las compuertas a los cambios, dejaría atrás definitivamente la era victoriana del comportamiento femenino, de forma mas abierta.
El romanticismo rodeaba a Helena durante este periodo, las lecturas de poemarios de  moda en esta generación como las escandalosas Prosas Profanas de Rubén Darío en 1949, censuradas para la época, hoy se ven tan ingenuas y sutiles, surgen como un revolucionario despertar de la liberación de la mujer a la comprensión del sexo, en el cual se sumerge. Ella le escribiría poemas a su enamorado y este a su vez le envía apasionadas cartas.
Sus amigas la ayudan a zafarse de la vigilancia familiar para encontrarse con su amado, a escondidas, por dos razones, una, el riesgo político que corrían y el otro “el qué dirán” como se decía en esa época. Helena realiza dos viajes misteriosos. El primero, a Curazao, a finales del 48 y el segundo en un paseo donde aparece bañándose en un río en el 49. En ambas fotografías no hay chaperonas, el fotógrafo nunca aparece con ella. En el estado Yaracuy la familia de Vicente tenía propiedades, existen parques nacionales como el Yaracuy. 
En 1949 Anzola está exilado en Mexico donde lleva una activa agenda política bajo la coordinación de Rómulo Betancourt, allí realizan una asamblea de adecos en el exilio, mientras los enamorados están separados, viéndose esporádicamente. Las tradiciones familiares de los hermanos Castro, con fuertes vínculos creados a raíz de la muerte de su madre, cuya orfandad los uniría alrededor de sus tres hermanas mayores las cuales ocupan el lugar de madre, protectoras y guía de la unión familiar, aprovechaban cualquier acontecimiento familiar para reunirse, uno de ellos sería otro matrimonio más, el de Bolivia, hermana dos años menor que Helena, a celebrarse a principios de 1949, debido a esto el grupo residenciado en Cabimas se traslada a Barquisimeto iniciando una costumbre de fotografiarse todos los hermanos juntos a partir de ese año. Disfrutaban un cálido día paseando con los sobrinos nacidos para le época, eran los tres de la morocha Adelina y la hija mayor de Francisco. A este grupo se sumaba La Nena, la más pequeña de los hermanos Castro. Hasta ese momento la familia se componía de un total 21 miembros y estaba a punto de crecer aún más produciendo en Helena una extraña ansiedad. 
Un día, posterior al nacimiento del primer hijo de su hermana Bolivia acaecido a finales de 1949 y del nacimiento de la cuarta hija de la morocha en enero de 1950, súbitamente cae en cuenta que está en un grupo separado de sus hermanos: por un lado los casados y del otro las hermanas menores sin otra responsabilidad que los múltiples programas propios de su edad. Ella no pertenecía a ninguno de las dos categorías, era una mujer madura, con trabajo fijo, soltera y de cierta forma se siente solitaria, Vicente llenaba este vacío en ella y decide actuar.
En 1950 a Helena se le presenta la oportunidad de adquirir, con su sueldo gracias al gran poder adquisitivo de la clase trabajadora, su primera vivienda, en el recién inaugurado urbanismo de Bararida, pensando en formar su hogar en cuanto el panorama político se apacigüe, concreta la compra y viaja a San Felipe con el fin de comentarle sus planes a Vicente a quien la idea de ser mantenido por ella no le agrada, le expone que allí su amistad con Eligio Anzola era muy conocida, por lo cual le sugiere venirse a Caracas. 
Pero ocurre otro suceso inesperado, el país convulsiona nuevamente, el 13 de noviembre de 1950, posterior al terremoto de El Tocuyo, es asesinado Delgado Chalbaud y asume el civil Germán Suárez Flamerich, eventos que motivaron a Mamayu a regresar de Cabimas y a Helena a buscar su destino sin darle más vuelta, la vida no esperaba, no existía un momento ni condiciones perfectas, era o no era, así que un día sin prejuicios, por segunda vez, rompería con las reglas en su familia, llevada por las circunstancias excepcionales que exigían acciones sin mojigaterías.
Solicita su traslado a Caracas, sin imaginar que coincidiría con el regreso al país de forma clandestina de Eligio Anzola, ocurrido el 3 de Junio de 1951, bajo el seudónimo de “Aguirre” o “Tovar” suceso que desencadenarían otra secuencia de hechos inesperados.
Apenas 3 meses después del arribo de “Aguirre”, en septiembre llega la respuesta de su solicitud, por disposición de la Junta de Gobierno de los Estados Unidos de Venezuela, es trasladada como Higienista Escolar a la Unidad Sanitaria de Caracas, efectiva a partir del 1 de octubre de 1951 nuevamente está en la capital, allí sucederían las experiencias que su abuela Bartola había vislumbrado el día de su nacimiento acaecido en un caserío del medio rural venezolano, determinando su nombre por su significado: la antorcha que brilla. Su vida, aunque nunca lo buscó, estaría ligada a los sucesos políticos acaecidos a este líder político larense.






Las Prosas del despertar a lo profano
Romanticismo
Un extraño viaje
Unión familiar
Sobrinos y la saga Castro
Una paseo clandestino a un parque de Yaracuy 
Al siguiente año
La despedida de sus hermanas

El regreso a Caracas


sábado, 20 de enero de 2018

Capítulo 56 Barquisimeto 1947-1949

1947 fue un año de cristalización de las metas democráticas de la generación política emergente, se dejaba atrás definitivamente las dictaduras militaristas y el país comenzaba una nueva historia, avanzaba al futuro, por todas partes se respiraba una atmosfera de modernismo, de avances, de libertades nunca experimentadas en el país. Helena navegaba en este rio, estaba preparada para ello. Llevaba 2 años residenciada en la capital del país donde había realizado su formación académica como Higienista Escolar, trabajaba para el pujante Ministerio de Salud. Luego de vivir estos años, la Junta Revolucionaria de Gobierno le otorga su solicitud de traslado para la Dirección de Salubridad Pública de Barquisimeto. Este era su plan original, regresar a su ciudad de origen, sus hermanas la esperaban, nostálgicamente ella abandona la bulliciosa y efervescente Caracas, se despide, cree que para siempre, repentinamente cae en cuenta que dentro de si compiten sentimientos encontrados, no quiere irse pero sus raíces la reclamaban, era un llamado intenso, ineludible. Al salir siente una brisa que le susurra al oído una promesa, la ciudad parece decirle que la esperará por siempre, allí, viviría los más intensos años de su existencia. A veces la vida no es como uno la planea.
Se había transformado en una profesional, económicamente independiente, segura de sí misma, soltera y mujer bella, atractiva para el sexo opuesto. Al llegar a Barquisimeto, sus hermanas mayores, principalmente Ana Dolores, se proponen conseguirle un buen marido, una tradición familiar en ellas, así que la introducen en la intensa vida social de la ciudad. Ella buscaba que notaran sus cualidades interiores, decepcionándose pues solo alababan su físico y no su personalidad, incapaces de  ver sus sentimientos, le molestaba esta superficialidad, lo que la hacía ser recelosa. Sentía que era invisible. Le gustaba la pulcritud, una buena presencia y sobretodo que al hablar su aliento fuera agradable, su formación sanitaria habían exacerbado su obsesión por la higiene lo cual agravaba el acercamiento al sexo opuesto, menos preocupados por estos pormenores. 
Las ideas del mundo moderno impregnan a Helena y el nuevo papel de la mujer en la sociedad se afianzaron en la capital del país donde lo moderno era cotidiano, tiene una amplia cultura en temas que van de lo social a lo profesional, era altamente competitiva, paradójicamente esto la convierte en una persona difícil para cultivar su amistad, así que se centra en el campo de profesionales solteros.
Este año se caracterizó por grandes cambio, llevado por dos directrices, no solo en lo político sino en la moda femenina. Al inicio del año, el cabello se usaba con volumen en la parte superior a lo Lauren Bacall, que se obtenía batiendo el pelo y sosteniéndolo con innumerables horquillas. Había que dormir con unos rollos de cartón o metálicos en la cabeza donde se enrollaba el cabello, para así lucir al día siguiente los crespos que caían a todo lo largo de la cabeza, poco a poco se abandona el moño superior usando solo largo con grandes rizos. El tímido vestuario de la guerra cambia abruptamente en la posguerra, aparecen las chaquetas ceñidas al cuerpo marcando la cintura y las faldas comienzan a ampliarse, el estilo avispa, llamado “New Look” creado por el diseñador Christian Dior, el cual se impone en 1947, buscando recuperar la nostalgia del romanticismo de los años anteriores a la guerra, iniciando la vaporosa elegancia femenina que se impondría a plenitud en 1948 en adelante.
En lo político, por primera vez el país conoce la participación directa en la escogencia del Presidente de la República, esto despierta en la población un entusiasmo comparable a una contienda deportiva o la elección de una reina de belleza, florecía una gran ebullición de participación democrática, contribuye el hecho de que el Partido Comunista y Acción Democrática llevaban dos años legalizados por Eleazar López Contreras. La junta de gobierno, que desde el año anterior ya no se denominaba revolucionaria, había escogido a la asamblea nacional constituyente cuyo presidente era Andrés Eloy Blanco, encargados de redactar el estatuto provisional de garantías y la nueva constitución nacional con las bases para realizar las primeras elecciones directas, secretas y universales en territorio nacional. 
Los tres partidos participantes, Acción Democrática, COPEI y el Partido Comunista compiten con sus respectivas tarjetas de colores, blanca, verde y roja, otra novedad en el país, que se sumerge en una fiesta electoral tricolor. Por todas partes se podían ver propagandas de llamados a votar rojo o blanco o verde. Un carnaval de colores, un logro político sin precedente. Sin saberlo Helena vivía en un nuevo mundo Tricolor, semejante al de su abuela Bartola en el siglo XIX.
Barquisimeto es una ciudad con menos de cien mil habitantes, que los alcanza tres años después en 1950. Se inician los cambios de la industrialización y el modernismo que la transformarían en una urbe. La demolición del mercado libre para construir El Edificio Nacional, de la cárcel las Tres Torres y el eclipse total de sol de 1947 ocurren ese año de su llegada. A las calles de la ciudad se le eliminan los nombres y se sustituyen por números.
Estaban de moda canciones como “Maria Bonita” de Agustín Lara y las lecturas de poemas característicos de esta época del romanticismo. Van a los cines, entre los cuales estaban el Altagracia, Florida, Rialto, Teatro Lara, Ayacucho, Bolívar, etc, no perdían las películas de Cantinflas, María Félix, Jorge Negrete, Pedro Infante, etc. Barquisimeto era la ciudad donde existía la mayor concentración de cines, gracias a Amabilis Cordero un Duaqueño pionero en cinematografía, autor de un documental local sobre la Divina Pastora, que impone esta moda. Los domingos tenían un ritual, después de desayuno se asistía a la misa en la mañana para luego salir a los paseos o visitas a familiares y a los populares vermut del mediodía.
Frecuentaban el Sport Club Ayari, del cual uno de sus directores era Farid Richa, hermano de su cuñado Teodoro, era un club familiar donde se practicaban deportes, se jugaba cartas y se degustaban carne asada o como se les conoce popularmente, parrillas, iban en grupo, con Martín Orozco y Adelina, al igual que las integrantes de la Caravana Camel, sus hermanas Bolivia, Rosario, Yolanda y la prima Haydee. 
Los paseos con sus amigas y hermanas a los lugares de moda como el Parque Ayacucho, o al Mirador situado en el pueblito de Santa Rosa desde donde se divisaba el rio Turbio, aun con sus aguas limpias y su caudaloso torrente conservado, una hermosa vista donde a Helena le gusta posar con el majestuoso valle de El Turbio al fondo. Allí iban a pescar y bañarse, actividad de los fines de semana. También ir al bosque Macuto donde llegaba el servicio de autobuses, y había sido trasformado en un balneario, sitio para el disfrute de los jóvenes. 
Frecuentaría numerosas fiestas con su hermana Ana y su esposo Teodoro Richa, relacionándose socialmente, asiste a los bailes de los Club Sirio-libanés y Comercio, del cual era miembro afiliado Teodoro Richa, también van al Country Club por ser Victoria Richa y su esposo Pedro Gloria, cuñados de Ana, miembros afiliados.
Se realizan las elecciones ganando el escritor Rómulo Gallegos, este asume el poder el 15 de febrero de 1948. En este año, Elena viajaría a Curazao con su amiga Celina. Gallegos es derrocado en los convulsionados sucesos del 24 de noviembre de 1948, asumiendo el control de la situación del país una Junta Militar de Gobierno integrada por Marcos Pérez Jiménez, Luís Felipe Lloverá Páez y Carlos Delgados Chalbaud quien la presidio. A pesar de este golpe de estado, la sociedad y el modernismo seguían sus avances, el cambio de gobierno no repercutió en lo cotidiano.   
Por esos días, estaba de furor los vestidos donde se usaba gran cantidad de tela con las clásicos faldas anchas, maquillaje con los colores de última moda, siendo imprescindible que el de la sombra combinara con el bolso que se llevara y este con los zapatos, el cambio de largo de cabello lo impone Marilyn Monroe con la melena soigneé, que es corta y ondulada, la cual desplaza definitivamente a los moños recogidos a lo alto de la cabeza y los sombreros de los años 40. Helena cambia el estilo de peinarse a finales de los 40 e inicia una nueva etapa en el vestir que complementa con lo aprendido en los clubes de las petroleras de Cabimas. Hacen su entrada la elegancia y sofisticación de la mano de Christian Dior, de la cual es admiradora. A principio del año 1949 asistiría al matrimonio de su hermana Bolivia y compartiría junto a sus hermanos. No faltaba un compromiso social o cualquier otro festejo como los carnavales o fin de año, siempre llevada por su hermana Ana, en una de esas fiestas conocería a Vicente.