Entradas populares

martes, 8 de noviembre de 2016

Capitulo 44 La reconciliación.

Un día María Adelina cae en cuenta que la añoranza se había apoderado de su alma, se revela inesperadamente, asustándola como si se tratara de un espectro, meditaba en como resolvería la raíz de su nostalgia cuando recibe aquella carta de su cuñada Julianita, quien le advierte que según comentarios, Pancho había mudado a su amante a El Toronal, le escribe: “María si no te vienes inmediatamente, perderás definitivamente a tu marido, me consta que te ama pero ellos lo hacen de una forma diferente a nosotras, los hombres son cuerpo nosotras espíritu, aquel día del suceso de los huevos de la pata en el cual te fuiste a casa de tus padres, yo lo vi llorar, pero ahora dice que su vida se ha roto varias veces y siempre lo superó, que lo hará de nuevo, de ti depende, no lo permitas. 
Así que decide venirse sorpresivamente, se lo dice a sus padres, quienes ya lo intuían, esto ocurre a mediados de 1924, será la despedida definitiva de su casa, de su cuarto de soltera, siente que es la última vez que vivirá con ellos, dejará de ser la hija consentida para convertirse finalmente en la mujer de Pancho Castro, mientras prepara su viaje acaricia con una mano ansiosa los objeto del entorno. Al salir de allí contempla todo a su alrededor como absorbiendo lo que serán sus recuerdos, iniciará un nuevo vaivén en su vida, al arrancar el vehículo no volteara a mirar a sus padres que la despiden en la puerta. 
La trae el chófer en el carro que le había dejado su marido, gracias a las mejoras del camino, se recorre en menos de un día, lleva a las morochas de 5 años y Bolivia de 3 años, este viaje es muy diferente al realizado cuando recién casada, aquella era una niña temerosa ante lo desconocido, ahora era una mujer que sabía lo que quería y como tomarlo.  
El abuelo Pancho que andaba a caballo y estaba en La Unión, la ve venir por la carretera, atravesándose detiene el carro y le pregunta: a donde se dirige Ud?, ella responde que va para El Toronal; él dice: ud no puede ir allí, simultáneamente saca el arma que siempre cargaba, apunta al chófer amenazante, ordenándole: “de la vuelta y regrese inmediatamente a Barquisimeto”. Ella le responde a Pancho que no se va, que esa es su casa y dirigiéndose al chófer le indica que continué, extrayendo igualmente un arma que cargaba escondida debajo de la falda, apuntándolo en la sien, le ordena que suba inmediatamente, aclarándole que ella si va a disparar sino obedecía la orden.
En vista de esta inesperada reacción, el abuelo sube a galope cortando camino por la colina, gritando y meciendo el sombrero: “ahí viene María” ante lo cual, asombrados los  peones que estaban en los cañaverales, preguntaban “¿Cual María, Don Pancho?” no deducían a cuál de las dos se refería, pues ambas mujeres se llamaban igual. Sin detenerse, Pancho desde el lomo del caballo, aclaraba “cuál va a ser, pues, María: la mujer mía”.
Cuando finalmente María Adelina llegó arriba, el estaba acostado en un chinchorro colgado en el corredor, refrescándose el rostro con el sombrero, con una mirada picaresca le pregunta: a quien buscas? aquí no hay nadie. Ella entra a la casa revisando, parecía una leona olfateando los objetos escudriñando los olores que delataran la presencia de la invasora. Pero la amante había sido expulsada, casi que lanzada por la parte posterior de la casa, que daba al cerro donde estaba el caserío El Turagual, las mujeres que trabajaban en la casa, rápidamente eliminaron todo rastro de ella. Una ventaja de El Toronal era su ubicación estratégica para huidas por la parte posterior.
Después de este episodio se reconciliarían, una nueva noche de bodas ocurriría en El Toronal, pero esta vez ella llevaría las riendas de la relación, con una pasión no experimentada hasta entonces, Pancho queda maravillado de aquella fogosa mujer que había llegado de la ciudad, en abril de 1925 nacería otra hembra, Rosario, ya eran siete niñas.
El abuelo Pancho ya no hacia ningún comentario imprudente con respecto al sexo de la recién nacida, diplomáticamente exclamó: “que nazcan todas las hembras que quieran” estaba feliz con el regreso de su esposa. Luego, en septiembre de ese año, viajarían a Barquisimeto para asistir al matrimonio de su hermana Panchita, llevarían a su nueva hija de 5 meses de edad. 
Es en esta ocasión que llevan a María de Lourdes y Roselia a fotografiarse con el uniforme del colegio y los libros nuevos. La foto de Roselia se extravió.
En agosto de 1926, vuelve a viajar, para llevar a las morochas y a Ana Dolores a iniciar estudios en la escuela Leopoldo Torres donde trabajaba su amiga Bolivia Tovar, las deja con su hermana en Barquisimeto, ya que así podían ir a la escuela, la casa de sus padres en Santa Rosa quedaba muy lejos. Es en estos años teniendo a 4 niñas en Barquisimeto que María Adelina le dice a Pancho que deben comprar una casa, pues quiere tener la suya, estaría ubicada en la misma calle donde ya vivía su hermana Angelina, la calle González Pacheco.
La abuela tenía un carácter fuerte, siempre cargaba un revolver en una funda amarrado con correas a la pierna, alcanzándolo sorpresivamente a través de un orificio ubicado en el bolsillo del vestido, desenfundándolo rápidamente. En una oportunidad trataron de abrir el baúl donde guardaban las morocotas, al escuchar el sonido de una campana que le había instalado ella, a modo de alarma, nadie conocía cómo abrirlo sin que sonara, sorprendiendo al ladrón, lo atrapó lanzándolo al suelo, cuando llegaron a auxiliarla, ella lo había dominado.
En varias ocasiones amenazó a Pancho, llegando a dispararle pues era un mujeriego, único defecto que tenía, según Mamayu su hija mayor quien escuchaba las disputas detrás de la gran puerta de madera azul, preocupada por lo que sucedía. El interrogatorio era en privado, en la Sala, fueron dos ocasiones memorables, la de los huevos de patas y otra anterior a ese episodio, el cual estuvo envuelto en el escándalo. Pancho salía todos los días bien temprano a supervisar las cosechas, los obreros y el ordeños, eso decía, pero también estaba pendiente de las mozas del caserío, un día ocurrió un suceso con una casada, a quien había enamorado, ambos habían convenido que ella le abriría la puerta de  la casa al quedar sola, así fue, pero el marido de la mujer regresó inesperadamente, descubriendo la infidelidad, obligando a Pancho a saltar por la ventana desnudo al no darle tiempo de vestirse, escondiéndose en los cañaverales, esparciéndose la noticia a través de los obreros, quienes presencian su veloz huida mientras le avisan por donde debe irse, el sembradío era por donde circulaban los rumores censurados de las andanzas de la comunidad, pasaba de obrero a obrero, luego a sus mujeres, empleadas de la casa y así llegaban finalmente a oídos de la abuela. 
A pesar del fuerte interrogatorio al que era sometido, era negado rotundamente por Pancho, era inocente alegaba, sabía  que  confesar  la  verdad le acarrearía consecuencias graves, tal como sucedió después cuando los huevos de la pata.


No hay comentarios:

Publicar un comentario