El evento inaugural del mundial de futbol realizado
en el año 2014 en Brasil era ansiosamente esperado pero por varios motivos
fue un gran fracaso, resultando en un trillado espectáculo demostrando sus
debilidades.
La ceremonia solo duro escaza media hora y cualquiera
de las fastuosas celebraciones de los conocidos carnavales de Brasil la
dejaría pálida, lo que tiene una explicación y me atreveré a nadar en este mar
de leva.
Todo comienza por el populismo, !Cuando no es
pascua en diciembre!, cuyo gobierno está en manos de representantes de la
izquierda latinoamericana, miembros de la otrora corriente política
admirada y respetada mundialmente por su filosofía humanística, de defensa de
derechos humanos, de la democracia y de la justicia social ideales dispuestos a
defender hasta con sus vidas pero que hoy al detentar el poder han degenerado
en una pandilla de corruptos y violadores de los derechos fundamentales del
hombre como nunca antes se había visto.
Esto originaría en la poderosa clase media
brasileña un desahogo inesperado del descontento que estaba disfrazado
hábilmente por los líderes escarlatas contando con la cooperación del clan
internacional de compinches de las organizaciones de DDHH como Unasur, OEA,
Celac, Mercosur, Caricom, ONU, etc que supuestamente deberían velar por su
cumplimiento a cabalidad.
Sintiéndose el pueblo en total abandono de estas mancomunidades
deciden, guiados por un instinto de supervivencia, utilizar el evento deportivo
para gritarle al mundo su desacuerdo con estos dictadores escarlata: no podían
pelar ese boche.
Y al igual que en Venezuela, así mismo se extiende
epidémicamente por toda América Latina un rechazo que raya en lo insoportable
para los oprimidos por estos dueños del poder socialista.
¿Que les
paso a estos modernos Robín Hood? Habrá que aceptar el axioma de que el dinero
corrompe y no fueron capaces de resistir los cantos de sirena, dejándose
arrastrar hacia esos oscuros abismos.
Lo cierto es que la responsabilidad de ellos para
preservar a la izquierda mundial es grande y por eso no deberían soslayar extremos
como el sucedido en los juegos Olímpicos de Múnich,
celebrados en Alemania Occidental en 1972, empañado por las acciones
terrorista de un grupo palestino conocido como “Septiembre Negro” quienes
contaron con la cooperación de alemanes neonazis radicales donde 11
atletas israelíes y otros resultaron muertos, todo por no saber leer la
Política con mayúscula.
Ante esto es
preferibles andar con auxilio de un exoesqueleto controlado por
la actividad cerebral superior o consciente, la misma que rige la voluntad que
es imprescindible para una ayuda tan necesaria para salirse de esa vieja y
anticuada silla de rueda que nos aprisiona en remotos tiempos hoy superados
gracias al avance indetenible de la humanidad y sus diversas formas de solventar
problemas.
Este invento anunciado para ayudar a
un paciente a dar el puntapié inicial de la ceremonia de apertura en el Mundial
solo fue cubierto durante seis segundos, perdiendo la sociedad de conocer los
grandiosos avances de la ciencia en el que en un futuro no muy lejano las
personas como Juliano Pinto de 29 años, parapléjico por un accidente
automovilístico el cual por primera vez usó este aditamento logrando caminar
nuevamente y dar ese chute de relevancia histórica demostrando que la humanidad
podrá superar cualquier obstáculo a cuya corriente la izquierda latinoamericana
debería sumarse prontamente sino quiere ser arrollados.

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