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sábado, 14 de junio de 2014

El exoesqueleto de Brasil y Múnich.

El evento inaugural del mundial de futbol realizado en el año 2014 en Brasil era ansiosamente esperado pero por varios motivos fue un gran fracaso, resultando en un trillado espectáculo demostrando sus debilidades.



La ceremonia solo duro escaza media hora y cualquiera de las fastuosas celebraciones de los conocidos carnavales de Brasil la dejaría pálida, lo que tiene una explicación y me atreveré a nadar en este mar de leva.

Todo comienza por el populismo, !Cuando no es pascua en diciembre!, cuyo gobierno está en manos de representantes de la izquierda latinoamericana, miembros de la otrora corriente política admirada y respetada mundialmente por su filosofía humanística, de defensa de derechos humanos, de la democracia y de la justicia social ideales dispuestos a defender hasta con sus vidas pero que hoy al detentar el poder han degenerado en una pandilla de corruptos y violadores de los derechos fundamentales del hombre como nunca antes se había visto.

Esto originaría en la poderosa clase media brasileña un desahogo inesperado del descontento que estaba disfrazado hábilmente por los líderes escarlatas contando con la cooperación del clan internacional de compinches de las organizaciones de DDHH como Unasur, OEA, Celac, Mercosur, Caricom, ONU, etc que supuestamente deberían velar por su cumplimiento a cabalidad.

Sintiéndose el pueblo en total abandono de estas mancomunidades deciden, guiados por un instinto de supervivencia, utilizar el evento deportivo para gritarle al mundo su desacuerdo con estos dictadores escarlata: no podían pelar ese boche.

Y al igual que en Venezuela, así mismo se extiende epidémicamente por toda América Latina un rechazo que raya en lo insoportable para los oprimidos por estos dueños del poder socialista.

 ¿Que les paso a estos modernos Robín Hood? Habrá que aceptar el axioma de que el dinero corrompe y no fueron capaces de resistir los cantos de sirena, dejándose arrastrar hacia esos oscuros abismos.         

Lo cierto es que la responsabilidad de ellos para preservar a la izquierda mundial es grande y por eso no deberían soslayar extremos como el sucedido en los juegos Olímpicos de Múnich, celebrados en Alemania Occidental en 1972, empañado por las acciones terrorista de un grupo palestino conocido como “Septiembre Negro” quienes contaron con la cooperación de alemanes neonazis radicales donde 11 atletas israelíes y otros resultaron muertos, todo por no saber leer la Política con mayúscula.

Ante esto es preferibles andar con auxilio de un exoesqueleto controlado por la actividad cerebral superior o consciente, la misma que rige la voluntad que es imprescindible para una ayuda tan necesaria para salirse de esa vieja y anticuada silla de rueda que nos aprisiona en remotos tiempos hoy superados gracias al avance indetenible de la humanidad y sus diversas formas de solventar problemas.

Este invento anunciado para ayudar a un paciente a dar el puntapié inicial de la ceremonia de apertura en el Mundial solo fue cubierto durante seis segundos, perdiendo la sociedad de conocer los grandiosos avances de la ciencia en el que en un futuro no muy lejano las personas como  Juliano Pinto de 29 años, parapléjico por un accidente automovilístico el cual por primera vez usó este aditamento logrando caminar nuevamente y dar ese chute de relevancia histórica demostrando que la humanidad podrá superar cualquier obstáculo a cuya corriente la izquierda latinoamericana debería sumarse prontamente sino quiere ser arrollados.



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