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viernes, 14 de octubre de 2016

Capitulo 43 Los huevos de la pata.

La llegada de una carta a El Toronal cambiaría la vida de María Adelina radicalmente, cuyo embarazo le estaba causando hinchazón en los tobillos y le daba mucho calor, decide caminar por el fresco corredor trasero donde se ubica el área de trabajo de las mujeres en las labores domestica, a medida que se acerca ve a su cuñada Julianita a través del ventanal, se encontraba de visita con sus dos hijas mayores, Tomasa y Angélica, está hablando algo molesta con una desconocida, la cual le pasa una carta nerviosamente. Julianita abre la carta y la lee, descubre que era de parte de la amante del abuelo Pancho, María quien también estaba embarazada, casi con la misma fecha de su cuñada y le requería un dinero para el parto que se estaba acercando. Al enterarse del motivo de la correspondencia, Julianita la rompe y la arroja por encima del pretil del corredor hacia el patio trasero. La abuela le extraña esta actitud de Julianita, se retira cautelosamente llamando a las dos sobrinas para solicitarles que la ayuden a buscar unos supuestos huevos de los patos, que acababa de poner el ave, les dice que coincidencialmente el nido estaba ubicado en el patio trasero. Al acercarse al lugar donde estaban los fragmentos de papel, les pide que se lo recojan, pues por su avanzado embarazo no puede agacharse y les agradece el favor. Tomasa y Angélica sin saber lo que hacían, pues no estaban al tanto de lo que pasaba, común en esta época del secretismo, sin preguntar se los reúnen y los entregan. María Adelina entra a la casa, rehace la carta y logra leerla. Nadie imaginaba lo que estaba por suceder.
Ella espera la llegada del abuelo, pasando con él a la Sala, cerrando la puerta tras de sí, hecho que lo pone sobre aviso, le reclama airadamente, siempre había tenido sospechas de su infidelidad pero había sido negado reiterativamente, ante el descaro de él, procede a mostrarle la carta. Toma, lee, le dice, el se niega a hacerlo, entonces ella se la lee y saca la pistola que siempre tenía en un bolsillo escondido, amenazándolo de matarlo si no confiesa, el estoicamente mantiene su inocencia, ante lo cual ella le dispara varias veces al aire, el abuelo permanece en silencio ante la evidencia mostrada, entonces la abuela decide irse a casa de sus padres en Barquisimeto.       
En el pueblito de Santa Rosa da a luz a su quinta hija, allí vivían ellos y era donde se había casado, Pancho viene al nacimiento de la niña dándose cuenta del cambio de ella, quien le dice que se quedara una temporada, sin imaginar cuan larga sería la estancia, la acompañan sus hijas Roselia, Ana, y las morochas de 2 años. La mayor estaba interna en el colegio de Siquisique.
Al año siguiente en 1923 María de Lourdes es retirada del colegio de Siquisique para traerla a Barquisimeto pues María Adelina le había notificado a su marido que se quedaría a vivir en la ciudad con o sin él. Pancho permanece una temporada con ella tratando de convencerla de regresar a El Toronal alegando que esa era su fuente de ingresos, su trabajo, lo que sabía hacer y le gustaba. Ocultándole el ritual que su madre Bartola le había hecho para atarlo al lugar, su otra poderosa razón.
La madre le alega que en la ciudad las niñas tendrán mejores oportunidades de estudio, así que las dos hijas mayores, Lourdes y su hermana Roselia, son internadas en el colegio para niñas de la Inmaculada Concepción. En la hacienda habían recibido cierto grado de instrucción con una maestra particular.
Parte de las actividades favoritas de los barquisimetanos era tomarse fotografías, gracias a ellas podemos asomarnos al maravilloso mundo social de la primera mitad del siglo XX época en que sencillos acontecimientos eran una fiesta, no solo las mujeres se arreglaban para fotografiarse sino también los hombres.
A sabienda que su mujer le agradaba la vida social, tratando de complacerla, va al estudio fotográfico, sus suegros que están de su parte y deseando que se reconciliaran pues palpan la tristeza de su hija, lo aconsejan que participe, ese día se realizan varias fotografías, una de estas es con las dos niñas mayores que se irán al internado, Lourdes de 9 años y Roselia de 7 años, Pancho elegantemente trajeado para atraerla, hasta peinado moderno con bucle.
Sus suegros fueron los de la iniciativa de ir a tomarse la fotografía para la sala de la casa, le dicen a Pancho que aproveche y le proponga a su esposa hacer ellos igual. Es en esta misma fecha que los 4 se toman las que están enmarcadas en los portarretratos en forma de medallones, estaba la bisabuela Adelina viva, con el bisabuelo Teodoro canoso pero aun lozano y la abuela María Adelina algo demacrada con el abuelo Pancho, todavía sin canas, igual a la foto con dos hijas mayores, muy arreglado con paltó, corbata, leontina y botines.
Estas eran realizadas en los estudios fotográficos de la época entre los que destacaba el de Amabilis Cordero, quien aprende el oficio alrededor del año 1920, de la mano del maestro Jesús González, en 1926 era ya un conocido fotógrafo, instalado en un modesto estudio del centro de Barquisimeto, en la esquina de la carrera 19 con calle 31, donde después funcionó el cine Florida. Esta calle era muy concurrida permitiendo el contacto masivo con este estudio. Además el hecho de que Amabilis Cordero era de Duaca y que también incursionará en el cine con su  documental “Los milagros de La Divina Pastora” su primera película, que fue un éxito gracias a lo cual los barquisimetanos se aficionan a la fotografía y al cine, notándose el incremento del volumen de registros gráficos a partir de estos años. Barquisimeto será una de las ciudades de Venezuela con más cine del país.  
Estando ambos matrimonios en el estudio, Pancho invita a su esposa a fotografiarse, lo hace delante de sus suegros quienes están en el complot, ella alega no estar vestida adecuadamente. Como dato curioso ambas mujeres, madre e hija usan el mismo collar, por lo que se puede deducir que Adelina Meléndez se lo prestó a su hija para la foto, indudablemente imprevista. No es difícil imaginarse la siguiente conversación: hija no hay problema quítese esa cinta que usa ud, póngase mi collar que le queda mejor y así uds también tendrán su foto para la sala de su casa; ella debe haber exclamado una leve protesta: Mamá ud si es!, accediendo finalmente. Era un mensaje subliminal de la permanencia del matrimonio.      
De estos tiempos mi mama Elena guarda el recuerdo de la Iglesia de Santa Rosa que estaba frente a la casa cruzando la calle y a la cual visitaban frecuentemente, de los abuelos que las querían mucho y les gustaba verlas jugando juntas. Un día llega otra carta, pero esta vez viene dirigida a María Adelina ….  









martes, 4 de octubre de 2016

Los caballeros de blanco.

Recuerdo lo sucedido en Colombia con el plebiscito del 2 de octubre, un referendo para aprobar los acuerdos de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP).

Su resultado por el “No” aunque de menos del 1% de ventaja, ante el cual el mundo se preguntaba, ¿Qué factor o factores determinaron este inesperado triunfo de la oposición?. Opiniones sobran, pero lanzaré una hipótesis sin aspirar a un análisis sesudo, desgranaré las emociones de un suceso ocurrido en los últimos meses del año gregoriano que impactaron profundamente en el hermano país.

Es bien sabido por la historia los sentimientos de Simón Bolívar hacia Colombia y, lo de ellos hacia El Libertado, el  respeto, admiración y amor que sienten por él. Cuando uno visita a ese país constata el relevante lugar que ocupa Bolívar no solo en la historia sino en sus corazones, es difícil encontrar las palabras que definan esta relación amorosa entre Colombia y Bolívar.

El 5 de julio de este año ocurrió un suceso inesperado, 500 mujeres venezolanas vestidas de blanco forzaron la cerrada frontera colombo-venezolana sin importarles los militares mal encarados y fuertemente armados que del lado Venezolano les impedía el paso, marchan en procura de comida para sus hijos que lloran por hambre, insólito en la Venezuela petrolera, aquello parecía, como dijo el gobernador del estado fronterizo, un “show mediático”,  no podía ser posible: hambruna en Venezuela, esto rompe el celofán en la prensa internacional.   

Como sucede en una obra de teatro que poco a poco abre el telón permitiendo a los espectadores ver la obra, así mismo aquel fenómeno ocurrido en el puente internacional Simón Bolívar con las damas de blanco, aparentemente insignificante dentro del sombrío acontecer político, develó o mejor dicho confirmó una verdad que empezaba a vislumbrarse en el mundo, para el 17 de julio ya se había convertido en un torrente indomable de más de 150.000 personas cruzando el puente, era inocultable, el rey estaba desnudo.

Del lado Colombiano, escenas conmovedoras de las autoridades, principalmente militares y policías, acogiendo a los desesperados venezolanos. Cumbias como “La pollera colora” popular en nuestro país les daba la bienvenida, chocolate caliente y desayunos repartidos por militares, autobuses gratuitos para su traslados ida y vuelta de Cúcuta hasta el puente, una solidaria escena de un policía montado ayudando a llevarle sus compras a una señora, un ejemplo de educación, de respeto al ciudadano que tanto admiraba Bolívar y, confieso sentí envidia de este proceder. 

Las escenas del maltrato a la población civil por parte de los militares en nuestro país rodaban por el mundo desde hacía largo tiempo, la excusa del gobierno era que se justificaba por ser una población golpista mal influenciada por el Imperio, que en el país no había hambre, que los anaqueles estaban abarrotados, que todo era falso. Los organismos internacionales cómodamente le daban credibilidad a esta versión oficial, hasta que sucedió lo del puente, punto de quiebre para los caballeros de blanco apoltronados en La Habana, luciendo sus rechonchas siluetas mientras fumaban los famosos habanos Cubanos, hablando de paz con connotados líderes mundiales, cuando sorpresivamente las heroicas damas de blanco Venezolanas los desenmascaraban junto a su falsa revolución del siglo XXI, de hambre y miseria para los pueblos. 

Los Colombianos lo vieron en sus hermanos, no era un cuento mediático, era una realidad dolorosamente palpada por ellos,  luego vino el efecto dominó…

       









jueves, 29 de septiembre de 2016

Capitulo 42 Los inmigrantes libaneses y del campo venezolano.

Sin imaginarse aquella muchacha recién casada con Pancho, apenas unos días de finales de 1913, que al unisonó de su matrimonio ocurría la llegada de una familia libanesa a Barquisimeto, los Richa, como todas las inmigraciones las razones de estos periplos eran económicas y sociales.
En la sociedad libanesa, además de los musulmanes, existía un grupo importante de cristianos maronitas y  ortodoxos, que estaban segregados, en el cual las practicas de su fe se habían convertido en peligrosas además de ser sometidos a fuertes impuestos por parte del gobierno por el simple hecho de ser católicos, cerrando las libertades fundamentales y acosados en sus actividades comerciales. Este adverso panorama los impulsaría a probar suerte en otros lugares, Venezuela era uno de esos horizontes prometedores, así llegan los primeros libaneses a finales del siglo XIX a nuestro país. Uno de estos sería Joseph Yebaile y su familia, residenciándose en Valencia en 1890 posteriormente partirían a la prospera Barquisimeto desde donde ayudarían a emigrar a los que quedaban rezagados en su tierra de origen, así llegaría su hija Emma Yebaile (Mamema como la conocimos) con su esposo David Richa con dos hijos, Margot nacida en 1910 y Teodoro en 1912 un niño quien apenas tenía un año de edad al desembarcar en Venezuela, ambos nacidos en el Líbano, tiempo después su camino se cruzaría con una de las descendientes de Bartola Castro, Ana Dolores con la cual escribiría una página de la historia social de Barquisimeto. 
Aquella Venezuela de principios del siglo XX estaba conformada por un tejido social de emigrantes del interior rural del país que abandonaban los campos debido a que los cultivos de cacao y café habían comenzado a declinar y eran atraídos por el auge del comercio junto al inicio de las compañías petroleras, aquellos hombres y mujeres tomaban sus familias, vendían sus propiedades y se dirigían a las ciudades, en su camino se encontrarían con los inmigrantes llegados de diversos países tales como Italia, Líbano, Portugal etc con una historia muy parecida de dolor por el abandono de sus lugares de origen, la incertidumbre de lo desconocido, la falta de dinero con la que llegaban pero con inmensas ganas de trabajar para lograr sus objetivos: la prosperidad. Fue fácil identificarse entre sí y de esta manera conformarían el nuevo rostro de aquel pujante país. Podría decirse que otro mestizaje había comenzado. 
Numerosos libaneses vendieron sus propiedades, embarcándose en los diferentes puertos de Sidón, Beirut y Trípoli, tras el sueño dorado de la América libre, plural y prospera, constituyéndose en la primera oleada de inmigración libanesa; la segunda salida masiva ocurre después de la I Guerra Mundial, alrededor de 1918 por las duras condiciones económicas de la posguerra, entre ambas oleadas existió una emigración constante aunque de menor cuantía, atraídos por familiares, vecinos y amigos, las llamadas cadenas migratorias que orientaban y ayudaban económicamente a sus paisanos en su nueva patria. Estos libaneses eran expertos comerciantes, principalmente en la quincallería en general y la venta de telas de los cuales son grandes conocedores por estar su país situado en la “Ruta de la Seda”. Pero además traen dos métodos de venta innovador nunca antes visto, el sistema por cuotas o a crédito y la venta de manera ambulante de casa en casa entre la clase humilde y la naciente clase obrera, lo que sería la futura clase media, constituyéndose en un éxito al no competir con los grandes comercios establecidos. Fueron los primeros innovadores del país. Ellos coparon un mercado popular que estaba desasistido, logrando implantarse dentro de la nueva clase social emergente en Venezuela a costa de su trabajo.
Cuando los puertos y las ciudades aledañas se congestionaron con los primeros libaneses, los que llegaban más tarde se sumarían a la gran masa de Venezolanos que estaban movilizándose desde el interior del país a las ciudades. Dentro de estos dos grupos estarían por un lado, Pancho y su familia quienes venían del municipio Urdaneta del estado Lara y por el otro la familia Richa Yebaile con sus hijos procedentes del Líbano, ambos se establecieron en la pujante Barquisimeto. Estando ya aquí  nacerían los otros hermanos Richa Yebaile: Bertha casada con Pedro Zayek con su venta de telas “Blanco y Negro”; Antonia casada con José Gassan con su sastrería “El Puño de Oro” donde acudía el presidente Luis Herrera Campins a que le elaboraran sus trajes, Victoria casada con Pedro Gloria de origen colombiano miembro fundador del Club de Leones, el club Ayarí y el Country Club. El menor Farid casado con Norma una venezolana, impulsa el deporte razón por la cual el estadio deportivo de la ciudad lleva su nombre. Margot se casaría con Jorge Faroh estableciendo un almacén en la calle Comercio, "La Preferida".
La fuerte tradición familiar libanesa inculcada a los niños desde temprana edad como parte de su educación fundamental que abarcaba no solo la fe católica, sino también la comida libanesa, el idioma, pero principalmente el respeto a las reglas del buen proceder los ayudaría a identificarse con la conservadora familia Venezolana de fuertes principios y valores tanto católicos como sociales heredados de la época de la Colonia, esto facilitó el engranaje, gracias a lo cual los libaneses se insertaron en nuestra sociedad con gran éxito y se fundieron en un solo pueblo como lo hicieran los Richa con la familia Castro con quienes compartimos íntimamente.
Muy lejos estaban Pancho y su esposa de imaginar que, mientras salían de Barquisimeto de regreso a El Toronal, arribaban a la ciudad una familia que se integraría con ellos. Por un lado los libanes adaptándose a su nuevo país, conquistando comercialmente la ciudad que los acogería y por otro lado la familia Castro Giménez quienes estaban experimentando una salida del medio rural gradualmente, abarcando toda su vida de casados, en un constante ir y venir entre Barquisimeto y El Toronal durante 22 años, en sus recorridos presenciarían la transformación del sendero que comunicaba ambos lugares, de un paso angosto de tierra, por donde solo transitaban mayoritariamente personas a pie, en bestias y algunas en carretas, hasta convertirse en una carretera por donde circularían los primeros vehículos llegados al país, todavía existe este viaje eterno de nuestra familia, siempre de regreso a nuestras raíces, por ese mismo camino que hoy día es una carretera asfaltada que se recorre en dos horas.
El primer viaje de este matrimonio ocurre a finales de 1914 cuando vienen a protocolizar el documento de propiedad de El Toronal, llegarían a casa de sus padres en Santa Rosa, donde pasaría las navidades, una tradición hasta la muerte de ellos, allí se quedaría hasta febrero de 1915 que fue el bautizo de su hija María de Lourdes cuyos padrinos serían la abuela Adelina de Giménez y su hermano Sixto Giménez. Luego vino un periodo de dos nacimientos muy seguidos, en el cual no viajaron a Barquisimeto, hasta en 1918 cuando vinieron a bautizar a Ana Dolores, sus padrinos fueron los hermanos de María Adelina, Teodoro Giménez hijo y Panchita Giménez, aun soltera. Era el primer viaje de Ana Dolores a la ciudad donde vivían los Richa, su destino estaba ligado al nombre Teodoro, su abuelo, su padrino y su futuro marido.
Al siguiente año en 1919 ocurre el nacimiento de las morochas Castro en El Toronal por lo que Adelina Melendez, madre de mi abuela María Adelina acude al parto de su hija y viaja en el primer Camión de transporte masivo que funcionaba entre Barquisimeto y Siquisique con paradas en los poblados existentes en el camino. La comunicación terrestre había comenzado a modernizarse y ya no era obligatorio enviar el carro familiar a buscarla.
El otro viaje conocido fue el realizado para su quinto parto por la recién culminada carretera Bobare-Siquisique, aun de tierra pero ampliada y nivelada, va en el carro Ford T que habían comprado, ella contaba con 26 años, el motivo de este viaje fue por el descubrimiento de la infidelidad del abuelo Pancho, molesta se quedaría con sus padres en Santa Rosa donde nacería Bolivia en 1921, allí la bautizaría, siendo sus padrinos el Dr. Martin Alvizu y Rosa Aurelia de Sánchez.
A partir de este acontecimiento la abuela deja de ser la mujer sumisa y entregada a la voluntad de su marido, acorde a la educación impartida en esta época, papel que había desempeñado desde que se casaran. Por primera vez escoge el nombre de una hija, por su amiga la educadora Bolivia Tovar, los anteriores los había realizado Pancho con su suegra Bartola o con su madre Adelina.
Su marido las visitaba con frecuencia tratando de arreglar el impase, sin lograrlo pues no internalizaba el cambio de ella. Quería no solo mudarse a Barquisimeto sino comprar una casa independiente para ellos que le permitiera recuperar la vida social y cultural que existía intensamente aquí, además casi todos sus parientes y conocidos habían emigrado a la ciudad. Allí estaba esperando el destino de sus hijos, principalmente de las mujeres.  





lunes, 12 de septiembre de 2016

Capitulo 41 El matrimonio:

Finalmente había llegado el día de la boda de María Adelina, era el mes de noviembre de 1913, después de esperar, a solicitud de sus padres, que cumpliera los 18 años de edad y pasara el luto rígido por la muerte de su hermano mayor, periodo que había transcurrido como un breve suspiro.
Pancho, el novio de 37 años acababa de llegar de El Toronal, venía acompañado de algunos familiares. Su matrimonio civil había sido fuera de lo común al estar ausente en el acto, representado por un amigo mediante un poder otorgado, el motivo era por sus enredos de identidad, en su nueva familia desconocían el hecho de tener otra nombre oculto que nadie sospechaba. Ya resuelto el problema y viendo que todo se desarrollaba normalmente con el nuevo nombre plasmado en el documento, fija la fecha del matrimonio eclesiástico, realizado en la Iglesia de La Concepción.
Ella entra a la Iglesia con el pelo recogido cubierto con una mantilla de encaje con reborde rematado en flecos, cubre hombros y descote durante la ceremonia eclesiástica, hace juego con el vestido gris o azul oscuro, este ultimo color se asociaba con el amor verdadero, eterno y la fidelidad. El blanco no era de uso obligatorio, las novias podían elegirlo de acuerdo a su preferencia y su significado, esto les permitía que después de la boda se pudiera usar en otras festividades. La riqueza de los tejidos de estos trajes era lo que representaba la importancia de la ceremonia y el estatus económico de la familia de la novia, los cuales se confeccionaban en pequeños talleres de alta costura que existían en Barquisimeto o se traían hechos del extranjero.
El de ella era ligeramente al estilo imperio con una banda ancha a modo de cinturón que marcan la cintura, la falda larga hasta el suelo de varios cortes longitudinales que le daban cierta languidez a la figura, inicios de la nueva moda, manga debajo del codo, escote en V de donde parte un tul con aplicaciones que permiten ver la piel rematado en un traslucido cuello alto, todos los rebordes de las diferentes piezas llevan flecos los cuales son muy llamativos. Este vestido denota estar al tanto de las últimas novedades que estaban desplazando a los voluminosos vestidos de la bella época, ya no se usan los armadores. En la mano derecha lleva el anillo matrimonial, aferrando una pequeña cartera y un abanico accesorios del vestir elegante para la época y en la izquierda una pulsera de oro y un anillo con una piedra preciosa en el dedo meñique, posible regalo del novio. Se nota la casi ausencia de maquillaje. El con gruesos bigotes y peinado con bucle en la parte superior de la cabeza de moda en los hombres, con saco largo por encima de la rodilla cruzado con dos botones, de color obscuro, manga larga y solapa ancha, debajo chaleco y camisa blanca con cuello y corbata obscura. El lleva en la mano derecha el anillo matrimonial y con la izquierda toca discretamente con su dedo meñique el dedo de ella en gesto de amor y complicidad.
En el matrimonio estarían los hermanos de Pancho, Goyo Castro y Cosme Perozo, quienes se fotografiarían en los mismos estudios donde lo hicieran la pareja, pudiéndose observar la misma composición con el manto.  Ambos hermanos vestidos elegantemente a la usanza de la década de 1910 y principios de los años 20, característico el bigote con las puntas enroscadas. Goyo Castro de blanco incluso los zapatos de moda masculina. Era costumbre al salir del acto en la Iglesia, dirigirse a los estudios fotográficos, los novios se tomaban un retrato con el fin de dejar constancia de la realización del matrimonio, luego se compartía amenamente con música y comida en la casa de la novia.   
La familia tarda un mes para entregársela a su marido luego de lo cual se van a vivir para El Toronal, viaje que seria por la primera carretera que comunicaba a Barquisimeto con Siquisique, construida en 1910 bajo las iniciativas particulares del Sr. Cornelio Sánchez en Bobare y del Sr. Santiago López en Siquisique, facilitando el creciente transporte de madera en carretas de bestias, este recorrido se tardaba de 1 a 2 días, haciendo necesario una parada en Matatere que quedaba a mitad de camino, una posada que tenía un salón de paredes de bahareque, piso de tierra apisonado, techo de palmas donde se podía comer un hervido de chivo o de gallina y se dormía en hamacas o chinchorros que llevaban o se las alquilaban. Antes de esta carretera existía la ruta de los arrieros, para caballo, burro o pequeñas carretas, parte de este trayecto era por los lechos de los ríos con una duración un poco mas larga de dos a tres días. En 1917 empezó a funcionar el primer Camión de transporte masivo por la nueva ruta mejorada con participación de fondos del gobierno, cuando no había lluvia el recorrido se realizaba en doce horas aproximadamente, representando un gran avance.
Para la fecha en la cual los abuelos contraen matrimonio ya existía un camino aunque rustico pero transitable tanto para bestias de cargas como para carretas de tracción, así que esta pareja, después del casamiento, en su viaje a su hogar, vendrían con sentimientos encontrados, María Adelina sumergida en la tristeza de la separación de su entorno familiar principalmente de su madre, sumado a la alegría de estar casada con el hombre amado con el que formaría una familia. Sus lágrimas corrían por su rostro como un río desbordado sin control y sin estremecimientos, en silencio, con angustia, llamando la atención de Pancho que le preguntaba si le dolía algo. No sabía que responder. Solo tenía conciencia de la vida que terminaba y la nueva que comenzaba, lloraba por ambas. El cometa Halley la había llevado a nuevos rumbos y allí estaba regresando por los mismos caminos. 
Este viaje de retorno a su tierra natal era muy incomodo para ella pues la mujer no tenia facilidades de aseo personal y además el pudor impedía hablar de las necesidades fisiológicas con su marido. La ropa interior de esta época consistía en bragas, sujetador, fajas más ligeros que los de años anteriores, corsés, sin enaguas, se usaba la camisola y medias color carne, dificultando la hora de la higiene.
Llegan a El Toronal en diciembre, donde pasan su luna de miel, nueve meses después nacería su primera hija. 


domingo, 28 de agosto de 2016

Drones e indios!

Lo que sucede en nuestro caribeño país es único en el mundo, como ejemplo tenemos la prohibición por casi 10 días de los vuelos en jet particulares y Drones. Ahora la pregunta que despierta curiosidad es: Por qué?  
Recordemos, en la prensa nacional comienzan tímidamente a surgir dos noticias, una de ellas del domingo 21 de agosto, es la peregrinación de un solitario y joven sacerdote vestido con una sencilla sotana amarrada a la cintura con una cabuya que resalta su delgada figura, es el párroco de la Iglesia Nuestra Señora de La Soledad, sale de la ciudad de El Tigre situada en el Estado Anzoátegui, rumbo a Caracas.
Días después, el miércoles 24 de agosto rompe el celofán, como dicen en los medios, la segunda noticia, una marcha de unos cuantos indígenas venezolanos semidesnudos y en sus cuellos colgando collares multicolores elaborados con materiales artesanales tal como siglos antes de ser colonizados, recorrerán más de 700 kilómetros desde el estado Amazonas hasta Caracas, dispuestos a superar cualquier contratiempo, como la falta de transporte público y la ausencia de facilidades para viajar, sin embargo esto no les impedirá su movilización para reclamar por su gentilicio humillado. Guarulla, gobernador de la entidad, recordó que el TSJ impidió la investidura de tres diputados indígenas, electos en diciembre pasado y que aún no hay respuesta sobre este tema.
Jamás pudimos pensar que estos dos hechos aparentemente de poco peso político, ocasionarían una respuesta tan desproporcionada en los cuerpos de seguridad del estado y tan descabellada como la prohibición de vuelos particulares y Oh, insólito! igualmente de Drones no tripulados, desde el 26 de agosto hasta el 5 de septiembre. Cuando leo la noticia inmediatamente veo que la fecha coincide con la “Toma de Caracas” y la movilización despreciada por el régimen de los indios y el sacerdote, que levantaron una desbordada pasión no prevista y sorprendente, obligándolos a impedir que los sobrevuele un Dron para ser vistos por el mundo. Entonces recordé un refrán popular lleno de sabiduría “Nunca se sabe por dónde va a brincar la liebre”      



lunes, 15 de agosto de 2016

Evolución de la fotografía del matrimonio en el Barquisimeto del siglo XX

Inicio este trabajo con el registro parroquial del matrimonio de Bartola Castro de 1872 en la Iglesia de Río Tocuyo, aunque no es una fotografía la descripción es tan detallada que no es difícil imaginarse la escena: ella vestida según la época con traje largo con cola, armador con aros de metal, el de uniforme militar. 
La primera fotografía de la saga Castro es de 1913, tomada en Barquisimeto en los estudios de los hermanos González, se observa una elaborada puesta en escena y que la novia no usa el vestido blanco, época en la cual este color no era obligatorio. 


La segunda fotografía es del año 1925 de la época del Charlestón, realizada en un estudio fotográfico con la novia con vestido blanco corto, con peinado recogido imitando el estilo corto algo masculino a lo Gancornne, quien de pie posa una mano posesiva sobre el novio que esta sentado.

La tercera fotografía es de 1933 con la novia de vestido largo pero de falda angosta, moda impuesta por Coco Chanel, lleva en las manos el buqué de flores que aparece por primera vez, peinado mas femenino con rizos a lo largo del cabello a lo Lauren Bacall, maquillaje con polvos rosados con labios pintados de rojos por primera vez, una moda de Helena Rubinstein y Elizabeth Arden.

La cuarta fotografía es de principios de 1940, por´primera vez los novios están juntos en una puesta en una escena menos elaborada, la novia lleva vestido blanco algo mas vaporoso, denotando el cambio de la moda. Maquillaje mas notorio en ojos y labios rojos. Novio con bigote a lo Clark Gable.
La quinta fotografía es de 1947 todavía se realizan en un estudio fotográfico, con los novios en pose mas intima. El vestido blanco es amplio, glamoroso, ella lleva peinado con cabello largo y voluminoso en la parte superior muy usado en estos años.
La sexta fotografía del año 1952 es la primera que no se realiza en un estudio, se hace énfasis en los elementos que componen el matrimonio. La novia lleva el clásico vestido blanco largo, vaporoso a lo Dior. Se observa el tradicional baño con arroz para la suerte.
La séptima fotografía es del año 1953, realizada igualmente fuera de un estudio, en las cuales aparece el entorno familiar, la madrina, los pajes. Novia con vestido blanco muy vaporoso.

La fiesta de matrimonio en 1953 con la gran familia característica de esos años.

La octava fotografía es de 1957, el fotógrafo se trasladaba a la Iglesia y es tomada por primera vez dentro de ella, el momento de imposición de los anillos. Observa el padrino Francisco Castro y quien la entrega Teodoro Richa, ambos testigos.  
Año 1957 entrando a la casa de la 37 propiedad de Ana y Teodoro Richa con la madrina Clementina Orozco y los pajes Mariela Roscioli y Oswaldo Orozco.
Año 1957 Brindis de los novios con el clásico manos entrelazadas y con la torta de matrimonio.
La novena fotografía del año 1958 de Elio Otayza se realiza en la entrada de la Iglesia de San Juan resaltando  los clásicos elementos de los pajes, la madrina y el familiar que entrega a la novia. Testigo Martín Orozco.

Año 1958 fotografía al momento del clásico intercambio de arras, observan de testigos Ana de Richa detrás del novio, madre de la novia y en la esquina derecha Doña Ramona Izaguirre de Pérez, madre del novio. 
Año 1958 El elaborado pastel del matrimonio, consiste en una Iglesia con los novios saliendo en un carruaje.
Año 1958 la familia asistentes al matrimonio.

sábado, 30 de julio de 2016

Capitulo 40 El despertar.

María Adelina durante los años comprendidos de 1910 hasta 1913 entra en contacto con la cultura, la moda, el arte, la música, la pintura, la fotografía y la vida social que en Barquisimeto estaba en pleno florecimiento debido al auge experimentado desde 1903, fecha de la última guerra en el país. Ella disfrutaría de una vida muy diferente a la de Bartola, su futura suegra, su padre nunca le permitió participar en conspiraciones políticas, ni tampoco conocería los sobresaltos de las guerras pues paradójicamente las dictaduras de Castro y Juan Vicente Gómez lograrían un periodo de calma en el país, al acabar con el caudillismo.
La ciudad, un pequeño centro urbano comercial muy pobre hasta finales del siglo XIX y principios del siglo XX estancado en lo social y económico por las múltiples guerras que la asolaban, al ser paso obligado entre las regiones Centrales con los Andes, marcando una reducción constante de la población debido a la alta tasa de mortalidad, con un promedio de vida bajo de unos 35 años debido a las muertes en combate, las enfermedades y la hambruna. Con la estabilidad política lograda sumado al avance del ferrocarril Bolívar, en funcionamiento desde 1891, la ciudad se convierte poco a poco en un centro de acopio y distribución de alimentos, logrando finalmente su despegue. Aquel nuevo mundo cosmopolita le permitiría salir del ámbito rural donde solo había conocido la vida de las haciendas de caña de azúcar y café, a la sociedad moderna del siglo XX, apenas vislumbrado por ella hasta ese momento.
María Adelina al año siguiente a su llegada comienza su noviazgo con Pancho y recorrerían juntos esta floreciente ciudad, una de las primeras salidas con su prometido sería al Teatro Municipal, conocido hoy como Teatro Juárez, ubicado en la calle Real (carrera 19) con la calle Juárez (calle 25), apenas con 5 años de  inaugurado. Van en uno de los carruajes que se alquilaban en la ciudad, vestidos de gala, el de palto levita a la rodilla con sombrero y ella de traje largo con abanico y cartera de mano, acorde a la solemnidad de la presentación que se llevaría a cabo en aquel moderno edificio de adobe y ladrillos de dos plantas con grandes ventanales y balcones, era la Semana Santa propicio para representar cuadros vivos inspirados en las sagradas escrituras. En esta sala también se estrenaba obras teatrales románticas, melodramáticas y comedias de diversas compañías nacionales y extranjeras. Funcionaba también como cine desde 1907 por encargo de Juan Vicente Gómez, un gran admirador de este arte, presentando pequeños reportajes cinematográficos de su gobierno, este dictador impulsaría su crecimiento y expansión por el territorio nacional.
Otra de las actividades artísticas de la ciudad eran la famosa escuela de pintura fundada por Julio Arze y las musicales con una Escuela de Música donde se impartían clases de clarinete,  piano,  guitarra, etc no en vano Barquisimeto sería conocido como la ciudad musical de Venezuela. En estos años se le había dado un gran impulso al arte, abriéndole las puertas a la  mujer, negado hasta entonces, permitiendo que a comienzos del siglo XX, la célebre pianista Teresa Carreño se convirtiera en un modelo importante a seguir y fuente de inspiración para las venezolanas que aspiraban a poner en practica sus dotes musicales a través del piano, una época donde poseer un piano y un fonógrafo era una moda en los hogares Barquisimetanos. María Adelina llegaría a tener una pianola en su casa de Barquisimeto y un fonógrafo en la hacienda El Toronal, luego de casada.
El anden situado estratégicamente donde hoy está la moderna Catedral de Barquisimeto, conectado con Duaca además del puerto de La Guaira por un tren a vapor, cargaba cobre desde las minas de Aroa situadas en Duaca y el preciado café suave, el mejor del mundo que se daba en las montañas de Parupáno en el actual municipio Urdaneta, exportado principalmente por la Casa Blohm, fundada en 1890, ubicada en la calle Comercio con calle 28, que además de  agentes navieros eran depositarios y colocadoras de dinero, otorgaban prestamos para todo lo relacionado con el café, entre estos estaba Pancho Castro quien tenía crédito con esta firma por la que visitaban sus andenes con cierta frecuencia, María Adelina lo acompañaba en algunas ocasiones para ver aquella rugiente y humeante serpiente de hierro.
En la ciudad se instalan otras casas comerciales que financiaban, exportaban e importaban diversos productos. Gracias a esta pujante actividad se abre en Barquisimeto la Cámara de Comercio en 1898 dándole un gran impulso a la economía.
Este es un año de lutos en su familia por la muerte de su hermano, lo que motivó que nuevamente se mudaran, junto a sus padres buscan una casa para comprar, pasaría por la calle Juárez (carrera 25) con la calle Campamento (calle 19) donde estaban todavía las paredes originales que quedaron levantadas del que iba a ser el Palacio de Gobierno de Cipriano Castro, obra que fue paralizada por el gobierno de Juan Vicente Gómez. No entendía las razones por la cual los gobernantes desperdiciaban el dinero y el trabajo de una obra por razones políticas. Finalmente elegirían al pueblito de Santa Rosa, muy cercano de Barquisimeto, donde presenciaría las procesiones anuales de la Divina Pastora, patrona de la ciudad y conocería su iglesia, frente a la cual vivirían.    
Sus padres junto a ella asistirían invitados a los actos protocolares de la inauguración de los primeros pabellones del hospital de La Caridad y el traslado al Panteón Nacional de los restos del general Jacinto Lara, sepultados hasta entonces en la iglesia La Concepción.
Acude ansiosa a la inauguración de la primera biblioteca pública en la ciudad, recorre sus pasillos asomándose a aquel mundo de saberes, nunca imagino que pudieran existir tantos libros de tan variados temas, disponibles al público en general, en el pueblo de donde venía eran objetos extraordinario y muy preciados. Esto despierta una sed de educación que se las trasmitiría a sus hijas, marcando un contraste con los demás parientes. Estudiar sería una obligación en su descendencia.
El año de 1912 fue de mucho alboroto, por un lado se realizaría el primer vuelo aéreo sobre Caracas y Barquisimeto en un biplano que conmocionaría a la ciudad realizado por Frank Boland, un piloto norteamericano traído por Gómez, el público asistente están incrédulos ante este fenómeno, eran cosas de fin de mundo.
No habían terminado de asimilar el extraordinario fenómeno de ver volar al hombre como los pájaros, cuando un gran escándalo recorre la sociedad barquisimetana. Todo había comenzado con el proyecto para la creación de una planta hidroeléctrica para la ciudad con parte de las aguas de la hacienda Macuto. La planta se instaló en el Molino, su fluido eléctrico llegó a la plaza Miranda iluminándola por primera vez sin necesidad de faroles, aquello era un espectáculo, las personas caminaban entre los haz de luz alargando las manos como para tocarlos mientras exclaman maravillados. No había transcurrido casi nada de tiempo cuando sucede una supuesta asonada contra el gobierno, los revolucionarios asaltan y destruyen la planta eléctrica, pero algo extraño comienza a notarse pues fue lo único atacado, luego poco a poco surge la verdad, habían sido peones de las haciendas de caña ribereñas, obedeciendo órdenes de los terratenientes que alegaban que las aguas eran para el riego de sus propiedades agrícolas que se podían ver afectadas por esta planta.
Su amistad con Bolivia Tovar, futura educadora, la llevaría a asistir junto a ella a los actos educativos de la ciudad como la inauguración de la Escuela Wohnsiedler, nadie imagino en aquel momento que años después ocurriría la tragedia del desplome del techo, ocasionando la muerte de varios alumnos. Otro acto sería la fundación del colegio La Salle auspiciado por El Obispo de Barquisimeto Aguedo Felipe Alvarado, llevada a cabo por los hermanos de las Escuelas Cristianas, quienes habían iniciado una campaña a su favor desde hacía dos años, finalmente se concreta, sin imaginárselo algunos descendientes suyos estudiarían allí.
En 1913 sería el último año de soltera de María Adelina, su padre le da permiso para comprometerse en matrimonio con Pancho, solo le pide que espere que pase el luto rígido por la muerte de su hermano mayor. Todo sería un corre y corre, la escogencia del estudio para la fotografía de su matrimonio sería muy emocionante, el fotógrafo le mostraría las diferentes composiciones que tenía para el escenario de fondo, quedando conforme los novios. Los Barquisimetanos amaban los estudios fotográficos, el más famoso era el de los hermanos González que había cerrados sus puertas en 1906, quedaban sus alumnos entre los cuales estaba el larense Amabilis Cordero nacido en Duaca y otros de igual fama.
Apúrate María Adelina, le exclama Panchita su hermana menor, si no dejas de ver esas fotografías vamos a llegar tarde a la entrada del primer carro a Barquisimeto, no conseguiremos un buen lugar desde donde verlo recorrer las calles, hay un gran revuelo de personas saliendo para la llegada, tu eres la única que está metida en otra cosa.
La compra de su ajuar de novia y su vestido la llevarían a recorrer la Calle de Los Isleños o Comercio, aquel maremágnum de negocios y vendedores de todo tipo cautivaría a aquella joven venida del medio rural donde la vida giraba en torno a necesidades básicas y las veleidades mundanas eran prácticamente inexistentes. Esta arteria vial era el centro de la dinámica actividad comercial donde las personas acudían no solo a realizar sus compras en pulperías, panaderías, locales de ventas de víveres y de mercancías importadas, zapaterías, sombrererías, confiterías, boticas o farmacias, sino diversas diligencias como ir a la barbería, o encargar muebles a las carpinterías, también estaban las talabarterías, herrerías, imprentas. Se conseguían locales de médicos, de abogados, talleres de alta costura y de bordados para la confección de todo tipo de vestuario, aquí se detendría a escoger su vestido de novia tomando en cuenta la asesoría de la modista que le explicaba las nuevas tendencias mundiales. Todo lo que necesitaras o desearas lo encontrabas aquí.
La calle Comercio era el centro de la moda femenina, allí se podían presenciar los profundos cambios que estaba experimentando a nivel mundial como una expresión del inicio de la lucha de la mujer contra las restricciones políticas y sociales impuestas hasta esa época, uno de los fenómenos más importantes, a través de la moda se iniciaría la liberación de la mujer.
Durante estos tres años, Pancho Castro la visitaría cada vez que vendría a negociar con la casa Blohm. El paseo a la laguna de Patarata, ubicada después de la Avenida Los Leones, lugar donde las familias acudían los domingos a navegar en botes de remos y realizar picnic, uno de los favoritos de María Adelina y su prometido. Ambos recorrerían la ciudad, acompañados de una chaperona, su madre Adelina o alguna de sus hermanas, generalmente Panchita. En estos años descubrirían la gran afinidad existente entre ellos, expresado en el gusto por la música debido a lo cual sus hijas tendrían profesores de guitarra y de piano. María Adelina adquiriría la afición por el roce social, la cultura y el deseo por ampliar sus conocimientos de forma autodidacta, los cuales habían estado restringidos por el hecho de ser mujer, quienes no tenían acceso a las enseñanzas que se le daban al hombre, hecho que inculco a sus hijas. Debido a esto, Goyo Castro llegaría a comentar que mientras sus hijas eran las triponas de Goyo, las de su hermano eran las niñas de Pancho Castro, haciendo notar las sutiles diferencias existentes, pero la verdad era más compleja.
Se casaría a finales de 1913 después del nacimiento de su último hermano Paco Giménez, boda en la cual se realizaría un agasajo amenizado con músicos contratados y un baile familiar.
María Adelina de gusto sencillo pero elegante en el vestir que revela en su vestido de novia, una innovación dentro de la moda pues deja atrás “la bella época”, ricamente elaborado tanto en costura como en diferentes géneros de telas, probablemente haya sido importado o realizado en uno de los talleres de alta costura que existían en la ciudad, revelando la posición social a la que pertenecía su familia.
Era letrada y muy amada por sus padres, de carácter innovador, poco convencional, tenía conocimientos de medicina general a través de un libro regalo de su suegra con quien estaba compenetrada en los valores éticos, familiares y morales a excepción del gusto por la política que no compartía. Acostumbraba reservarse los conflictos que lo resolvía en otro momento que considerara oportuno.
Mi mama Elena recuerda que se vestía con trajes de líneas rectas a media pierna, descotado, usaba una cinta al cuello con un misterioso adorno, tal vez regalo de su suegra, se ponía una capa corta para salir, conocida como el capotillo, una prenda femenina que se empleaban como abrigo que caía sobre los hombros y que llegaba hasta la cintura.
Sus descendientes disfrutaron de oportunidades de estudios en la ciudad con acceso al modernismo y los avances de la civilización, sacándolos del mundo de El Toronal puramente rural y revelándoles a sus hijos una visión del mundo cosmopolita. 



lunes, 27 de junio de 2016

Capitulo 39 La emigración a la gran ciudad.

Era su primer viaje a la ciudad, recién cumplía 15 años de edad cuando  a finales de 1910 abandona el medio rural, coincidiría con el año que el cometa Halley desgarraría la negrura de la noche dejando tras su paso una estela de luces iluminando el cielo como si fuera de día sembrando zozobra en los habitantes, las familias se abrazaban, lloraban y rezaban conmovedoramente para despedirse antes de morir, al creer que el mundo se estaba acabando. Época en el cual estos fenómenos se interpretaban como un mal augurio debido a la gran superstición existente, impulsando a muchos a realizar cambios en sus vidas. El cometa la llevaría a nuevos rumbos, sin saberlo en ese momento, regresaría por los mismos senderos de sus orígenes.
María Adelina, la tercera hija de Teodoro Giménez un blanco y de Adelina Meléndez, una parda, mezcla de sangre de blancos, indios y negros similar a la mayoría de las familias de la región de Urdaneta, nacería en Siquisique en 1895 dentro de una familia conservadora y adinerada gracias al cultivo del café. Esta joven de piel morena clara heredada de su madre, con unos picarescos ojos castaños muy expresivos, pelo oscuro, nariz pequeña, letrada gracias a su posición social que le permitió tener acceso a las escuelas federales para varones y hembras que existían en esta pujante región, marcando una diferencia sustancial. Su infancia y el inicio de su adolescencia transcurren en haciendas cercanas a Aguada Grande y en el caserío La Unión, pequeño poblado llamado así por estar conformado por familias unidas entre sí por lazos de sangre, todos eran parientes.
Habían huido de Siquisique por el terror de la dictadura de Cipriano Castro para asentarse en La Unión donde residían los Meléndez, parientes de su madre, quienes lo instan a comprar la hacienda donde conocería a Pancho cautivándolo con su fuerte personalidad parecida a la de su madre, Bartola su futura suegra. Debido a graves intrigas familiares y el cometa Halley se mudarían a Barquisimeto, junto a sus padres, quienes venderían El Toronal buscando nuevos aires, era su hogar hasta ese momento, situado en lo alto del pequeño caserío El Turagual, a los pies de La Unión, un antiguo asentamiento de indios tejedores.
La dictadura de Juan Vicente Gómez apenas iniciada hacia dos años, está vigente cuando entra a la burbujeante ciudad de Barquisimeto, van en una carreta cubierta. Atrás dejaba la vida y el entorno que ella creía cosmopolita, Aguada Grande, capital de la parroquia, de unos miles de habitantes con sus casas repartidas en un estrecho paso que formaba su única calle, eje principal tanto comercial como social del poblado. No sentía tristeza por la mudanza, todo lo contrario era una aventura, un descubrimiento de un mundo que la retaba, para aquella joven era una sensación maravillosa, nueva.
Entran raudos ingresando al Valle de Las Damas a través de un bosque de semerucos que sombreaban el sendero, situado donde queda hoy el Parque Ayacucho, este espacio había fungido como un campo para maniobras militares que rodeaban al Cuartel Nacional ubicado en la calle del mismo nombre (carrera 16) luego en 1930 pasó a llamarse Cuartel Jacinto Lara, allí estuvo acantonado un cuerpo del ejército libertador denominado Batallón Piar. Se desvían ligeramente tomando una angosta vía empedrada conocida como calle Regeneración o carrera 17 adentrándose a la parroquia Concepción. La muchacha no puede evitar girar su cabeza para buscar el origen de aquel tumultuoso escándalo que provenía de varios puntos simultáneamente, por un lado los tranvías a tracción de bestias, mas allá un carruaje con seis personas corre veloz hacia su destino, otros del paso incesante de los hombres al trote de caballos o mulas, multitud a pie por sus calles unas de tierra, otras empedradas y algunas adoquinadas, las principales con faroles en las esquinas donde las personas se detenían en bulliciosas tertulias. A su lado pasa un vendedor ambulante en una carreta descubierta cargando su mercancía con su pregonero anunciando sus productos de frutas, víveres, leche recién ordeñada contenida en unos envases de metal que se vendía de casa en casa, ve otro, luego otro más allá, los numera uno, dos, tres … no alcanzaba a contarlos, estaba aturdida, nunca había visto algo así en el pueblo de donde venía, estaba maravillaba pero debe reprimir sus emociones, que nadie los intuya, su madre le había inculcado que no era bien visto hacerlo.
Al continuar en su recorrido por la calle Regeneración pasaría por una hermosa Plaza llamada Concepción, nombre que conservo hasta 1925 cuando se cambió a Plaza Bolívar, ubicada entre las calles Regeneración (carrera 17) y Cuartel Nacional (carrera 16) con las calles transversales Obispo (calle 26) y Juárez (calle 25). Sus bellas rejas perimetrales de hierro forjado, sus ondulantes caminerías sombreadas por coposos árboles por donde las damas elegantemente llevando hermosos vestidos largos caminaban del brazo de los caballeros, otros vecinos entretenidos en amenas tertulias, allí convergían los tranvías que acababa de ver y los coches ofreciendo sus servicios de traslados a diferentes lugares de la ciudad, escena que la hipnotiza, en ese instante se promete a sí misma nunca irse de la ciudad, la conquistaría y pronto sería ella la que pasearía por esa plaza del brazo de su caballero.  
La primera actividad social que María Adelina asistiría allí, sería la celebración de la consagración como Obispo de Monseñor Aguedo Felipe Alvarado en noviembre de 1910 y seguidamente la fiesta de fin de año, ambos actos realizados en esta plaza con fuegos artificiales y retretas, música en vivo interpretada por una banda local. Aquí se acostumbraba realizar los actos oficiales y académicos de la ciudad. Alrededor de esta plaza estaban el correo, el telégrafo y la casa de gobierno, era el corazón palpitante de la ciudad. Los Barquisimetanos al terminar la misa de las 10 de la mañana, en la cercana Iglesia La Concepción, tradicionalmente salían en romería rumbo a la plaza a reunirse con familiares y amigos, era frecuente ver las retretas dominicales con la banda Mavare fundada en 1898.
Repentinamente la carreta donde viaja da un sobresalto, su padre había frenado los caballos para evitar atropellar a la muchachada alborotada que los rodea, era la hora de la salida de las escuelas, el bullicio era ensordecedor en comparación con la de su pueblo, no había escuchado una algarabía tan grande de estudiantes y es que la instrucción Pública de la ciudad contaba para la época con 14 colegios entre Nacionales, Federales y Municipales donde se impartían materias de lectura, escritura, matemática, literatura, religión, moral y buenas costumbres. El Colegio Federal fue el primer plantel de educación secundaria de la ciudad autorizado para otorgar títulos universitarios y funcionó como tal hasta 1901, continuando como colegio. La Es­cuela Normal, un instituto especializado para formar maestros, se inició en 1877, era el único donde podían ingresar las mujeres sin el titulo de bachiller y se consideraba como semi-universitario. El colegio particular para niñas Inmaculada Concepción fundado en 1904 por las Hermanas de San José de Tarbes, luego en 1906 se inaugura el Colegio de Barquisimeto hoy Lisandro Alvarado para varones.
La educación, un privilegio de las clases pudientes era discriminatoria para la mujer, las escuelas para hembras tenían un pensum diferente dirigido a las funciones de reproducción y ama de casa. Solo cursaban algunas materias de primer y segundo grado como música, conocimientos de trabajos de agujas, bordados, corte y costura, religión, lectura sin continuidad con las universidades. En esta época existían solo dos universidades: la UCV en Caracas y la ULA en Mérida.    
Dejan atrás a los estudiantes y continúan su viaje, entran en la parroquia Catedral, nombrada así por encontrarse la iglesia San Francisco, antigua Catedral de la ciudad, ubicada entre las calles 22 y 23, en frente estaba la plaza Jacinto Lara, antigua plaza Miranda, era una hermosa estructura. Al finalizar este vía se atravesaba el Puente Bolívar, a la altura de las calles 21 y 22 con la calle Regeneración (carrera 17), su construcción se concluyó el año 1806, originalmente conocido como el puente de la Santísima Trinidad, entonces era de madera y crujía al paso de las transeúntes, servía para pasar la quebrada y poder transitar entre las dos parroquias de la ciudad, situado en el zanjón de Cárdenas, hoy conocido como La Concha Acústica. Cuando Simón Bolívar paso por el en el año de 1821, se le cambio el nombre a Puente Bolívar, el cual se cayó con las lluvias y fue reconstruido en 1907.
La carreta cubierta donde viaja María Adelina continua su paso rápido a través de un solitario camino de tierra que cuelga del borde del valle, llevan prisa, una fresca brisa levantaba una polvareda a su alrededor, no quieren que los agarre la noche antes de llegar a su destino, aun había luz lo cual le permite divisar hacia el sur el Río Turbio y el Bosque Macuto, un hermoso lugar para realizar agasajos, originalmente era una hacienda de caña de igual nombre que a mediados de 1840-1850 fue donado para convertirse en un espacio de esparcimiento público. Se recordaba que el 23 de Agosto de 1908 fue organizado por el Gobernador del Estado, el General Carlos Liscano, un picnic con motivo de la visita a la ciudad del Presidente de la República, el General Cipriano Castro quien arribó por el ferrocarril del Café cuyos rieles llegaban hasta la entrada de la ciudad. El agasajo llevado a cabo en el Bosque Macuto contó con la concurrencia de las más altas personalidades representativas de la sociedad barquisimetana de entonces, brindándole un magnífico almuerzo campestre, con fuegos artificiales en pleno bosque, lectura de poemas y exquisita música por connotados poetas y músicos.Tres meses después de esta celebración en Macuto, Castro sería derrocado por su compadre Juan Vicente Gómez. 
Barquisimeto repentinamente se viste de un bello atardecer que ilumina el cielo de multicolores tonos rojizos que recortan en el horizonte un valle que se deja ver a su alrededor, un espectáculo que le brindaba la ciudad como una especie de bienvenida.
Ella había notado que la ciudad estaba dispuesta geométricamente en unas 204 cuadrículas, nombradas manzanas, un total de 12 calles longitudinales y 17 transversales, al estilo español, con una población cercana a unos 32.000 habitantes con 4.000 casas distribuidas en dos parroquias, Concepción y Catedral, diferente del pueblo y su única calle de donde venía, le parecía estar entrando a una gran metrópoli. Como todas las ciudades de la colonia, sus casas eran de adobe (tierra reforzada con una técnica denominada "bahareque") techos con rojas tejas de barro cocido con troncos a manera de vigas de madera y caña brava, un amplio patio en el centro bordeado por largos corredores, con un zaguán o corredor de entrada con dos puertas de doble hoja muy altas de madera; una al nivel de la calle que se mantenía abierta de día y otra al fondo que daba acceso a la casa conservándose cerrada con una tranca de madera colocada por dentro, la cual tenía un postigo, una  pequeña ventana que se abría para ver quien estaba tocando la puerta. Los pisos eran enladrillados, las ventanas tenían baluartes en su exterior, unos pilares de madera a manera de protectores, con dos posaderas a ambos lados en la parte interior, conocidos como pollos, donde las muchachas se sentaban a conversar y ver pasar a los caballeros que parados afueras entablaban amenas tertulias. Estas casas tenían grandes solares en la parte posterior donde estaba la letrina, el lavadero, tendedero de ropa, el gallinero, cochinos, a veces hasta una vaca y árboles frutales, se podía entrar también por un portón de campo que daba acceso a la calle por donde ingresaban directamente los caballos o mulas cargadas de víveres.
El Barquisimeto que consigue María Adelina, contaba con un acueducto con aguas provenientes del Bosque de Titicare que formaba parte del Bosque Macuto gracias a la compra de dos parcelas sembradas de caña de azúcar y la hacienda de la familia Alvizú, puesto en funcionamiento en 1909 por parte del Ayuntamiento, sustituyendo al viejo que databa de 1888. También poseía un alumbrado público que era incandescente con alcohol en cada esquina de sus principales calles, con unos 200 faroles, encendidos y apagados cada uno por un velador desde las 6 pm hasta las 6 am.
Desde el punto de vista informativo se leía la revista quincenal El Cojo Ilustrado fundada en 1892, que circulaba a nivel nacional hasta 1915, los diarios El Barquisimetano, El Impulso fundado en Carora en 1904, el Universal fundado en 1909, entre otros, manteniendo a la ciudadanía al día con el acontecer político y social.
La ciudad contaba para la fecha con 6 Iglesias, siendo la más representativa La Concepción que fungía como iglesia parroquial situada diagonal a la plaza Bolívar, entre las calles longitudinales Junín (carrera 15) y Cuartel Nacional (carrera 16) y la calle transversal Obispo (26). Aquí está sepultado el padre Macario Yépez cuyos restos fueron trasladados del viejo cementerio de San Juan.
Además existían las iglesias San Francisco, Altagracia, La Paz en la calle Cuartel Nacional (carrera 16) con la calle Las Trincheras (calle 29) y la iglesia San José en la calle Juárez, que contaba con una plaza en frente donde se reunían las personas.
La otra Iglesia era la de Nuestra Señora de San Juan, que ella conocería muy bien pues sería su vecina, estaba parcialmente en ruinas desde el terremoto de 1812 y cuya reconstrucción se encontraba paralizada desde 1883 cuando había sido iniciada, quedando muy adelantada pues tenía acabada la cúpula del Presbiterio, dos bóvedas en forma de baúles de lado y lado, las paredes y sacristía estaban niveladas, su fachada de tres puertas y bases de dos torres se hallaba a la misma altura, todo de mampostería. Frente a la iglesia estaba la plaza del mismo nombre que era de piso de tierra destinado para la celebración de las festividades religiosas. En 1924 se llamo Plaza Sucre y en 1944 parque González Pacheco. Aquí estaba el antiguo Cementerio de San Juan desde 1809 donde fueron enterradas las victimas de la epidemia de cólera en 1856, otra personalidad sepultada aquí fue el padre Macario Yépez, estos restos a partir de 1930 fueron trasladados y para el año de 1940 fue demolido. El otro cementerio de la ciudad estaba ubicado en donde hoy está la casa del maestro, posterior es construido el de la calle 42 adonde fueron llevadas las sepulturas de la iglesia de San Juan.
El gran avance de la ciudad en materia de salud era el imponente Hospital de La Caridad, el cual conocería pues años después María Adelina se beneficiaría para aliviar sus dolencias, inaugurado el mismo año de su llegada por el Dr. Antonio María Pineda, hoy convertido en el museo de Barquisimeto, cuya atención de los enfermos permanecía a cargo de las Hermanas de la Caridad, traídas por Monseñor Aguedo Felipe Alvarado, quien durante su vida religiosa gestionó junto a otros sectores de la ciudad su traslado a la ciudad. Igualmente por su intermedio llegan las Hermanas de los Pobres, con quienes fundó el Asilo Corazón de Jesús y con las Hermanas Agustinas organizo el Asilo para Huérfanos y el Seminario de Santo Tomás de Aquino. 
Comenzaba una nueva vida ....