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martes, 10 de marzo de 2026

La madre de Edison y mi madre Helena

 Un día, Thomas Alva Edison llegó a su casa y le comunicó a su madre que  el maestro le había dado una nota para ella.

-"Me dijo que solo te la entregara a ti".

Ella con los ojos llenos de lágrimas le leyó en voz alta la carta:

-"Su hijo es un genio, esta escuela es muy pequeña para él y no tenemos buenos maestros para enseñarlo, por favor hágalo usted".


A partir de entonces la madre se dedicó a educarlo y aquel niño llego a ser uno de los más grandes inventores de principios del siglo XX. 

Años después ya fallecida la madre, el inventor estaba mirando algunas cosas viejas de la familia y repentinamente vio un papel doblado en el marco de un dibujo en el escritorio. Lo tomó y lo abrió. En el estaba escrito:

-"Su hijo está mentalmente enfermo y no podemos permitirle que venga más a la escuela".

Edison lloró horas, entonces él escribió en su diario: "Thomas Alva Edison fue un niño mentalmente enfermo, pero por una madre heroica se convirtió en el genio del siglo".

La amorosa reacción de la madre en lugar de leer lo que realmente decía la carta, que le habría hecho un daño irreparable, cambió lo allí escrito dándole un giro totalmente diferente. A partir de entonces se dedicó a su enseñanza infundiéndole seguridad y confianza en sí mismo, le hizo creer que era un genio y él se lo creyó tanto que creció y murió siéndolo, gracias al asombroso poder que tienen los padres sobre los hijos. 

Esta historia viene a colación debido a una experiencia personal que experimente durante el lapso de escolaridad conocida como primaria realizada en un colegio de monjas que condujeron a mi madre a una actitud  similar, bueno, con algunas diferencias que les narrare.

Se suponía que debía culminar en 6 años, duración establecida por la ley de educación, sin embargo mi estancia allí duro 10 años, debido a que durante estos años, por causa de las secuelas de polio que padecía, fui sometida a varias cirugías para mejorar algunas deficiencias motoras causando una asistencia errática al colegio que no era aceptado por las benevolentes monjas a pesar de que el famosísimo Hospital Ortopédico Infantil donde era atendida tenía dentro de sus instalaciones una escuela registrada en el correspondiente Ministerio de Educación, gracias a esto los pequeños pacientes no se atrasaban en su escolaridad a pesar de la estancia hospitalaria generalmente larga. Recuerdo asistir en silla de ruedas al área dispuesta como salón de clases conducida por las enfermeras, hacer las tareas en esa misma área y aprobar los exámenes, entregándole constancia a mi madre para que lo consignara al colegio.

Las monjas sin ningún tipo de consideración ni mucho menos empatía o apoyo, ni respeto al certificado expedido por el hospital, no lo aceptaron y me hicieron repetir dos grados escolares, lo cual me frustraba al ver como mis compañeros avanzaban y yo no, sin comprender las causas.

Además debido a que usaba unos aparatos ortopédicos que me hacían notoriamente diferente, lo cual era más palpable en el recreo al no salir a corretear  como los demás niños, convirtiéndome en una niña retraída y tímida, solitaria.

Lo cierto que contra todo pronóstico, a pesar de los obstáculos gracias al empecinamiento de mi madre Helena, culminé el sexto grado. Estaba feliz, finalmente me iba de aquel supuesto piadoso lugar donde imperaba la hipocresía y las preferencias por los alumnos pertenecientes a familias de poder económico que yo notaba asfixiándome. Los pupitres de la primera fila eran para las hijas de los notables socialmente, no les llamaban nunca la atención a pesar de sus alborotos y además siempre obtenían un 20 en sus exámenes.

En fin de allí salí a cursar bachillerato en un colegio mixto y de curas que marcarían una gran diferencia en mi vida, gane varias medallas de honor y al mérito entre ellos el premio de mejor alumna del año, graduándome en los 5 años establecidos a pesar de una cirugía realizada en las vacaciones de segundo año para entrar a tercero, en el cual conté con todo el apoyo del entonces Director, de los curas y profesores para que no perdiera el año escolar, una notable diferencia.

Después curse medicina en la Universidad de Carabobo y me gradué ocupando el puesto 17 de mi promoción de más de 700 egresados.

Habiendo culminado mis estudios y ya trabajando como médico, un día mi madre me reveló un secreto que guardaba para evitar que me afectara, el hecho era que cuando termine la primaria, la directora del colegio la llamo a su despacho para comunicarle que ellas magnánimamente me habían regalado el título y que lamentablemente yo no podría continuar en bachillerato pues según las benevolentes monjas , en su experiencia docente, habían detectado un retraso mental en mí y que mi madre se negaba a aceptar. Amablemente le recomendaron que me inscribiera en cursos de cocina o costura, si acaso.

Al igual que la madre de Edison, la mía decidió ocultarme esta nefasta opinión que por lo demás, tal vez hubiera sido devastadora en esa época de la sensible adolescencia, no acepto su recomendación  y decidió buscarme las mejores oportunidades, inyectarme positivismo y darme su apoyo irrestricto, abriéndome un abanico de posibilidades.

Al graduarme de bachiller consulte su opinión y le pregunte:

-¿Mami, que crees que puedo estudiar?.

A lo cual ella me respondió:

-Lo que te guste, hija. Tú puedes lograrlo y te apoyare.

Hoy día me siento realizada, satisfecha conmigo misma, me basta con ser una persona como el promedio, profesional y empleada de una institución de salud, sin llegar al nivel de Edison al igual que él, gracias a mi madre no fui excluida del tren de la vida. 

sábado, 17 de enero de 2026

Cabimas, la del club de la VOC

A pesar de que la explotación de petróleo en Venezuela se había iniciado en 1914 con el pozo Zumaque I situado en Mene Grande, la actividad petrolera experimentaría un compás de espera por 6 años debido a la I Guerra Mundial. Posteriormente en 1920 comienza a crecer paulatinamente y al iniciarse la II Guerra Mundial en 1939 paradójicamente ocurre un incremento vertiginoso en la demanda, efecto contrario a lo ocurrido durante la IGM, instalándose en Venezuela un sinnúmero de grandes compañías petroleras.   

Este suceso estimularía uno de los cambios culturales y educativos más dramáticos experimentados por la población Venezolana, no solo brotaba a borbotones el líquido negro de la tierra sino también surgía con fuerza una nueva sociedad.

El elemento clave en esto serían los Clubes Sociales de los Campos Petroleros que se caracterizaron por una intensa actividad social en sus instalaciones, del cual el de la VOC (Venezuelan Oil Concesión) jugaría un papel primordial en la vida de mi madre Elena.

Debido a la gran oferta de trabajo sucedería un fenómeno de inmigración interna hacia los sitios donde se instalaban las petroleras, dentro de estas estaría mi familia.

 El primero fue el que más tarde sería mi tío, Andrés Sánchez, oriundo de Aguada Grande casado con la segunda hermana mayor de mi madre, Roselia. Este matrimonio se había efectuado con rapidez sin cumplir con los formalismos de la época, ni siquiera el acto eclesiástico, la razón era que Andrés se había mudado a Cabimas intempestivamente huyendo por ser un perseguido de la ley por contrabandista, una actividad muy frecuente en el país debido al férreo control de la economía. Al buscar trabajo en las petroleras se consigue que estas exigían ser casado, así que regresa a Barquisimeto para hacerlo y lograr su cometido. La razón de este requisito es que las compañías petroleras mantenían la paz laboral a través de los clubes sociales que giraban alrededor de la mujer.

Mi tío había cursado los inicios de la carrera de medicina en la UCV donde había conocido al futuro médico, Alfonso Reynoso quien años más tarde fundaría la clínica privada "Dr. José Gregorio Hernández" en Cabimas y lo contrata a pesar de no haberse graduado, nombrándolo administrador. Debido a que prestaban sus servicios médicos a las compañías petroleras a través de contratos, estaban sometidos a las reglas de las petroleras y por lo tanto se les permitía acceder a la intensa vida social en las instalaciones del club de la VOC.

Estando ellos instalados aquí se llevarían a su hermana mayor y su esposo quien trabajaría como mecánico de las gabarras, luego el hermano menor de mi madre, Francisco. Este núcleo atrae las visitas de la parentela de la cual una de ellas sería Elena quien en esa época escribía su nombre sin la letra hache.      

Las ocupaciones diarias de estos clubes incluían numerosas actividades sociales establecidas por una rutina de fiestas de bienvenida, despedidas, cumpleaños, ascensos y jubilaciones. Cuando no estaban en una de estas celebraciones acudían a los campos deportivos.

La práctica del deporte, vedado a la mujer hasta esta época, se hacen populares entre ellas, los hombres contribuyen enseñándolas, compitiendo de igual a igual, Elena aprende a jugar bowling, a nadar diferentes estilos, a jugar tenis, así poco a poco iría desarrollando una nueva personalidad más cosmopolita que la caracterizaría a partir de estas fechas, cambios que igualmente experimentaba vertiginosamente la sociedad Venezolana.

El tema político fue otra novedad en la vida de este núcleo familiar sobre todo mis tíos, debido a la cercanía con la casa sindical, vivían al lado que permitió que Andrés se relaciona con sus miembros, adentrándose al movimiento obrero y al comunismo que comenzaba a surgir en esta época post-dictadura de Gómez, a pesar de que López Contreras y su sucesor Medina Angarita ejercían un fuerte control sobre este naciente movimiento por ser anti anarquista.

Calladamente se colaban los artículos de la lucha de los trabajadores por sus derechos, nace así el periodismo clandestino, al cual contribuye Anselmo Reyes conocido como el poeta Cabimero, quien se convertiría en cuñado de mi tío Andrés  a quien frecuentaba y lo conduciría a militar en este naciente y clandestino partido político durante los 16 años que viviría en Cabimas. Era una nueva etapa en sus vidas fuera del entorno familiar clásico de país rural y de su pueblo natal, por primera vez son realmente independientes, en un ambiente con nuevas amistades, profesionales y políticos.

Este mundo de los campos petroleros con su cultura al estilo norteamericano, centrado en la mujer, impulsada subliminalmente por las publicaciones dirigidas a ellas, usando la moda para lograr un cambio social que prendió con facilidad gracias al alto mestizaje de sangre europea en la población venezolana, calculada en un 61% entre español, alemán, italiano y portugués principalmente.

Las revistas reseñaban la actualidad en el vestir y las normas sociales, por ejemplo sugerían que “un sombrero decorativo es bellísimo para cocktails y comidas tempranas en combinación con trajes de raso delgado negro mate” estando así implícito un nuevo estilo de vida moderno y elegante.

La existencia de los comisariatos de las empresas, contribuyeron también promocionando los modelos de consumo que caracterizarían a la sociedad venezolana emergente, relacionando la liberación de la mujer con los conceptos de la “modernidad” y “progreso”.

Gracias a los campos petroleros, Elena entraría en contacto con este entorno donde nace la cultura del trabajo liberador de las restricciones victorianas del siglo XIX aun imperantes, a competir en el mundo profesional de igual a igual con el hombre, de esta manera adquiere una visión de mujer liberada con nuevos patrones culturales, ya no solo era casarse y atender el hogar, obedeciendo al padre o al marido, o laborar despachando en una tienda, un trabajo no calificado, ahora se abría un horizonte de oportunidades en el campo profesional, esto la empujaría a alejarse irreversiblemente del quehacer cotidiano familiar.

Aquel día en Cabimas cuando sus amigos, jóvenes profesionales de la salud compañeros de trabajo de su cuñado Andrés le mostraron un aviso en el cual invitaban a la mujer Venezolana formarse en Salud Publica en Caracas, cuya oferta incluía residencia, alimentación, transporte y contrato al culminar los estudios, una política dirigida a la mujer nunca antes vista en el país. A partir de aquel momento, crucial en su corta existencia pues apenas tenía 23 años, tomaría la decisión de irse a Caracas, conquistando las riendas de su destino, desplegando sus alas junto a su amiga Celina quien también se independizaría.

La Elena rural desaparecería paulatinamente para dar paso a la Helena cosmopolita, libre de ataduras sociales, no solo en el vestir sino también en aspiraciones de estudios, estimulándola a superarse, una revolución para ella que sellaría con aquella H con la cual escribiría su nombre a partir de esta época. Era el año de 1942 por primera vez se separaría de su hermana gemela y de sus hermanas, viviría sola, estaba soltera, era independiente y residenciada en la capital de aquel pujante país que efervecía.

 Finalmente aquella sensación de soledad, de sentir que no calzaba en aquellos patrones establecidos de la perfecta ama de casa habían conseguido una salida, sería profesional.