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jueves, 10 de octubre de 2024

El Confesor del Diablo

 

Llegado un momento en la vida en que comencé a meditar sobre la maldad, a dudar sobre su existencia y, si realmente se puede ser malo o no o, solo es un cliché impuesto para el control social. 

Así que decidí adentrarme en este tema intentando hacer una categorización para definirla en algunos objetos y/o seres vivos.


Vemos como una comida, un animal o una persona pueden ser malos. En los dos primeros casos es relativamente fácil identificar esta cualidad, pero en los seres humanos se complica por la entrada en juego de la insensatez o estupidez, pudiéndose confundir con ella pero existe un detalle que permite diferenciarlas. El auténticamente malo busca obtener algo a cambio de su diabólico proceder, en cambio el insensato no persigue ningún objetivo, su inconsciente obrar puede llegar a beneficiar a otros pero jamás a sí mismo.     

Desde el punto de vista social existen ciertas acciones, tales como el deber de saludar, de hablar en voz baja, no interrumpir cuando otro habla, abstenerse de opinar sobre temas escabrosos, mucho menos detectar las miserias de las personas y si por accidente lo haces, no cometer el imperdonable error de señalarlos. Si persigues socializar debes hacer lo imposible por pasar desapercibido o  ser “discreto” para no correr el riesgo de ser tipificado como una mala persona y ser expulsados del paraíso, tal cual le sucediera en aquel lejano origen del mundo a nuestros primeros antepasados.

Es asombroso como un público, más o menos numeroso acentúa esta pretendida censura en la población que abarca los años dorados, una forma poética para evitar usar el término peyorativo de viejo, a quienes se les insta a guardar un amable y discreto silencio, estableciéndolo como el comportamiento adecuado para esta edad, pero, aquí viene el primer y pequeño detalle de este paradigma, esto es de carácter obligatorio, pues, tal exigencia es un decreto inapelable ya que de lo contrario estos cabezas plateadas son calificados perpetuamente como imprudentes y mal pensados, sentenciados al ostracismo, sin poder apelar ni solicitar una reducción a esa condena. En la antigüedad la vejez era sinónimo de sabiduría, se les consultaba y se les otorgaba respeto, eran los Chamanes. ¿Será por ese dicho popular que dice: más sabe el diablo por viejo que por diablo?.

Preguntándome si existe una asociación real entre ser franca y atrevida al hablar de temas censurados, además de ser irreverente al no cumplir con ciertas normas sociales con el hecho de ser mala o, se trata de algo impuesto a determinadas personas que coincidencialmente son las que se aventuran a decir lo prohibido sin tapujos, con total libertad, pareciendo ser dueños del necesario coraje para hacerlo. Notando que puede ser una muestra de poder en unos o un estigma en otros, dependiendo de cuan alto estés en la cadena alimenticia del grupo social al cual perteneces. Si estas abajo, eres imprudente, pero si estas arriba, eres filósofo, una especie de oráculo.  

Esta forma de proceder provoca miedo, ya que a nadie le gusta palpar la dura realidad a las consecuencias de sus opiniones que motivan un ataque feroz a los que se permiten ser. Debido a esta reacción colectiva, darse permiso de hablar a calzón quitado no es fácil, pues debido a la censura social, muchas veces se cae en el dilema de ser estigmatizado como un mal pensado por culpa de ese don de discernir la realidad que está allí a la vista de todos pero que al expresarlo te convierte en un ser malévolo, una tipificación difícil de sobrellevar. A veces el silencio de alguien es un grito de advertencia de la existencia de un agujero negro, debiéndose descifrar su contenido con valor y no soslayarlo.

Todo esto viene a raíz de una vivencia donde al negarme a hacer un “favor” por no estar de acuerdo con mis principios, inesperadamente me encontré frontalmente con la medusa de la maldad o lo que es lo mismo, la necesidad de ser franca y decir la verdad, conduciendo a algunos a catalogarme como mala persona.

Entonces comencé a dudar, ¿Pero cómo era posible que alguien que conocía como correcta y sensible, cambiara tanto?, o ¿Será que estaba equivocada y la mala realmente soy yo?.

Abordando la posibilidad de que el mal estuviera en mí o que fuera peor, ser la encarnación del Diablo, me dije: ¡Bueno!, si ser analítica se califica de esta manera, entonces, si lo soy. Repentinamente me doy cuenta que sentía placer de serlo, pues, al igual que el Diablo, busco relacionarme con libres pensadores, seres inteligentes, frontales, lo que dio motivo a la debacle en el cielo entre Dios y Satanás, que les narraré más adelante.

Era más que evidente que en esta definición de ser diabólica, intervino mi ego, pues si era mala no podía ser menos que el Diablo. Dándole vueltas al asunto de si sí o de si no, decidí buscar el concepto de maldad pero me encontré con un enredo espantoso, no era posible despejar mis dudas existenciales solo a través de la información disponible, que debía consultar con alguien para ventilar mis patrones de valoración, necesitaba un Confesor que me permitiera llegar a un veredicto sobre de si había algo de verdad en lo dicho sobre mí y de ser así entonces tratar de corregir esto. Aunque dicen que las personas no cambian, se camuflan. En fin, es difícil pero posible, mientras haya vida se puede, pero, ¿Cuál tipo de vida?. Vida como tal, es pasión, es error, es búsqueda, es encuentro, es ser, es… es pecar.

Estando en estas elucubraciones concluyo que el individuo requerido para esto no podía ser un mojigato. Al llegar a esta primera categorización, imprescindible para aclarar el meollo, caigo en cuenta que eso que la gente clasifica como destellos desagradables en la forma de expresarme, a veces algo o mucho, tal vez ególatra, estaba irremediablemente haciendo acto de presencia tempranamente en este escrito, pero bueno puedo explicarlo: al calificarme como un Diablo o Diabla, el que pueda vaya a analizarme debía por lo menos estar a mi altura, ser malo, muy malo, un Confesor del Diablo, nada pusilánime ni hipócrita, ser lo máximo. Creo que este intento de esclarecer lo que quiero decir, quedo peor, pero en fin sigamos.

Coincidencialmente suena el teléfono y leo en el identificador que se trataba de una amiga con la que frecuentemente intercambiaba opiniones y quien podía cumplir con las características que necesitaba para calmar mi atormentado espíritu. Contesto y luego de un breve preámbulo, tratando de disimular mi maldad en el objetivo que perseguía, le digo a boca de jarro que quería su opinión sobre algo que me acababa de ocurrir, al terminar indago haciéndome la inocente:

—¿Será que soy mala, la encarnación del Diablo por pensar así de esa persona y negarme a su requerimiento?. 

Sorpresivamente de mi amiga surge en todo su esplendor, un dignísimo Confesor del Diablo, respondiéndome:

—No lo eres, es tal como lo dedujiste. Creo que más bien te quedaste corta.

Ante esta intempestiva respuesta quedo admirada, aquella persona me había sobrepasado en la escala de valoración, era peor o mejor dicho mejor, superior a mí, y eso me llenaba de egoísta satisfacción, no estaba sola en aquel hipócrita mundo social. 

Permítanme contarles la importancia de la inteligencia, la cual está íntimamente relacionada con la historia del Diablo y la maldad, aunque usted no lo crea, busquemos cual es la razón, su origen.

Según algunos escritos se dice que el verdadero nombre del diablo cuando era un ángel del cielo, era Luzbel o Lucifer cuyo significado es el “Portador de Luz”. Si, así mismo es, el Diablo en una época remota fue un Ángel, nació siendo bueno, un ser de luz, entonces, ¿Qué paso?, ¿Por qué se volvió malo?, ¿Fue a motus propio o por culpa de alguien o de algo?.

Dicen que todo comenzó por sentir envidia de que los seres inteligentes considerados seres superiores, adoraban a Dios, y solo el grupo que no pertenecía a ellos, los que no habían evolucionado aun, eran lo que estaban a su lado. Hablando sin tapujo, que los escasos de mente eran sus seguidores y ahí comenzó el problema de su gran malestar, no sentía placer de la veneración de los no pensantes, lo cual no podía tolerar, por lo que decidió revelarse.

Lo primero que hizo fue cambiar su nombre a Satán o Satanás, que significa el Adversario, el tipo del mal camino, encargado de hacer pecar a la  humanidad tentándolos y así atraerlos al infierno, el lado obscuro de la luna, su paraíso inverso. Debido a este mal proceder, San Miguel Arcángel se vio obligado a expulsarlo del cielo, de ahí viene la imagen de este Ángel con una espada en la mano y un dragón, que representa a Satanás, dominado a sus pies.

Lo más sorprendente de esta historia es que se dice que Lucifer es el hermano menor del Arcángel Miguel, quien es considerado el Ángel más poderoso del cielo solo superado por Dios, la Oscuridad y la Muerte, ocupando el cuarto lugar en la jerarquía y en el quinto, Lucifer, constituyendo los cinco poderes más grande del Universo. 

Cuando este último emigra del cielo, siendo la primera diáspora que se conoce, se lleva a seis seguidores llamados demonios, para  formar un equipo de trabajo unidos por su afinidad en gustos, ellos eran: Lujuria, Gula, Avaricia, Pereza, Ira, Envidia y por ultimo Soberbia u Orgullo, que era el Leviatán o Lucifer, el más poderoso de los malos, el jefe o el capo. De aquí surgen varias leyendas colaterales, la existencia del Infierno y los conocidos siete pecados capitales, pero esto es un tema aparte. 

Sin embargo existe otra teoría, menos simplista a la anterior la cual afirma que este ser supuestamente diabólico, no era tal, en realidad era un Ángel designado por Dios para realizar esta labor  de malo de la película quien nadie quería hacer por la cuestión del bajón del nivel energético que acarreaba esta misión, sucia y desagradable. Además debía actuar como un agente encubierto, anónimo, siendo siempre denigrado, vilipendiado, catalogado como el perverso de la historia, y que, más bien deberíamos admirarlo por su sacrificada labor y hasta tener un lugar en los altares.

Llegando a este punto me encuentro con un tema que pensaba era sencillo pero resultó no ser así pues existen dos versiones del Diablo, el tipo malo por celos y envidia que desea hundir en su infierno de los siete pecados capitales a los seres inteligentes, que son los que valen la pena y el otro Diablo, un ser altruista, que se sacrifica para alcanzar un bien mayor, la evolución de los que no estaban dotados de inteligencia emocional y llevarlos a transformarse en seres de luz o superiores. Me debato entre estas dos posiciones, el altruista y el perverso complicándome el marco conceptual de “ser malo” sin lograr decidirme. Finalmente opto por quedarme con el infame avieso pues tiene más sustancia, accesible a nuestra “humanidad” y más fácil de comprender. Aunque parezca paradójico, el bien solo se puede visualizar a través del mal y solo el mal te permite llegar al bien.

Pensaba que ya tenía resuelto el tema cuando choco con un detalle que viene a enredar más este panorama y es la existencia de una Biblia del Diablo que mi lógica me indicaba que era para las personas malas. Razonaba que si existe una Biblia de Dios para los buenos, por lógica esta otra no podía faltar por eso del equilibrio entre el Yin y el Yang.

 Esta Biblia llamada el Codex o Código Gigas o Código de Satanás o del Diablo, es considerada la octava maravilla del mundo por ser el manuscrito medieval más grande conocido. ¿Más grande conocido?, de ser así, este libro debía contener todas las representaciones de la maldad, un texto lleno de fórmulas censurables, ejemplos didácticos de como pecar, algo así como el Kama Sutra pero con más picante, lo que a mi modo de ver sería lo que ocasionó el permanecer oculto al público, pero resultó que no era así, como siempre yo de mal pensada y lo que conjeturé no llegó ni cerca de su contenido.   

La Biblia del Diablo es una rica mixtura de textos que abarca desde la Biblia cristiana, escritos proscritos por la Iglesia, encantamientos mágicos, brujería blanca, recetas medicinales naturista, antiguos tratados médicos científicos, ciencia en general, filosofía, los sabios escritos de Salomón y otros datos como censos poblaciones, razón por la que fue considerado como un compendio que abarcaba el conocimiento del mundo, de todo cuanto se escribió, una especie de arcaico Google, un buscador de la época antes del internet.

Entonces me pregunto, ¿Se trataba del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal que se nombra en el Génesis y cuyo fruto se le prohibió comer a Eva y Adán?. ¿Pero por qué este compendio de conocimientos se le catalogó como Biblia del Diablo?, ¿Acaso el conocimiento era proscrito?, ¿Acceder a la sabiduría pura, absoluta acarreaba una amenaza?.

Se dice que el autor de este texto demoníaco fue un monje Benedictino, los conocidos monjes negros, llamados así por el color de sus hábitos, de donde según la tradición cristiana provendrá el Papa del fin de los tiempos, el famoso Papa negro del Apocalipsis. Según fue escrito en solo una noche, proeza explicada al asegurar que fue con ayuda del Diablo. ¿Una manera de desacreditar?. Esta maravilla aún existe y está en la Biblioteca Nacional de Suecia. 

Este súper compendio complica este análisis, pues el tipo que supuestamente es el más malo del Universo tiene un texto donde están contenidos todos los conocimientos de la humanidad, sin catalogarlas como buena o mala, ni censura, incorporándose el libre albedrio. Pero entonces aquí entra la siguiente duda: ¿Cuál de los dos Diablos la inspiró?. Pareciera que es el Diablo bueno ya que este persigue la superación y esto únicamente se logra con conocimiento, no hay otra manera, pero parece que no es así pues entonces no estaría proscrito, oculto, ¿o si?.

Continuando con la lectura para aclarar esta duda encuentro que en el Libro del Génesis se describe a un querubín que permanece junto a las puertas del Edén con una espada ardiente para evitar el acceso de los humanos al Árbol de la Vida o el Árbol del conocimiento del Bien y del Mal, también conocido como el “Libro de la Vida”, que aparece mencionado en el Antiguo Testamento. ¿Por qué es tan importante evitar el acceso a ese misterioso Árbol?, ¿Acaso el que posea el conocimiento obtiene la vida eterna, el Paraíso?, ¿Podemos deducir que el conocimiento, es vida?. ¿O hay algo más profundo?.

Al llegar al “conocimiento” debemos señalar de donde nace este concepto y aquí aparecen los cátaros, una antigua sociedad, especie de ONG o sea una organización no gubernamental, independientes de la Iglesia Católica o mejor dicho con conceptos diferentes a los oficiales, tales como la forma de redimir el pecado.

Para ellos esto exigía un conocimiento (gnosis) del mundo espiritual y así poder cambiar el mundo material que obstaculiza la salvación. Afirman que el Universo está formado por dos sectores, uno espiritual creado por Dios, compuesto de cielos y almas y, el otro, el plano físico creado por Satán, donde imperan las guerras, el odio, la maldad y es regido por la Iglesia Católica. Para ellos estas dos fuerzas están en eterno conflicto, contrapuestos e iguales de poderosas.

Esta visión se plantea en un libro apócrifo llamado “La cena secreta”, donde se explica que el Universo está poblado de entidades espirituales y eternas, fruto del amor de Dios; en el cual surge Satanás llevándole la contraria, tentador y malvado, un pecador que cae derrotado por este Dios bueno. Sin embargo, la Misericordia Divina que no conoce el rencor, accede a que Satanás creara el mundo terrenal, permitiendo incluso la encarnación de sus seguidores espirituales, los 7 innombrables, en humanos. Dada que los ángeles encarnados a pesar de ser malos eran de origen divino, se negaban a procrear, salvo el ángel con identidad de mujer que Satanás logró tentar empujándola al acto sexual y luego ella usando sus dotes, una de esas era la lujuria, atrae al hombre.

Para los cátaros, el Dios descrito en el Antiguo Testamento era realmente el Diablo o sea que el verdadero creador del mundo era el tipo malo; de esta forma podían explicar sus cualidades de Dios celoso, vengativo, sediento de sangre reflejado como Dios de la Guerra en este libro. Para ellos el pecado nace en el cielo por la envidia de Satán, quien origina al mundo material que surge de por sí malvado. En este contexto, Eva sería inocente de ser la autora del pecado original, pues este mundo nace de por sí pecador y ella sería simplemente un producto del entorno que se crea malo, una más entre los malos.

En contraposición, para la Iglesia el Edén fue creado por Dios como un mundo perfecto libre de vicio, pero por culpa de Eva, conducida de las manos de Satanás, cae en el pecado conocido como original, convirtiendo al Paraíso en zona proscrita, una especie de Chernóbil. Entonces me pregunto, ¿Original de qué?. Si era cuestión de sexo, esto es más viejo que Matusalén. Vemos como para las creencias religiosas, la mujer siempre tiene la culpa, una teoría machista, en fin, era la época o ¿Sigue siéndolo?.

Estos libres pensadores creían en la reencarnación e introducen otro elemento novedoso al afirmar que se trata de un eterno proceso evolutivo del autoconocimiento espiritual o la verdad o gnosis, hasta que las almas sean capaces de tener una visión de la Divinidad, la verdadera esencia del ser, permitiéndoles escapar finalmente del mundo terrenal y poder elevarse al paraíso inmaterial, por lo tanto no hay infierno, solo sucesivas sufridas vidas terrenales hasta alcanzar la iluminación.

Para los católicos solo existe una oportunidad en la cual la fe en Dios te redime del pecado, te salva del infierno donde prevalece el castigo, una dimensión o lugar de fuego y torturas por la eternidad. Una visión fatalista.

Estando a estas alturas detallo que no solo hay dos versiones de la Biblia y del Diablo, también hay dos versiones de la creación, dos Eva, dos lugares de nacimiento del pecado, dos infiernos, dos Paraísos y dos formas de alcanzar el Cielo.

Aceptando la teoría de que el mundo material conocido como el Edén en el Génesis fue creado por el Diablo, entonces también su respectivo Árbol del Bien y del Mal, por ende hay dos Árboles del Bien y del Mal. Entonces se origina una pregunta, ¿Qué función tenían cada uno en cada Paraíso?.

En la versión de la Creación hecha por Dios, El Árbol del Bien y del Mal está allí para probar al hombre a través de una serpiente enroscada en su tronco, que representa al Diablo, el cual le realiza una tentadora e irresistible oferta a Eva, una especie de prueba para ser admitida en el Edén. La mujer no la rechaza debido a su naturaleza femenina de compradora compulsiva que se lo impide y así sería por siempre para castigo del hombre. Pero ¿A dónde se iba en caso de violar la norma, acaso al Infierno?. Es evidente que este Árbol estaba para enredar la relación entre Dios y el Hombre.

En la otra Creación, la hecha por el Diablo bueno, el Árbol sería colocado allí por Dios para abrirle el camino a la luz al Hombre a través de la gnosis, en este caso Dios le complica la vida al Diablo malo. Pero, ¿Quién es el Diablo malo?.

Vemos que en un paraíso se revela la irresistible y diabólica sexualidad como pecado condenatorio, en el otro está la fórmula a través de la gnosis o conocimiento para la superación o avance espiritual. 

Aquí mi conclusión, el conocimiento te suministra la capacidad de discernir la verdad que te permite tomar decisiones asertivas, te convierte en un ser independiente, libre y por lo tanto peligroso. Es la clave para ser un individuo pleno.

Para proclamar esto se necesita tener el valor y mucho, sobre todo hoy en día que enfrentamos una sociedad complaciente y de cómplices que solo persiguen  oscuros  fines de pura maldad. Y esto es tan cierto que tanto los grupos religiosos o gobiernos que buscan  someter a un pueblo, lo primero que hacen es acabar la educación y la verdad, tal como lo observamos con los medios de comunicación que fueron metastizados por el mal hasta lograr desaparecer a la “prensa libre”. 

Hay un dicho popular que dice: “La verdad te hará libre”. Yo añadiría y dueña de tu destino.


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