A pesar de que
la explotación de petróleo se había iniciado desde 1914 con el pozo Zumaque I,
situado en Mene Grande, la actividad petrolera experimentaría un compás de
espera por 6 años debido a la I Guerra Mundial posteriormente en 1920 comienza
a crecer. Al iniciarse la II Guerra Mundial en 1939
paradójicamente ocurre un efecto contrario,
ocasionando un crecimiento vertiginoso en la demanda, instalándose en Venezuela las
grandes compañías.
Un elemento
clave en este fenómeno fueron los Clubes Sociales de los Campos Petroleros que
se caracterizaron por una intensa vida social en estas instalaciones del cual
el de VOC (Venezuelan Oil Concesión) jugó un papel primordial en la vida de mi
madre Elena.
Gracias a
estas compañías ocurre un fenómeno de inmigración interna hacia los sitios
donde se instalaban las petroleras, dentro de estas estaría mi familia. El
primero sería el que más tarde sería mi tío, Andrés Sánchez, oriundo de Aguada
Grande quien se casaría con la segunda hermana mayor de mi madre, Roselia. Este
matrimonio se había efectuado con rapidez sin cumplir con los formalismos de la
época, la razón era que se había mudado a Cabimas intempestivamente sin
planearlo huyendo por ser un perseguido por contrabandista, una actividad muy
frecuente en el país debido al férreo control de la economía. Al buscar trabajo
en las petroleras se consigue que estas exigían ser casado, así que regresa a
Barquisimeto para casarse y lograr entrar a trabajar. La razón de este
requisito es que las compañías petroleras mantenían la paz laboral a través de
los clubes sociales que giraban alrededor de la mujer.
Mi tío había cursado
los inicio de la carrera de medicina en la UCV donde había conocido a Alfonso
Reynoso quien al graduarse de medico funda la clínica privada "Dr. José Gregorio Hernández" en Cabimas quien
lo contrata. Prestan sus servicios médicos a las
compañías petroleras a través de contratos que les permitía acceder a la
intensa vida social en las instalaciones del club de la VOC.
Estando ellos instalados
aquí se llevarían a Mamayú y su esposo quien trabajaría como mecánico de las
gabarras, luego el hermano menor de mi madre, Francisco. Este núcleo atrae las
visitas de la parentela de la cual una de ellas sería Elena.
Las ocupaciones
diarias de estos clubes incluían numerosas actividades sociales, establecidas
por una rutina de fiestas de bienvenida, despedidas, cumpleaños, matrimonios y
jubilaciones. Cuando no estaban en una de estas celebraciones, acudían a los
campos deportivos, la práctica del deporte, vedado a las mujeres hasta esta
época, por primera vez se hacen populares entre ellas, los hombres contribuyen
enseñándolas, compitiendo de igual a igual, Elena aprende a jugar bowling, a
nadar diferentes estilos, a jugar tenis, así poco a poco iría
desarrollando la nueva personalidad citadina, que la caracterizaría a partir de
estas fechas, cambios que igualmente experimentaba vertiginosamente la sociedad
Venezolana.
El tema político fue otra
novedad en su vida, la cercanía con la casa sindical, vivían al lado, permitió
que Andrés se relaciona con sus miembros, adentrándose al movimiento obrero y
al comunismo que comenzaba a surgir en esta época post-dictadura, más liberal
que la de Gómez, a pesar de que López Contreras y su sucesor Medina Angarita
ejercían un fuerte control sobre este naciente movimiento por ser
antianarquista, ideología traída al país por los españoles exilados de la
dictadura de Franco.
Calladamente se colaban
los artículos de la lucha de los trabajadores por sus derechos, nace así el
periodismo clandestino, al cual contribuye Anselmo Reyes, conocido como el
poeta Cabimero, cuñado de mi tío Andrés Sánchez, miembro del grupo que
frecuentaban quien comenzaría a militar en este naciente y clandestino partido
político durante los 16 años que viviría en Cabimas. Era una nueva etapa de las
vidas del matrimonio Sánchez Castro, fuera del entorno familiar y de su pueblo
natal, por primera vez son realmente independientes, en un ambiente con nuevas
amistades, profesionales y políticos.
Este mundo de
los campos petroleros con su cultura al estilo norteamericano, centrado en la
liberación de la mujer, impulsada subliminalmente por las publicaciones
dirigidas a ellas, usando la moda para lograr un cambio social que prendió con
facilidad gracias al alto porcentaje de sangre europea en la población venezolana,
calculada en un 61% entre español, alemán, italiano y portugués principalmente.
Las revistas
reseñaban la actualidad en el vestir y las normas sociales, por ejemplo
sugerían que “un sombrero decorativo es bellísimo para cocktails y comidas
tempranas, en combinación con trajes de raso delgado negro mate” al unísono iba
implícito un nuevo estilo de vida moderno.
La existencia
de los comisariatos de las empresas, contribuyen también promocionando los
modelos de consumo que caracterizarían a la sociedad venezolana emergente,
relacionando la liberación de la mujer con los conceptos de la “modernidad” y
“progreso”.
Gracias a los
campos petroleros, Elena entra en contacto con este entorno, a competir en el
mundo profesional, de igual a igual con el hombre, naciendo la cultura del
trabajo liberador de las restricciones victorianas del siglo XIX aun
imperantes, de esta manera adquiere una visión cosmopolita, de mujer liberada,
con nuevos patrones culturales, ya no solo era casarse y atender el hogar,
obedeciendo al padre o al marido, o laborar en una tienda despachando, un
trabajo no calificado, ahora se abría un horizonte de oportunidades en el campo
profesional, esto la empujaría a alejarse irreversiblemente del quehacer
cotidiano familiar.
Aquel día en
Cabimas, cuando sus amigos, jóvenes profesionales de la salud,
compañeros de trabajo de Andrés le mostraron un aviso
en el cual solicitaban a la mujer Venezolana formarse en Salud Publica, cuya
oferta incluía residencia en Caracas, alimentación y contrato al culminar los
estudios, una política dirigida a la mujer, nunca antes visto en el país. A
partir de aquel momento que sería crucial en su vida al tomar la decisión de
irse, tomando las riendas de su vida, desplegando sus alas junto a su amiga
Celina quien se iría también. La Elena rural desaparecería paulatinamente para
dar paso a la Helena cosmopolita, moderna y liberal de ataduras sociales, no
solo en el vestir sino también en aspiraciones de estudios, estimulándola a
superarse, una revolución para ella.
Finalmente aquella sensación de soledad, de
sentir que no calzaba en aquellos patrones establecidos de la perfecta ama de
casa habían conseguido una salida, sería profesional.

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