sábado, 17 de enero de 2026

Cabimas, la del club de la VOC

A pesar de que la explotación de petróleo en Venezuela se había iniciado en 1914 con el pozo Zumaque I situado en Mene Grande, la actividad petrolera experimentaría un compás de espera por 6 años debido a la I Guerra Mundial. Posteriormente en 1920 comienza a crecer paulatinamente y al iniciarse la II Guerra Mundial en 1939 paradójicamente ocurre un incremento vertiginoso en la demanda, efecto contrario a lo ocurrido durante la IGM, instalándose en Venezuela un sinnúmero de grandes compañías petroleras.   

Este suceso estimularía uno de los cambios culturales y educativos más dramáticos experimentados por la población Venezolana, no solo brotaba a borbotones el líquido negro de la tierra sino también surgía con fuerza una nueva sociedad.

El elemento clave en esto serían los Clubes Sociales de los Campos Petroleros que se caracterizaron por una intensa actividad social en sus instalaciones, del cual el de la VOC (Venezuelan Oil Concesión) jugaría un papel primordial en la vida de mi madre Elena.

Debido a la gran oferta de trabajo sucedería un fenómeno de inmigración interna hacia los sitios donde se instalaban las petroleras, dentro de estas estaría mi familia.

 El primero fue el que más tarde sería mi tío, Andrés Sánchez, oriundo de Aguada Grande casado con la segunda hermana mayor de mi madre, Roselia. Este matrimonio se había efectuado con rapidez sin cumplir con los formalismos de la época, ni siquiera el acto eclesiástico, la razón era que Andrés se había mudado a Cabimas intempestivamente huyendo por ser un perseguido de la ley por contrabandista, una actividad muy frecuente en el país debido al férreo control de la economía. Al buscar trabajo en las petroleras se consigue que estas exigían ser casado, así que regresa a Barquisimeto para hacerlo y lograr su cometido. La razón de este requisito es que las compañías petroleras mantenían la paz laboral a través de los clubes sociales que giraban alrededor de la mujer.

Mi tío había cursado los inicios de la carrera de medicina en la UCV donde había conocido al futuro médico, Alfonso Reynoso quien años más tarde fundaría la clínica privada "Dr. José Gregorio Hernández" en Cabimas y lo contrata a pesar de no haberse graduado, nombrándolo administrador. Debido a que prestaban sus servicios médicos a las compañías petroleras a través de contratos, estaban sometidos a las reglas de las petroleras y por lo tanto se les permitía acceder a la intensa vida social en las instalaciones del club de la VOC.

Estando ellos instalados aquí se llevarían a su hermana mayor y su esposo quien trabajaría como mecánico de las gabarras, luego el hermano menor de mi madre, Francisco. Este núcleo atrae las visitas de la parentela de la cual una de ellas sería Elena quien en esa época escribía su nombre sin la letra hache.      

Las ocupaciones diarias de estos clubes incluían numerosas actividades sociales establecidas por una rutina de fiestas de bienvenida, despedidas, cumpleaños, ascensos y jubilaciones. Cuando no estaban en una de estas celebraciones acudían a los campos deportivos.

La práctica del deporte, vedado a la mujer hasta esta época, se hacen populares entre ellas, los hombres contribuyen enseñándolas, compitiendo de igual a igual, Elena aprende a jugar bowling, a nadar diferentes estilos, a jugar tenis, así poco a poco iría desarrollando una nueva personalidad más cosmopolita que la caracterizaría a partir de estas fechas, cambios que igualmente experimentaba vertiginosamente la sociedad Venezolana.

El tema político fue otra novedad en la vida de este núcleo familiar sobre todo mis tíos, debido a la cercanía con la casa sindical, vivían al lado que permitió que Andrés se relaciona con sus miembros, adentrándose al movimiento obrero y al comunismo que comenzaba a surgir en esta época post-dictadura de Gómez, a pesar de que López Contreras y su sucesor Medina Angarita ejercían un fuerte control sobre este naciente movimiento por ser anti anarquista.

Calladamente se colaban los artículos de la lucha de los trabajadores por sus derechos, nace así el periodismo clandestino, al cual contribuye Anselmo Reyes conocido como el poeta Cabimero, quien se convertiría en cuñado de mi tío Andrés  a quien frecuentaba y lo conduciría a militar en este naciente y clandestino partido político durante los 16 años que viviría en Cabimas. Era una nueva etapa en sus vidas fuera del entorno familiar clásico de país rural y de su pueblo natal, por primera vez son realmente independientes, en un ambiente con nuevas amistades, profesionales y políticos.

Este mundo de los campos petroleros con su cultura al estilo norteamericano, centrado en la mujer, impulsada subliminalmente por las publicaciones dirigidas a ellas, usando la moda para lograr un cambio social que prendió con facilidad gracias al alto mestizaje de sangre europea en la población venezolana, calculada en un 61% entre español, alemán, italiano y portugués principalmente.

Las revistas reseñaban la actualidad en el vestir y las normas sociales, por ejemplo sugerían que “un sombrero decorativo es bellísimo para cocktails y comidas tempranas en combinación con trajes de raso delgado negro mate” estando así implícito un nuevo estilo de vida moderno y elegante.

La existencia de los comisariatos de las empresas, contribuyeron también promocionando los modelos de consumo que caracterizarían a la sociedad venezolana emergente, relacionando la liberación de la mujer con los conceptos de la “modernidad” y “progreso”.

Gracias a los campos petroleros, Elena entraría en contacto con este entorno donde nace la cultura del trabajo liberador de las restricciones victorianas del siglo XIX aun imperantes, a competir en el mundo profesional de igual a igual con el hombre, de esta manera adquiere una visión de mujer liberada con nuevos patrones culturales, ya no solo era casarse y atender el hogar, obedeciendo al padre o al marido, o laborar despachando en una tienda, un trabajo no calificado, ahora se abría un horizonte de oportunidades en el campo profesional, esto la empujaría a alejarse irreversiblemente del quehacer cotidiano familiar.

Aquel día en Cabimas cuando sus amigos, jóvenes profesionales de la salud compañeros de trabajo de su cuñado Andrés le mostraron un aviso en el cual invitaban a la mujer Venezolana formarse en Salud Publica en Caracas, cuya oferta incluía residencia, alimentación, transporte y contrato al culminar los estudios, una política dirigida a la mujer nunca antes vista en el país. A partir de aquel momento, crucial en su corta existencia pues apenas tenía 23 años, tomaría la decisión de irse a Caracas, conquistando las riendas de su destino, desplegando sus alas junto a su amiga Celina quien también se independizaría.

La Elena rural desaparecería paulatinamente para dar paso a la Helena cosmopolita, libre de ataduras sociales, no solo en el vestir sino también en aspiraciones de estudios, estimulándola a superarse, una revolución para ella que sellaría con aquella H con la cual escribiría su nombre a partir de esta época. Era el año de 1942 por primera vez se separaría de su hermana gemela y de sus hermanas, viviría sola, estaba soltera, era independiente y residenciada en la capital de aquel pujante país que efervecía.

 Finalmente aquella sensación de soledad, de sentir que no calzaba en aquellos patrones establecidos de la perfecta ama de casa habían conseguido una salida, sería profesional.

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